El teólogo argentino Francisco José Bosch, reconocido por su labor formativa y comunitaria en América Latina, compartió sobre el momento eclesial que vive la región. En entrevista con el Observatorio Latinoamericano de la Sinodalidad, afirmó que “la sinodalidad, la opción preferencial por los pobres y la conversión pastoral se entretejen en esta etapa decisiva para la Iglesia y para América Latina”.
Bosch, nacido y residente en Mar del Plata —la misma ciudad donde vivió el cardenal Eduardo Pironio—, ha acompañado durante décadas procesos eclesiales desde la tradición latinoamericana de comunidades de base. A través de espacios como la escuelita Bendita Mezcla, la escuela Óscar Romero y diversas iniciativas de formación permanente, impulsa una teología “desde abajo”, enraizada en la vida de los pueblos.
El amor como núcleo del camino sinodal
Consultado sobre Dilexi te, la exhortación del Papa León XIV sobre el amor y su vínculo con la opción preferencial por los pobres, Bosch sostuvo que “somos una religión basada en el amor”. Para él, reconocer que el amor es el centro de la fe cristiana implica asumir la complejidad y la fuerza transformadora de las relaciones humanas.
Bosch señaló que “el amor a los pobres es un acto consecuente del amor a Dios”, una intuición de la tradición latinoamericana. Dijo que Dilexi te y el proceso sinodal comparten un mismo eje: caminar junto a los más frágiles. “El proceso sinodal también bebe de la tradición de la eclesiología latinoamericana, de sus comunidades vivas”, afirmó.
Al analizar el vínculo entre amor y sinodalidad, Bosch explicó que “el amor es nuestra manera más nítida de nombrar a Dios” y que por eso la sinodalidad debe entenderse como una expresión eclesial de esa fuerza que “sale al encuentro”.
“Es urgente que los pobres tengan su palabra en la Iglesia”
Resaltó el aporte intercultural del actual Pontífice: “Hay una potencia singular en un hombre que habita con sus dos pies en diferentes culturas”, en referencia a quien describe como “de Chicago, pero también de Chiclayo”. Esa doble pertenencia, sostuvo, fortalece la capacidad de mediación, esencial para un camino sinodal que “intenta que la unidad no sea uniformidad”.
Sobre el desafío teológico y pastoral de reconocer a los pobres como sujetos y no solo destinatarios de la acción eclesial. Bosch expresó que: “El amor nunca es ser la muleta de nadie” y “la caridad nunca puede ser ayudar al que pasivamente está tirado al lado del camino”. Para él, la conversión pastoral exige un giro: “Es urgente que los pobres tengan su palabra en la Iglesia”. Y añadió que la sinodalidad debe ser “un momento de silenciar el discurso de la estructura para escuchar las narraciones de los pobres”.
Este proceso, sostuvo, tomará tiempo, porque debe “ordenar a nuestra Iglesia de una manera distinta”, permitiendo que nuevas formas comunitarias surjan “por desborde”, como propuso el Papa Francisco en el Sínodo de la Amazonía. “Las mujeres no tienen que pedir permiso, los pueblos indígenas no tienen que pedir permiso”, insistió, subrayando que las comunidades deben ser protagonistas de los caminos que el Espíritu inspire.
Comunidades que crean y sostienen la vida
Bosch manifestó que el desafío teológico fundamental es el fortalecimiento de las comunidades. Remarcó que, en muchos casos, serán ellas quienes generen nuevas formas de celebración y organización: “Las comunidades se organizarán, celebrarán su fe a su modo y construirán los rituales que les den sentido”.
La Iglesia, dijo, tendrá el “privilegio” de acompañar y, si es necesario, formalizar esos procesos. Reconocer en los pobres organizados “un sujeto de la historia y de la teología” es, para Bosch, imprescindible: “Allí se revela Dios… y eso es una fuente de revelación para repensarlo todo”.
Para Bosch, la conversión pastoral es simple y radical: “La conversión es volver a los pobres. Volver a los pobres por amor”. Ese retorno implica escuchar, organizarse y compartir las prácticas de fe que brotan de las comunidades: “cómo celebran, cómo cantan, cómo comparten la tierra, la comida, la mesa”.
Transformación estructural
La transformación de las estructuras eclesiales, dijo, solo será auténtica si brota de ese movimiento de vuelta a la vida del pueblo creyente y de una Iglesia “de rodillas frente a la fe de nuestro pueblo”.
Bosch propuso también una lectura social de la sinodalidad. Para él, el amor preferencial por los pobres es la base para “empezar a construir la civilización del amor”. Frente al capitalismo que “mata y devasta” y al individualismo que “corta los lazos que sostienen la vida”, las comunidades pobres ofrecen alternativas concretas para reconstruir lo colectivo.
Defendió que una Iglesia verdaderamente sinodal debe acompañar sin miedo estos procesos: “hay una conversión al proceso de las comunidades que la Iglesia debe hacer”, especialmente en contextos marcados por el extractivismo y el patriarcado.
Comunidades profetizas de otro mundo posible
Bosch aseguró que Dilexi te y Dilexi nos muestran la complejidad de la Tradición como diálogo entre continuidad y ruptura. Invitó a vivir una “fidelidad creativa” capaz de leer los signos de cada territorio y producir vida.
“Ya no se trata de grandes profetas, sino de comunidades profetizas de otro mundo posible, de otra Iglesia posible”, finalizó.
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