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El Papa León XIV publica su primera exhortación “Dilexi te” y renueva el llamado al amor por los pobres

La Santa Sede hizo pública la primera Exhortación Apostólica del Papa León XIV, Dilexi Te (“Te he amado”), un llamado a redescubrir el amor a los pobres como signo esencial del Evangelio. El texto, iniciado desde el pontificado del Papa Francisco y continuado por su sucesor León XIV, explora en la herencia de la Iglesia que reconoce en los pobres la presencia viva de Cristo sufriente.

En continuidad con la encíclica Dilexit Nos, el texto subraya el vínculo entre el amor divino y el amor al prójimo, especialmente a los pobres, los excluidos y quienes padecen soledad o injusticia. El Papa enseña que reconocer a Cristo en el dolor ajeno y servir a los pobres constituye el núcleo mismo de la vida cristiana.

Una llamada a la conversión y a la autenticidad del amor

El Pontífice hace eco del pasaje bíblico donde Jesús alaba el gesto de una mujer que unge sus pies con perfume, reconociéndolo como el Mesías sufriente. Esta escena —explica el Papa— evidencia que todo gesto movido por el amor tiene valor eterno, cuando se ofrece a quienes sufren o atraviesan necesidad.

Siguiendo el ejemplo de San Francisco de Asís, el documento exhorta a toda la Iglesia a redescubrir la alegría del servicio a los pobres, un camino que renueva el corazón y libera de la indiferencia. En este marco, el obispo de Roma advierte sobre los sistemas sociales y económicos que descartan vidas humanas y se mantienen en una falsa idea de felicidad basada en el éxito y la riqueza.

Dios elige a los pobres y se manifiesta en ellos

El segundo capítulo muestra que el amor de Dios no se limita a la compasión por los pobres, sino que se involucra en él, haciéndose solidario con los pobres y los que sufren. “Cristo se hizo pobre para enriquecernos con su amor”, expresa el Santo Padre, señalando que en esa pobreza se evidencia el modo concreto en que Dios toca la vida de cada persona.

Jesús se presenta como el Mesías humilde, se solidariza con los que sufren y les comunica consuelo y esperanza. Por eso, los pobres no deben considerarse objeto de caridad, sino protagonistas del Reino de Dios. En ellos, la Iglesia descubre un tesoro espiritual que la renueva constantemente y la llama a una pastoral encarnada en la realidad.

Una Iglesia que reconoce en los pobres el rostro de Cristo

El documento deja notar un recorrido histórico, sobre la fidelidad de la Iglesia al servicio de los pobres. Iniciando desde los primeros diáconos hasta las congregaciones religiosas dedicadas al servicio de los más vulnerables, la exhortación muestra cómo la atención a los necesitados ha sido un signo visible de la fe a lo largo de los siglos.

El Papa subraya que la tradición del amor a los pobres sigue viva en quienes, desde la Iglesia y la sociedad, se entregan al servicio de la justicia y la defensa de los olvidados. La Iglesia, destaca, está llamada a servir “no desde arriba, sino desde dentro”, compartiendo la vida de los pobres y aprendiendo de su sabiduría.

La doctrina social y el compromiso con la justicia

El Papa presenta la opción por los pobres como que va en sintonía con la doctrina social de la Iglesia, desde Rerum novarum hasta Caritas in veritate. El Pontífice subraya que estas enseñanzas son el lazo que une la vivencia del amor cristiano con la búsqueda de una sociedad más justa y solidaria.

La exhortación hace un llamado de atención a las causas estructurales de la injusticia que provocan desigualdad y llama a ver en los pobres sujetos capaces de transformar la realidad. Según el Papa, solo reconociendo el papel activo de los pobres es posible construir una sociedad más equitativa y una Iglesia sinodal.

El amor cristiano, sin fronteras

En su conclusión, el Papa León XIV subraya que el amor cristiano “no tiene límites ni enemigos”. Amar como Cristo —asegura— implica acercarse al que sufre, tender la mano al caído y trabajar por cambiar las estructuras que oprimen. “Los pobres —añade— son parte de nuestra familia; su dolor es también el nuestro”.

Dilexi Te culmina con una exhortación a todos los creyentes a vivir una caridad concreta, visible y comprometida, que devuelva esperanza y dignidad a quienes han sido olvidados. “Solo una Iglesia que ama sin medir —escribe el Papa— puede hacer oír al mundo las palabras del Señor: Yo te he amado (Ap 3,9)”.

 

 

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