Con un llamado a la comunidad panameña, monseñor José Domingo Ulloa Mendieta, presidente de la Conferencia Episcopal Panameña, invitó a los creyentes a recuperar la fuerza transformadora del Evangelio, haciendo de la fe un compromiso con los pobres y excluidos. Eucaristía que animó la Jornada Mundial de los Pobres 2025, guiada por el lema “Los pobres están en el corazón del Evangelio: donde hay amor, hay dignidad”.
“El Evangelio no es incienso ni emoción bonita al calor de un canto. El Evangelio es carne, historia, herida, sangre, pan compartido y mano tendida”, indicó el prelado, recordando que la fe se mide por obras concretas, no por el fervor pasajero.
La fe que se hace compromiso
El arzobispo lamentó el surgimiento de una espiritualidad “intimista y cómoda”, que se refugia en los templos, que ora, pero no abraza a los pobres. “La fe que no toca el bolsillo, que no incomoda, que no nos descentra, no es fe”, advirtió.
El también arzobispo de Panamá, insistió en que seguir a Jesús no es permanecer en la seguridad del templo. “Jesús no se quedó en el templo; fue a la periferia, tocó al leproso, caminó con los últimos”. Por eso, insistió, el compromiso cristiano empieza cuando aprendemos a mirar con ternura el rostro de los pobres y a descubrir en ellos la presencia de Dios.
- Foto: Episcopado panameño
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Una ciudad herida que clama por dignidad
“Detrás de los rascacielos y las luces conviven varios Panamá”, expresó monseñor Ulloa. Recordó que, tras la imagen próspera de la capital, persiste la pobreza en las comarcas indígenas, en los campos y en los barrios marginados donde cientos viven en las calles.
El prelado mencionó que la respuesta cristiana ante la pobreza debe ir más allá de la asistencia puntual. Al respecto instó a la comunidad a promover «procesos que ayuden a rescatar, rehabilitar y reinsertar. Cada hermano tiene derecho a reencontrarse con su dignidad de hijo de Dios”.
Una Iglesia que se hace hogar y esperanza
El prelado reconoció que la fuerza de la Iglesia panameña no está solo en sus templos, sino en el silencio de cientos de voluntarios que sirven con generosidad. “En cada plato servido y en cada mano extendida —dijo— late la bondad del pueblo de Dios que mantiene viva la esperanza”.
“Porque la Iglesia no es un edificio ni una institución. La Iglesia eres tú, cuando compartes tu pan, cuando visitas al enfermo o consuelas al anciano”, afirmó agradecido con estas personas.
- Foto: Episcopado panameño
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De la asistencia a la transformación
El prelado advirtió que la caridad no puede quedarse en ofrecer una limosna. “No se trata solo de dar —dijo—, sino de amar de manera que el otro recupere su dignidad”. Insistió que, el compromiso de la Iglesia es aquella que acompaña procesos de alimento, formación y empoderamiento.
“La caridad no es una moneda que se entrega y se olvida”, observó el arzobispo. “El verdadero amor —dijo— es aquel que ayuda al hermano cuando está caído o necesitado”. Por eso, enfatizó que la Iglesia está llamada a acompañar procesos que alimenten, formen y empoderen.
Restaurar la esperanza: tarea de todos
“La pobreza más dolorosa no es la falta de pan, sino la falta de esperanza”, indicó, invitando a llenar la vida de gestos sencillos que devuelvan alegría y sentido a quienes lo necesitan.
El prelado exhortó a que la Jornada sea ocasión para redescubrir el valor del compromiso cristiano en lo cotidiano. “Cada plato servido, cada niño rescatado, cada anciano acompañado es una victoria del amor sobre la indiferencia”, explicó.
Llamado a la paz y al fin de la violencia
El prelado concluyó su reflexión con un clamor profundo por la paz y la vida en Panamá. “La violencia se ha convertido en una llaga abierta en el corazón del país. No podemos acostumbrarnos al miedo ni aceptar que el odio marque nuestro destino”.
Monseñor Ulloa exhortó a los gobernantes a obrar con rectitud, a las familias a construir puentes de diálogo y a la sociedad a apostar por la justicia y la paz. “Basta ya de muerte. Basta ya de indiferencia”, señaló en tono fuerte, recordando que únicamente el amor activo y la solidaridad pueden devolverle paz al alma panameña.
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