Con profunda alegría, esperanza y compromiso, la Confederación Latinoamericana de Religiosos (CLAR) vivió el reciente Jubileo de la Vida Consagrada. Así lo compartió la hermana María Inés Castellaro, religiosa argentina de la Congregación de las Hermanas de la Virgen Niña y actual secretaria general de la CLAR (2025-2028), en declaraciones ofrecidas a ADN Celam tras la celebración jubilar.
La religiosa resaltó que este tiempo de gracia fue “una instancia que favoreció la visibilización de la Vida Consagrada, vida entregada, disponible a salir al encuentro de quienes están en las periferias, en las márgenes, en las fronteras”. Remarcó que la CLAR sostuvo su presencia junto a los consagrados y consagradas que, en distintos escenarios —como la Amazonía, las comunidades afrodescendientes y los pueblos originarios— testimonian el evangelio ofreciendo esperanza y signos de vida nueva.
“Construir puentes, derribar muros, volver al corazón”
Disertando sobre el mensaje del Papa León XIV, quien exhortó a los consagrados a ser “constructores de puentes” y volver al corazón, la religiosa Castellaro indicó que la CLAR entiende este mensaje como una invitación a superar resistencias y recrear con valentía, una vida consagrada más significativa y profética.
“Se trata —señaló— de crear vínculos sanadores y liberadores, de vivir desde la pequeñez y el profetismo de la minoridad”. Agregó que esta invitación impulsa a fortalecer la vida comunitaria, valorando la riqueza de la intergeneracionalidad y fomentando el diálogo entre jóvenes y mayores.
Igualmente, la religiosa también resaltó que el espíritu del Jubileo animó a la vida religiosa a mantener un compromiso sinodal y profético “en favor de los pobres, la justicia, la creación y los pueblos crucificados de hoy”.
- Foto: Redentoristas
“El llamado es a nacer de nuevo”
Ante la pregunta sobre el mensaje central que la CLAR buscó dejar en este Jubileo, la hermana Castellaro no dudó en responder con firmeza que “el llamado es a nacer de nuevo”, Aclaró que esta expresión refleja la urgencia de renovar la vida consagrada, dejando atrás los temores y las estructuras caducas, permitiendo que surja lo nuevo, lo auténtico y lo lleno de alegría evangélica.
“Nacer de nuevo —precisó— significa revisitar nuestras fuentes carismáticas con ojos nuevos, reencontrarnos con la libertad y la disponibilidad para un encuentro auténtico con Dios, con los demás y con la creación”. Para este organismo eclesial, este proceso requiere confiar en el Espíritu, “que sopla incluso en la noche y nos dispone a seguir reconociendo en Jesús al Maestro que transforma”.
“Responder al llamado de la reconciliación y la fraternidad”
Al cierre de la conversación, la religiosa puso la mirada en los desafíos actuales de la vida consagrada, permeada por un mundo herido y atravesada por la fragmentación, la violencia y la injusticia. Aseguró que la verdadera respuesta brota de una conversión continua, tanto personal como institucional, y por la confianza en el Espíritu que “hace nuevas todas las cosas”.
“Contemplando el icono de Nicodemo —que inspira el caminar de la vida religiosa en este trienio—, el Espíritu nos provoca a gestar lo nuevo, a crear espacios de inquietud, búsqueda, encuentro, compromiso y fraternidad”, apuntó.
En sus palabras de cierre, la hermana Castellaro recordó que el verdadero Jubileo no concluye con una celebración, sino que continúa en la existencia diaria de los consagrados, donde el Evangelio se hace visible en gestos de reconciliación, servicio y esperanza.
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