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Roberto Tomichá propone eje del Simposio en Riobamba: «La teología india nace de la vida de los pueblos»

La construcción de una Iglesia con identidad propia, enraizada en la vida y cosmovisión de los pueblos originarios, fue el eje central de la ponencia inaugural del VIII Simposio de Teología India, presentada por el teólogo boliviano Roberto Tomichá.

En la fase inicial del simposio que reúne a más de 60 personas en Riobamba – Ecuador, el representante del equipo asesor del Celam para la Teología India y miembro del pueblo indígena chiquitano, propuso repensar la Iglesia desde las categorías propias de los pueblos indígenas, tomando como punto de partida el concepto de la “casa-maloca” un símbolo teológico, comunitario y espiritual, que nos invita a transitar hacia una eclesiología indígena.

Experiencia y diversidad

La disertación marcó el tono del encuentro al ponderar la teología desde la vida, la experiencia y la espiritualidad de los pueblos indígenas, en diálogo crítico con la tradición eclesial, análisis que resulta de su experiencia individual como miembro de un pueblo indígena con profundas raíces cristianas y un marcado interés por indagar y profundizar en aquella memoria recibida, para responder a los desafíos actuales de una Iglesia con “rostro propio”.

En continuidad con el camino histórico de la Teología India, que —según diversos antecedentes del propio proceso— no nace como una especulación abstracta, sino como una reflexión encarnada en la vida de los pueblos, el catedrático aseguró que el conocimiento teológico no puede separarse de las prácticas culturales, simbólicas y comunitarias de los pueblos originarios.

“El sujeto que hace teología es la humanidad tierra, todas las teologías son sólo aproximaciones, desde experiencias distintas, es una vivencia de fe que difícilmente podrá ser uniforme” y no se restringe a construcciones conceptuales.

Iglesia con identidad

El académico boliviano dijo que es necesario avanzar hacia una Iglesia verdaderamente inculturada, concepto que va más allá de la simple adaptación externa o la adopción de prácticas, para ser entendida como una expresión auténtica de los pueblos.

“Para llegar a ser una Iglesia autóctona se requiere ser una Iglesia adulta, capaz de valerse por sí misma, fiel a las semillas de la Palabra y expresiones propias de su cultura. Una Iglesia con rasgos concretos, identidad propia y lengua materna; que ha profundizado en su reflexión de fe y espiritualidad propia, para responder a su realidad a través de sus celebraciones y compartiendo los símbolos de su cultura”.

Igualmente, aseguró que esta autonomía, implica también la creación de estructuras propias, es decir, “ministerios ordenados y laicales surgidos de su propio seno; con recursos que la hagan autosuficiente gozando de sus tradiciones propias” .

Para Tomichá es necesario trabajar por una teología intercultural y descolonizadora, porque la teología en América Latina, está llamada a superar esquemas heredados del pensamiento occidental para abrirse a otras racionalidades.

En esta línea, afirmó que la reflexión teológica indígena constituye “una de las teologías más originales del continente”, destacando su aporte a la teología universal. Afirmación que no solo reivindica la legitimidad de las epistemologías indígenas, sino que cuestiona las jerarquías tradicionales del saber teológico.

La casa-maloca

Análisis de la realidad que argumentó con una imagen sencilla pero profundamente arraigada en la cosmovisión indígena, la “casa-maloca” que en palabras de Tomichá “trasciende la idea de una simple vivienda física o refugio. Es un concepto profundamente cosmológico y social”.

“La casa-maloca” se convierte en una clave para comprender la Iglesia: un espacio de vida, donde se crea comunidad, se comparte la espiritualidad y se establece una relación con la naturaleza.

“Para los pueblos originarios, la Tierra y el universo entero son concebidos como una ‘Casa Grande’ o una inmensa casa compartida”, destacó. Entonces una gran “casa-maloca” es una visión que conecta con el llamado actual de la realidad y la Iglesia a cuidarla.

De esta forma el teólogo boliviano enfatizó en que la Teología India no es uniforme ni pretende serlo, porque nace de la diversidad de experiencias culturales, por ello, afirmó que “toda reflexión teológica, debe partir de la vida concreta de los pueblos, reconociendo la existencia de múltiples caminos para comprender la fe”.

Este es el proceso de la Teología India en Abya Yala, porque ha sido construida a través de encuentros, talleres y simposios donde “se tienen muy presentes las voces indígenas”, lo que ha permitido consolidar una reflexión propia que valora la diversidad y está en plena comunión con la Iglesia universal.

El desafío para la Iglesia

No obstante, Tomichá reconoce desafíos que deben convertirse en oportunidades para la transformación. Entre ellos está avanzar hacia una Iglesia más cercana a las culturas, capaz de aprender de los pueblos originarios y reconocer en ellos, una fuente válida de reflexión teológica.

Se trata de caminar hacia “la adopción de una eclesiología que no solo incluya a los pueblos indígenas, sino que se construya con ellos, desde sus símbolos, lenguas, espiritualidades y formas de organización comunitaria”.

En clave pastoral, el teólogo invitó a repensar la misión de la Iglesia porque “la evangelización no puede imponerse desde fuera, sino que debe surgir del encuentro respetuoso con las culturas”.

En coherencia con su enfoque, la misión está orientada a la “vida plena, sin distinciones de ninguna índole”, esto implica una opción clara por la justicia y la dignidad de los pueblos. Este planteamiento conecta con los desafíos actuales de la Iglesia en América Latina, especialmente en contextos de exclusión y conflicto.

Herramienta para el cambio

De hecho, advirtió sobre los riesgos de una globalización que homogeniza las culturas y debilita las identidades indígenas. Frente a ello, propuso fortalecer las memorias, espiritualidades y prácticas comunitarias como fuentes de resistencia y renovación. Para el investigador “la Teología India no solo es un discurso religioso, sino una herramienta para la transformación social”.

La intervención de Roberto Tomichá planteó la agenda del Simposio: Un espacio clave para profundizar en una Iglesia inculturada, sinodal, comprometida con los territorios y la vida de los pueblos originarios que debe profundizar en una teología que sea fiel al Evangelio y, al mismo tiempo, enraizada en las culturas de los pueblos originarios.

Esta doble fidelidad —a la tradición cristiana y a las realidades indígenas— constituye uno de los principales retos del pensamiento teológico contemporáneo en la región.

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