Con una eucaristía presidida por monseñor César Daniel Fernández, obispo de Jujuy y vicepresidente II de la Conferencia Episcopal Argentina (CEA), concluyó este 7 de noviembre la 127ª Asamblea Plenaria, que reunió en Pilar a más de un centenar de obispos del país.
El acto religioso de cierre se desarrolló en el Santuario Nacional de Nuestra Señora de Luján, donde los obispos se acercaron como “peregrinos de esperanza” para poner en manos de la Virgen de Lujan sus alegrías, preocupaciones e iniciativas pastorales.
“Venimos como pastores, pero también como ovejas del rebaño del Señor”, aseguró monseñor Fernández al dar inicio de su homilía, animando a todos a los obispos a dejarse renovar por el amor de Cristo, el Buen Pastor.
María, fuente y mediadora de la gracia
Durante la predicación, el prelado resaltó el papel de la Virgen María como Medianera de todas las gracias, mostrando que “ni una sola gracia deja de pasar por el sí de María”. La describió como “la flor más perfecta del jardín de Dios” y “la primavera que anuncia el día”, capaz de abrir en los corazones el consuelo y la confianza aun en medio del dolor.
“Aún en los momentos más duros de la vida, la presencia de María abre el atisbo de esperanza”, expresó, poniendo bajo el amparo de la Virgen de Luján la vida y el ministerio episcopal.
El pastor entra por la puerta de Cristo
Inspirado en el Evangelio de san Juan, monseñor Fernández exhortó a los pastores a entrar por la puerta que es Cristo, lo que significa “vivir con sus sentimientos, conocer al Padre y amar apasionadamente a las ovejas”. Además, subrayó que el verdadero ministerio se acredita en la entrega diaria vivida con generosidad.
“Lo definitivo del pastor es la manera como da su vida. La da con alegría, con entusiasmo, con calidad. La da y nunca la mezquina”, apuntó. Luego, solicitó a sus hermanos obispos renovar su entrega a Cristo y a la Iglesia hasta “dar la vida por las ovejas”, asegurando que sólo quien pasa por la puerta del Buen Pastor puede guiar verdaderamente al pueblo de Dios.
Pastores que sostienen la esperanza del pueblo
Aludiendo las palabras del Papa León XIV durante el Jubileo de los Obispos en Roma, donde señalaba que el obispo es “hombre de esperanza”, hizo un llamado a sostener la fe del pueblo con gestos de cercanía. Igualmente, animó al episcopado a acompañar con amor y esperanza al pueblo argentino, en especial a los que sufren.
“Queremos ser una luz de esperanza entre tantos desafíos que vivimos como argentinos”, aseguró, mencionando algunos de los males que padece la población entre ellos el desempleo, la pobreza, la enfermedad, la desorientación o el abandono.
Así fue como reafirmó el compromiso de los obispos de “escuchar el grito del pobre” y de identificarse con el corazón de Dios, atento a las necesidades de sus hijos, en especial de los más vulnerables y olvidados por la sociedad.
En manos de la Madre de Luján
Al concluir la celebración, monseñor Fernández confió a Santa María de Luján la Iglesia que peregrina en Argentina, pidiendo que los pastores sean llevados por ella al corazón de Jesús. Elevó su plegaria para que los obispos sepan discernir los signos de los tiempos y caminar junto al pueblo en fidelidad al Evangelio.
“Llévanos a Jesús, el Buen Pastor, con todos aquellos que están bajo nuestro cuidado”, pidió, invocando la intercesión de la Madre como Medianera de la Gracia y guía en el camino de salvación.
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