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Cardenal Orani Tempesta: “La verdadera paz no nace de la fuerza, sino del diálogo y de la paciente construcción de lazos de confianza”

Tras los trágicos sucesos ocurridos el 28 de octubre en las favelas de Río de Janeiro, que dejaron víctimas y un fuerte impacto en la población, el cardenal Orani João Tempesta, arzobispo metropolitano de São Sebastião do Rio de Janeiro, manifestó su sentir sobre la situación, en diálogo con Bruno Desidera, de la Agencia SIR de la Conferencia Episcopal Italiana.

El cardenal explicó que los hechos revelan “una compleja realidad social que se ha ido acumulando durante más de treinta años”. Detrás de los enfrentamientos —dijo— existe “un contexto marcado por las desigualdades, la exclusión y la falta de oportunidades”, agravado por “la presencia del Estado en estas comunidades, que se encuentra gravemente comprometida”.

Para el arzobispo de Río, los acontecimientos no deben abordarse únicamente desde una lógica de seguridad, sino desde una perspectiva humana y social. “La verdadera paz no nace de la fuerza, sino del diálogo y de la paciente construcción de lazos de confianza”, señaló. Remarcó la necesidad de políticas públicas y de “una cultura de diálogo, amor y paz, capaces de restaurar la convivencia y la confianza mutua entre personas e instituciones”.

Tempesta insistió en que la búsqueda de la paz “debe construirse siempre de forma colaborativa, con diálogo, prevención y un compromiso con la solidaridad y la vida”.

“Toda vida importa”

Ante la pregunta sobre si las operaciones policiales son efectivas o meramente sensacionalistas, el cardenal reconoció que “la Iglesia reconoce el papel legítimo de las autoridades en la búsqueda de la seguridad y el mantenimiento del orden”, pero advirtió que “es esencial que todas las acciones se realicen con respeto a la vida humana y al bien común”.

La paz no se impone; se construye”, reiteró, recordando que “toda vida importa” y que “el dolor de las familias y el sufrimiento de las comunidades no pueden tratarse como meras cifras o daños colaterales”. Para el prelado, “en cada rostro golpeado por la violencia está el rostro de Cristo mismo, que sigue sufriendo con su pueblo”. Por eso, señaló que las respuestas basadas únicamente en la fuerza “no son eficaces, ya que no resuelven el problema de raíz”. Sin embargo, reconoció la dificultad que implica la presencia del Estado “debido a las estructuras de poder paralelas presentes y activas en el seno de las comunidades”.

“La Iglesia permanece cercana, como siempre lo ha estado, buscando transformar el dolor en amor y el sufrimiento en comunión, ayudando a las comunidades a redescubrir caminos de reconciliación y esperanza”, señaló.

Presencia constante en las favelas

El cardenal Tempesta recordó que la Iglesia tiene una presencia “antigua, constante y profundamente arraigada en la fe y la solidaridad” en las favelas y barrios pobres de Río. “En cada rincón de la ciudad, la Iglesia se acerca a la gente, compartiendo sus alegrías, tristezas y esperanzas”, expresó.

A través de parroquias, capillas y centros comunitarios, la Arquidiócesis desarrolla una amplia labor pastoral, social y educativa. En particular, el Vicariato para la Caridad Social, mediante el Ministerio de Asentamientos Precarios y los Ministerios Sociales, promueve la dignidad humana, fortalece los lazos comunitarios y defiende la vida “en todas sus formas”.

Recordó que el programa pastoral de favelas lleva 48 años activo en la ciudad, y su historia está marcada por “la preocupación de la Iglesia por los más necesitados y la promoción de la dignidad humana y la ciudadanía de los residentes”.

Testimonio de un compromiso concreto con el Evangelio y el bien común

Diversas obras vinculadas a la Iglesia: guarderías, albergues, programas extraescolares, cursos de formación profesional, programas de alimentación y apoyo a familias vulnerables, dan testimonio de un compromiso concreto con el Evangelio y el bien común.

Además de la asistencia, la Iglesia promueve “la formación de la conciencia cristiana y cívica”, fomenta “la participación social, el cuidado de los demás y el cultivo de la esperanza, especialmente entre los jóvenes”.

La presencia discreta pero perseverante de la Iglesia ha sido fuente de consuelo y transformación en medio de las realidades más difíciles de la ciudad”, dijo el cardenal, subrayando que el compromiso eclesial consiste en “estar siempre cerca de donde la vida es más frágil, fortaleciendo la cultura del encuentro y contribuyendo, con gestos sencillos y perseverantes, a la reconstrucción de la paz y la confianza mutua”.

“La paz nace de la justicia, la solidaridad y el respeto mutuo”

Consultado sobre cómo evitar que se repitan episodios tan dolorosos, el arzobispo dijo: “La paz nace de la justicia, la solidaridad y el respeto mutuo”. Para ello, es necesario el compromiso de todos, “con la promoción de la vida, el diálogo y la inclusión social”.

Pidió a las autoridades civiles de todos los niveles “diseñar estrategias que lleven el desarrollo y la paz a todo el territorio, y que se unan en la búsqueda del bien común”.

“La Iglesia continuará orando y colaborando para que Río de Janeiro pueda redescubrir el camino de la fraternidad, la serenidad y la esperanza”, expresó. Y encomendó a las víctimas, a sus familias y a toda la ciudad “a la intercesión de la Virgen María, Reina de la Paz”. Con una oración esperanzada, el cardenal pidió que “Dios derrame sobre Río de Janeiro el don de la reconciliación y el amor, para que el dolor se transforme en vida nueva y comunión”.

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