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Mons. Lucio Ruiz: El futuro de la comunicación católica se mide en amor y creatividad, no en tecnología

Comenzó este lunes 11 de agosto, en Aparecida el primer encuentro de responsables de televisoras católicas de América Latina y el Caribe, convocado por el Consejo Episcopal Latinoamericano y Caribeño (Celam) a través de su Centro para la Comunicación. La cita, que se extenderá hasta el 14 de agosto, tiene como objetivo constituir una red latinoamericana y caribeña de televisiones católicas, como espacio colaborativo de sinergia y articulación en clave de sinodalidad.

El encuentro se desarrolla en comunión con las conferencias episcopales del continente y bajo la inspiración del magisterio del Papa Francisco.

Participan directores, productores y comunicadores de canales católicos de diversos países, con el propósito de pensar juntos los desafíos de la comunicación en la cultura digital y de coordinar acciones que fortalezcan la misión evangelizadora a través de la televisión.

Un espacio para reflexionar y soñar juntos

En la sesión inaugural, monseñor Lucio Adrián Ruiz, secretario del Dicasterio para la Comunicación de la Santa Sede, ofreció un extenso mensaje que definió como “un espacio para reflexionar y soñar juntos”, y que estructuró en siete puntos clave sobre el impacto de la cultura digital en la comunicación de la Iglesia.

“Es una alegría poder compartir este momento con ustedes que, desde la televisión católica, ofrecen cada día un servicio precioso a la Iglesia y a la sociedad. Su trabajo es mucho más que producir y emitir contenidos: es un verdadero ministerio de la palabra y de la imagen, que ayuda a millones de personas a encontrarse con la Buena Noticia de Jesucristo”, señaló.

Mons. Ruiz comenzó hablando de la paz como punto de partida, recordando las palabras con las que el Papa León XIV suele abrir sus encuentros: “La paz esté con ustedes”. “Cuánta falta nos hace esa paz en nuestro tiempo, desgarrado por la enemistad, los conflictos y la desconfianza. Como comunicadores católicos, nuestra misión no es solo informar o difundir, sino ser instrumentos de esa paz que vence el miedo, ofrece el perdón y abre el camino del Amor”, dijo, insistiendo en que la televisión debe alimentar la esperanza cristiana en todos los espacios de encuentro, incluso en los más dramáticos.

La televisión que dialoga, testimonia y es creíble   

En su segundo punto, abordó el paso de lo digital como herramienta a lo digital como cultura: “Ya no hablamos solo de nuevas tecnologías, sino de un verdadero cambio de época”. Según explicó, la televisión católica debe ir más allá de “emitir” contenidos y aprender a dialogar con audiencias activas, críticas y productoras de sus propios mensajes, integrando lenguajes y plataformas para que el Evangelio fluya con profundidad y belleza en un ecosistema mediático interconectado.

Como tercer aspecto habló sobre narrar el Evangelio en un mundo hiperconectado. Para el prelado, la respuesta ante la saturación de información no es “hacer más ruido”, sino “ofrecer sentido”. Invitó a producir relatos sólidos, estéticamente cuidados y espiritualmente profundos que permitan “no solo hablar de Dios, sino dejar que Dios hable” a través de las historias y testimonios que se transmiten.

En su cuarto punto, Mons. Ruiz señaló el desafío de la credibilidad como un capital precioso y frágil. “El público evalúa la autenticidad no solo por lo que decimos, sino por lo que somos”, advirtió, animando a la coherencia entre vida y mensaje, y a no olvidar nunca a “las personas concretas, sus heridas y su dignidad” en el trabajo comunicativo.

La esperanza como núcleo de la comunicación

Dentro de las claves, reflexionó sobre la necesidad de comunicar desde un humanismo cristiano, promoviendo la verdad y la belleza que nacen del respeto, la compasión y el sentido trascendente de la vida. Este enfoque, dijo, se traduce en programas que forman, inspiran y sanan, que invitan a soñar y a construir “el mundo nuevo de Dios”.

El sexto punto fue un llamado a vivir la sinodalidad en el entorno digital, trabajando en red y abriendo espacios de diálogo, no solo entre canales católicos, sino también con medios seculares que compartan valores. Recordó que un contenido televisivo de calidad puede tener múltiples vidas en redes sociales, plataformas de streaming o podcasts.

Como séptima clave, Mons. Ruiz puso en el centro la esperanza como núcleo de la comunicación, en un año en el que se vive el Jubileo de la Esperanza: “La comunicación hoy está llamada a ser una fuente inspiradora y creativa de ideas para vivir nuestra cultura”, señaló, invitando a mirar más allá, hacia Dios, y a “no tener miedo de soñar en grande” ni de arriesgar nuevos formatos para llegar incluso a quienes nunca sintonizarían un canal católico.

Comunicar al estilo de Jesús

La autoridad eclesial concluyó recordando que el futuro de la comunicación católica “no dependerá de la cantidad de tecnología que utilicemos, sino de la calidad de nuestro amor y creatividad”.

Mons. Lucio aseguró que la clave está en mantener a la persona en el centro:Si mantenemos a la persona en el centro, servimos al bien común, respetamos la dignidad y abrimos todo a la trascendencia con espíritu misionero que quiera llegar a todos, entonces nuestra misión comunicativa será verdaderamente al estilo de Jesús”

“Por eso, no tengamos miedo de soñar en grande, de arriesgar nuevos formatos, de salir al encuentro de quienes nunca sintonizarían nuestro canal. El Jubileo de la Esperanza nos impulsa a mirar más allá, hacia Dios”.

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