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Iglesia dominicana respalda comunidades y exige proteger cordilleras Central y Septentrional amenazadas por proyectos mineros

La Conferencia del Episcopado Dominicano (CED), a través de su Comisión de Ecología y Medio Ambiente, se solidarizó con las comunidades que promueven la preservación de las cordilleras Central y Septentrional, haciendo notar su importancia para la conservación de los recursos naturales de esta nación.

La Comisión manifestó su cercanía con quienes defienden legítimamente estos espacios naturales y reclaman medidas que eviten intervenciones capaces de comprometer su riqueza ecológica. Asimismo, instó a las autoridades a escuchar “el clamor de las comunidades que piden el respeto de las cordilleras Central y Septentrional”.

La declaración se inscribe frente al clamor de las comunidades que alertan y piden respeto sobre posibles iniciativas mineras en estas áreas montañosas de las cordilleras, consideradas estratégicas para la seguridad hídrica nacional. La Comisión, presidida por monseñor Carlos Tomás Morel Diplán, arzobispo coadjutor de Santo Domingo, reafirmó que la defensa de la creación forma parte de los principios promovidos por Laudato Si’.

En el mensaje se habla que el cuidado de la ‘casa común’ exige decisiones prudentes que deben estar «orientadas al bien común y a la sostenibilidad de la vida». El organismo hace notar que las montañas no sólo constituyen un patrimonio natural invaluable, sino «un elemento esencial para el equilibrio ambiental y la supervivencia del país».

El agua, en el centro de la preocupación

La CED señaló que la protección del agua constituye el eje central de sus preocupaciones frente a eventuales explotaciones mineras. «Esta agua alimenta los principales ríos, acuíferos y sistemas de riego en gran parte del territorio nacional», aseguró que son el único sistema de riego del país.

La Comisión alertó que cualquier deterioro de estos sistemas naturales podría comprometer la seguridad hídrica del país, al reducir la capacidad de captación, almacenamiento y distribución de agua. Por ello, llamó a proteger todos los acuíferos y fuentes hídricas vulnerables a actividades que puedan deteriorar su funcionamiento.

En su declaración, la entidad alertó sobre los posibles efectos ambientales de la actividad minera, al considerar que la excavación de suelos, el uso intensivo de químicos y la generación de residuos pueden afectar tanto los recursos hídricos como la biodiversidad asociada a ellos.

Desarrollo sostenible y diálogo para priorizar la vida

Retomando el magisterio del Papa Francisco en la Laudato Si’, los obispos subrayaron que “el acceso al agua potable y segura es un derecho humano básico, fundamental y universal”. En consecuencia, afirmaron que la conservación de las cordilleras es una responsabilidad ligada a la defensa de la vida y del bien común.

Finalmente, la Comisión reiteró su apuesta por un modelo de desarrollo que combine el crecimiento económico con la protección del medio ambiente. Por ello, planteó que la preservación del agua debe ser un criterio fundamental al momento de evaluar cualquier iniciativa minera e invitó a promover alternativas económicas y espacios de diálogo que prioricen “la vida, el agua y el equilibrio de nuestros ecosistemas”.

 

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