Miles de fieles devotos procedentes de distintos puntos del país, autoridades eclesiales, nacionales, departamentales y municipales, se congregaron el domingo 11 de agosto, en la Arquidiócesis de Cochabamba para celebrar la misa solemne en honor a la Virgen de Urcupiña, Patrona de la Integración Nacional. La Eucaristía, presidida por el Nuncio Apostólico de Bolivia, Mons. Fermín Sosa Rodríguez, tuvo lugar en el atrio del Santuario de la Virgen, en Quillacollo.
Entre los presentes estuvieron el arzobispo de Cochabamba, Mons. Oscar Aparicio, el obispo auxiliar Mons. Víctor Vargas, autoridades municipales del eje metropolitano, asambleístas departamentales y representantes de las fuerzas del orden. La jornada, marcada por un ambiente de fe y unidad, se adelantó este año debido a que el 15 de agosto, fecha oficial de la solemnidad de la Asunción, coincide con las elecciones nacionales previstas para el próximo 17 de agosto.
Unidad y responsabilidad cívica
“Es para mí una gran alegría poder acompañarlos en este día tan especial en el que honramos a la Virgen María, madre de nuestro redentor y madre nuestra”, dijo Mons. Sosa al inicio de su homilía, transmitiendo además “un saludo especial y bendiciones de parte de nuestro Papa” a todos los bolivianos.
El representante del Papa en Bolivia vinculó la celebración mariana con el momento político que vive el país: “Ofrecemos esta celebración y le pedimos a nuestra Madre Santísima que los acompañe en esta delicada tarea que tienen todos ustedes en la construcción de una sociedad más justa y solidaria”. Invitó a vivir este tiempo “como un acto de unidad nacional entre todos los ciudadanos, a pesar de las diferencias de pensamiento”.
Mons. Sosa recordó que “la construcción de una sociedad se hace con la participación de todos sus miembros” y que el amor a la patria se manifiesta “en estos momentos importantes, cívicos y de democracia”.
La fe frente a los desafíos del mal
Inspirado en la primera lectura del día, el Nuncio reflexionó sobre la “batalla eterna entre el bien y el mal” y advirtió que “la maldad puede llegar a nuestro corazón y alejarlo de Dios”. Para contrarrestarlo, animó a no ceder a las tentaciones y a vivir en oración constante: “Es el Espíritu de Dios quien nos da la fuerza para vencer el mal con el bien, para construir puentes y no muros”.
Entre las actitudes que definió como “muerte espiritual” mencionó el egoísmo, la división, la envidia y el deseo de dañar a otros: “Cada vez que dejamos de comportarnos como hijos de Dios, es ya vivir una muerte espiritual”.
Recordando el pasaje evangélico de la Visitación, Mons. Sosa subrayó que María es “primicia humana de la resurrección” y modelo de humildad: “En María aprendemos a ver el servicio no como un poder, sino como un deber”. Citó al Papa Francisco para resaltar que “la humildad es el camino que conduce al cielo”. También exhortó a que las expresiones de devoción popular no se queden en lo externo: “Que retumbe ese amor a María y esa fe a Jesús en cada familia boliviana”.
De la mano de María hacia la casa del Padre
Mons. Fermín Sosa invitó a vivir este tiempo jubilar “de la mano de María” para ir a Jesús y así “crear un mundo mejor”. Animó a no perder la esperanza, “que no desilusiona, sino que nos da la fuerza para seguir caminando”, recordando que Cristo es “la luz que ilumina nuestro entendimiento y nuestra razón” para descubrir la belleza de la vida.
El Nuncio Apostólico retomó las palabras del Papa Francisco para subrayar que “en María aprendemos a ser humildes” y que “la humildad es el camino que conduce al cielo”. Señaló que el servicio, a ejemplo de la Virgen, debe entenderse “no como un poder, sino como un deber”, y recordó las palabras de Jesús: “Si quieres ser el primero, sé el último… el que se humilla será exaltado”.
Mons. Sosa advirtió sobre los peligros que amenazan el corazón humano: “No dejemos que el pecado, la división, la envidia o la avaricia lo corrompan”. Afirmó que “nuestro corazón le pertenece a Dios” y alentó a caminar “con la mano de María” hacia la casa del Padre, viviendo ya desde la tierra como hermanos y hermanas, en un anticipo de la paz y la comunión eterna.
“Dios bendiga Bolivia”
El Nuncio Apostólico encomendó el futuro del país a la protección de la Virgen: “Dios bendiga Bolivia. Dios bendiga a sus familias, pero, sobre todo, Dios bendiga sus corazones para que desde ahí se difunda la fragancia de Cristo”.
Luego de la Eucaristía, la imagen de la Virgen recorrió en procesión las calles de Quillacollo, acompañada por miles de fieles y 75 fraternidades folklóricas que danzaron al ritmo de morenadas, tinkus, caporales, diabladas, saya afroboliviana y otras expresiones culturales.
Cada año, devotos de todo el país acuden a la fiesta para cumplir promesas o presentar peticiones. “Todo a Jesús por María, todo a María para Jesús”, recordó Mons. Sosa, sintetizando el espíritu de esta festividad que combina fe, tradición y esperanza para Bolivia.
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