En el Instituto Juan Pablo II de Roma se realiza, del 17 al 19 de septiembre, el Encuentro Jubilar y Sinodal para el Discernimiento Esperanzador sobre el Futuro de la Vida y la Familia, convocado por la Red Latinoamericana de Pensamiento Social de la Iglesia y coorganizado por el PITJP II, PAV, PCAL y Celam. Durante estas jornadas, representantes de diversos países reflexionan sobre los desafíos que enfrenta la familia en el mundo actual y el papel de la Iglesia en la defensa de la vida.
En este contexto, Mons. Lizardo Estrada, secretario general del Consejo Episcopal Latinoamericano y Caribeño (Celam), compartió en una entrevista su visión sobre el momento histórico que se vive y la urgencia de escuchar a las familias que enfrentan realidades complejas.
Un mundo lacerado por la crisis
Pregunta: ¿Cómo describe el contexto en el que se desarrolla este encuentro?
Respuesta: Este encuentro se lleva a cabo en un mundo lacerado por la crisis ecológica, la injusticia social, la guerra ‘en pedazos’, el neocolonialismo, el asedio a la democracia como estilo de vida y la falta de ética en la revolución de los algoritmos. Esta realidad se refleja en variables educativas, sociales y culturales que están en crisis.
Temas como la deuda pública, las migraciones o la baja calidad de la educación, que a menudo se discuten de forma abstracta, golpean a la familia de manera concreta.
Las vidas que penden de un hilo
P.: ¿Cómo estas situaciones afectan a las familias?
R.: Nos preguntamos qué pasa con esas familias, cuál es su composición y qué sucede con las vidas que penden de un hilo, como las de quienes salen a trabajar y no regresan o lo hacen sin sustento, dejando a sus familias esperando. Esta situación genera experiencias críticas que demandan una respuesta.
Necesitamos escuchar las voces y experiencias de quienes están atravesando esta situación y conocer cómo están viviendo su fe.
El Papa Francisco ya advertía que ya no se trata simplemente del fenómeno de la explotación y de la opresión, sino de algo nuevo: con la exclusión queda afectada en su misma raíz la pertenencia a la sociedad en la que se vive, pues ya no se está en ella abajo, en la periferia, o sin poder, sino que se está fuera. Los excluidos no son explotados sino desechos, sobrantes.
Este es el panorama de las periferias, especialmente en América Latina y el Caribe, que constituye el punto de partida de nuestro discernimiento.
Reconocer la dignidad de la vida y de la familia
P.: ¿Cuál es el propósito de este discernimiento sobre la vida y la familia?
R.: Buscamos escuchar, discernir e iniciar procesos de transformación cultural y estructural en respuesta a estas crisis. Para ello, nos apoyamos en la dinámica sinodal y en el método de ver, juzgar, actuar, partiendo de la realidad tal como es y no de ideas preconcebidas.
Queremos iniciar nuevos procesos de justicia, con una mirada que surge de la escucha y del compromiso con la vida y la familia.
P.: ¿Qué temas considera que se deben abordar sobre el futuro de la vida y la familia?
R.: En primer lugar, reconocer que la dignidad de la vida y de la familia está en juego. Este es el eje central y el principio innegociable que debe guiar toda reflexión y acción.
Escuchar las voces y experiencias de las periferias: El discernimiento debe comenzar por escuchar las voces y experiencias de quienes están atravesando esta situación y conocer cómo están viviendo su fe, qué tan lejana o cercana sienten a la Iglesia. Esto implica ir a donde los más pobres de los pobres y los excluidos viven su realidad.
Abordar la familia desde una perspectiva integral y de “conflicto social”: Superar la visión puramente bioética y entender cómo los grandes temas globales y locales impactan directamente y “golpean” a las familias. Esto significa discernir el impacto de la deuda pública, las migraciones forzadas, la precarización laboral, la crisis educativa y la falta de acceso a bienes básicos en la composición y estabilidad familiar.
Opción por los pobres
P.: En este contexto, ¿qué significa la ‘opción con los pobres’?
R.: El discernimiento debe llevar a una praxis que, como propone el Papa Francisco, signifique “optar ‘con’ los migrantes y refugiados, los descartados”, los trabajadores mal remunerados y con derechos vulnerados, las mujeres y los niños abusados y postergados, los presos, etcétera. Se trata de reconocer a los excluidos.
Impulsar la fraternidad abierta y la organización comunitaria: El discernimiento debe guiar hacia la construcción de puentes de fraternidad y esperanza para las nuevas generaciones. Esto implica fomentar la vida en común estructurada en torno a comunidades organizadas y la institucionalización de la solidaridad.
Reafirmar la prioridad del trabajo sobre el capital: A la luz del mensaje del Papa León XIV, el discernimiento debe centrarse en la defensa de la dignidad humana, de la justicia y el trabajo ante la nueva revolución industrial y el desarrollo de la inteligencia artificial. Esto implica recordar que el trabajo humano es una clave, quizá la clave esencial, de toda la cuestión social, poniendo a la persona del trabajador en el centro y defendiendo sus derechos.
Alcances del proceso de diálogo
P.: ¿Cómo se relaciona este proceso con la sinodalidad y la misión de la Iglesia?
R.: La sinodalidad, proyectada al mundo secular, es una propuesta de diálogo socio-ambiental para la paz global que requiere colocar a los pobres de las periferias en el centro de las tomas de decisiones económicas y políticas.
P.: ¿Cuáles son las metas que se esperan alcanzar a través de este proceso?
R.: Promover el acceso a derechos sagrados: El discernimiento debe generar acciones concretas para que todas las familias tengan acceso a educación de calidad, tierra, techo, trabajo y tecnología.
Cultivar un humanismo abierto a la trascendencia: La DSI, como “teología moral social” y no como ideología, ofrece una base para un discernimiento que, distanciándose de ideologías como el socialismo, el liberalismo o el neoliberalismo, busca el bien común y la justicia social. Se afirma que el ser humano es co-creador con Dios y que los bienes deben ser para ¡todos, todos, todos!
Construir puentes de esperanza
P.: ¿Cuál es su mensaje a las comunidades que acompañan este proceso desde sus territorios?
Este trabajo no es un ejercicio teórico abstracto, sino una urgente tarea pastoral y política que, partiendo de la escucha profunda de las realidades periféricas y las voces de los sufrientes, busca transformar estructuras y culturas. Guiado por la DSI y el espíritu sinodal, este discernimiento debe conducir a la acción solidaria y fraterna para defender la dignidad humana y construir puentes de esperanza en un mundo lacerado.
El proceso que se impulsa desde Roma quiere ofrecer respuestas concretas y esperanzadoras, invitando a toda la Iglesia a caminar unida y sinodalmente hacia una sociedad más justa, fraterna y solidaria.
Le puede interesar: Inicia en Roma Encuentro Jubilar y Sinodal para el Discernimiento Esperanzador sobre el Futuro de la Vida y la Familia
Suscríbete gratis por a nuestro canal de Whatsapp https://bit.ly/4hbWWN0
Porque hay que cuidar a quienes protegen la creación, llega el podcast La Vida pende de un Hilo http://bit.ly/3HPHn0O
Participa en los cursos y diplomados del Centro teológico Cebitepal https://bit.ly/cebitepal_24
Escucha el Himno del Jubileo en su versión latinoamericana y caribeña https://bit.ly/41l312













Post a comment