Con motivo del 122.º aniversario de la vida republicana, el arzobispo de Panamá y presidente de la Conferencia Episcopal, monseñor José Domingo Ulloa Mendieta, presidió el solemne Te Deum en la Catedral Basílica Santa María la Antigua, animó a los fieles a “hacer historia junto a Dios”, construyendo una patria de justicia, fe y esperanza.
A esta ceremonia religiosa asistieron autoridades de los tres órganos del Estado, representantes del Cuerpo Diplomático acreditado en Panamá, estamentos de seguridad, autoridades eclesiásticas y concejales capitalinos, reafirmando la tradición de fe que da inicio a las celebraciones patrias.
Un canto de gratitud y compromiso nacional
El prelado destacó que poner a Panamá en las manos de Dios al iniciar las celebraciones patrias no implica desentenderse de la realidad, sino reconocer con humildad que la historia se construye con fe y responsabilidad. “Solo haciendo la historia junto a Él —afirmó— podremos ser auténticos protagonistas en la construcción de un reino de paz y bienestar en esta tierra que nos ha sido confiada”.
- Foto: Episcopado panameño
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Guiado por el Evangelio de Lucas, el arzobispo de Panamá exhortó a los creyentes a dejar resonar en el corazón la pregunta dirigida a Juan el Bautista: “¿Qué tenemos que hacer?”. Ese interrogante, explicó, nos impulsa a vivir una fe activa que se traduce en servicio, justicia y amor al prójimo.
La unidad como vocación nacional
El arzobispo resaltó la participación de las distintas comunidades de fe presentes en la celebración, expresión viva de la riqueza espiritual que distingue a Panamá. “Panamá —mencionó— es un puente del mundo bendecido por Dios, con vocación de encuentro y fraternidad. La unidad no es una quimera: se ha forjado con el esfuerzo de hombres y mujeres de distintas razas y credos que unieron sus manos por una patria libre y soberana”.
También hizo memoria de los grandes momentos de la historia panameña, desde la independencia hasta la devolución del Canal, resaltando en ellos la fuerza solidaria y la unidad del pueblo. “Cada uno de esos hitos nos recuerda que la libertad y la soberanía se sostienen solo con participación, verdad y justicia”.
- Foto: Episcopado panameño
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Ejemplos del pasado, retos del presente
Por otra parte, recordó con gratitud a los fundadores de la República —Arango, Amador Guerrero, Porras y María Ossa de Amador— como testigos de una fe activa puesta al servicio del país. “Ellos soñaron con una patria creyente, donde el poder fuera servicio, la libertad responsabilidad y la fe inspiración”, subrayó.
Continuando con la historia, trajo a la memoria a Justo Arosemena y Amelia Denis de Icaza, quienes con su vida y obra enseñaron que la verdadera libertad florece solo en un pueblo guiado por la virtud y la conciencia moral.
La juventud, bandera viva de esperanza para Panamá
Luego de esta historia memorable, el arzobispo llamó a los panameños a asumir su responsabilidad histórica. “Debemos decidir entre la indiferencia y el compromiso, entre la corrupción que envenena y la honradez que construye. Cada generación debe emprender su propio 3 de noviembre”, apuntó.
Monseñor Ulloa hizo un llamado particular a la juventud, instándola a ser protagonista en la construcción de un Panamá mejor. “Panamá los necesita: su energía, su mirada crítica y su corazón limpio. Cada joven que estudia, trabaja con honestidad y sirve a su comunidad, es una bandera viva de esperanza para la nación”, apuntó.
- Foto: Episcopado panameño
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Educar para amar: la patria como casa común
Igualmente, dedicó un aparte de su reflexión a la educación, mostrando que es un pilar esencial para la vida nacional. “Educar en el amor a la patria —dijo— es formar el corazón para entender que Panamá no es una abstracción, sino nuestra casa común, un don de Dios que debemos cuidar”.
Resumió esta labor en cuatro aspectos claves: educar con el ejemplo, con la memoria, con la participación y con valores. “La honestidad, el respeto, la solidaridad y la justicia son el alma de la patria. Cuando estos valores se viven, la bandera ondea no solo en los mástiles, sino en cada acto de nuestra vida”, observó.
Al concluir la reflexión del Te Deum, monseñor Ulloa evocó las voces de Ricardo Miró y Amelia Denis de Icaza como reflejo del amor que inspira a los panameños y alentó a que el amor a la patria —sencillo, profundo y generoso— sea la fuerza que haga de Panamá una “tierra de promesa, casa de todos y faro de esperanza”.
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