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Carolina Bacher y Carlos Galli en las Reflexiones Sociales de Adviento: «A los ojos de Dios, no hay nadie descartable»

Analizar el desarrollo de la misión evangelizadora de la Iglesia desde la promulgación de Evangelii Nuntiandi hasta Evangelii Gaudium, era el objetivo de la segunda emisión de las Reflexiones Sociales para preparar el Adviento.

Una propuesta de los centros pastorales del Celam que del 24 al 28 de noviembre, impulsan un ciclo de conversatorios que disponen el corazón para vivir este tiempo de esperanza activa que precede a la Navidad. Investigadores, teólogos, religiosos y laicos se dan cita en este espacio virtual, para reflexionar sobre el Adviento desde diferentes perspectivas.

En esta oportunidad, los teólogos argentinos Carlos Galli y Carolina Bacher analizaron dos exhortaciones apostólicas que coinciden en una postura: la Iglesia existe para evangelizar.

Jesús trae la novedad

Evangelii Nuntiandi, promulgada en 1975, afirma que la evangelización es la identidad más profunda de la Iglesia. Mientras que, en 2013, es decir 38 años después, Evangelii Gaudium retoma este concepto, asegurando que la Iglesia debe ponerse en estado permanente de misión; esto confirma que el Papa Francisco, actualizó la postura de Pablo VI que en su momento dijo que la Iglesia no puede encerrarse, sino que debe salir para anunciar al Padre.

Carlos Galli reconocido como catedrático en la Universidad Católica de Argentina y miembro de la Comisión Teológica Internacional, entre muchos otros títulos, recordó que Francisco, desde su primera exhortación sobre “la alegría del Evangelio” habló de la novedad de Jesús, no solo por su nacimiento, sino porque Jesús es quien trae la novedad de Dios a la vida de los seres humanos.

Aspecto muy relacionado con la pastoral de la Iglesia latinoamericana por lo que enfatizó en la dimensión social de este acontecimiento. “En Navidad nace la máxima dignidad de todos los seres humanos, hasta de los más pequeños, los bebés, pero también de todos los vulnerables y vulnerados; de aquellos que aparentemente tienen éxito y los que se sienten perdedores.

Dios nos quiere a todos

También de los que en apariencia tienen todo, pero hay que ver qué es lo que tienen; como los que no tienen nada y tal vez en su corazón por la fe y el amor de Dios tienen mucho. Es el anuncio navideño, es Dios que se hizo hombre, el verbo que se hizo carne”.

Así explicó el sacerdote, estamos hablando de “la generosidad del Padre que se muestra en un Dios que se hizo pobre, pequeño, limitado como nosotros. Nos muestra que el más grande, es capaz de hacerse el más pequeño. Jesucristo es el máximo que se hizo mínimo”. Igualmente nos muestra que nace el ser humano y por más pequeño que sea, tiene una dignidad infinita. “Él es grande a los ojos de Dios, todos valen la pena y no hay nadie descartable, no debe haber ninguno descartado, porque Dios nos quiere a todos”, insistió.

De esta manera Galli confía en que la Navidad, nos ayude a encontrarnos a Dios en Jesús y que eso renueve nuestra fe, porque “el niño siempre está joven, nos trae la novedad del amor de Dios, pero también nos invita a valorar nuestra dignidad, la propia y la de los demás, los cercanos y los que se encuentran lejos”.

Gestos elocuentes

Por su parte la teóloga Carolina Bacher recordó que el Concilio Vaticano II es una brújula que retoma algunas claves del Evangelio que resultan muy significativas para nuestro caminar; al decirnos que los gozos, esperanzas, tristezas y angustias de los hombres de nuestro tiempo, son iguales para los discípulos de Cristo, para los pobres y los que sufren.

Por eso afirma que es necesario prestar atención a los dinamismos que se presentan en la vida de nuestros hermanos más pobres y sufrientes.

“El Papa Pablo VI quiso que no tuviéramos una visión parcial, sino que integráramos todas las dimensiones que son necesarias para proclamar el Evangelio. Nos recordó que Jesús compartió su experiencia de Dios a través de gestos y palabras”.

Gestos que de acuerdo con la teóloga se convirtieron en signos: los enfermos fueron curados, los novios vieron el agua convertida en vino, los hambrientos el pan multiplicado, los muertos volvieron a la vida y sobre todo, nos devolvió la esperanza con el gran signo de la resurrección, el amor que vence todas las expresiones de la muerte.

La fe que no se resigna

Para Pablo VI un gran signo de Dios es el que identifica a las personas más pequeñas, los descartados de la sociedad de ese tiempo, porque fueron los que recibieron y acogieron la buena noticia de la salvación. “Lejos de ser descartados por Dios, eran sus privilegiados, en donde Jesús interactuaba y comunicaba de una manera muy activa su experiencia de Dios”, recordó.

Signos que Pablo VI acogió y de acuerdo con la experta ya estaban presentes en la iglesia latinoamericana. “Siempre valorados desde la piedad popular, la fe del pueblo sencillo, la que no se resigna ante los sufrimientos, sino que lucha y supera aquello que la separa de una vida digna”.

Al respecto, Bacher nombró algunas problemáticas de nuestro continente como el hambre, las enfermedades, el analfabetismo, las pobrezas, injusticias, el neocolonialismo económico y cultural que en sus palabras son “dolores que exigen de nosotros una profunda conversión para que los que sufren encuentren una casa, un espacio, un lugar para profundizar el Evangelio y construir una vida».

Para Carolina Bacher la opción por los más pobres y los que sufren, en este tiempo toma el rostro de los jóvenes, los que se encuentran en plena búsqueda, los desorientados. Ellos representan esas opciones que la Iglesia latinoamericana ha hecho y que el Papa León XIV al igual que Pablo VI ha puesto sobre la mesa como tema de conversación con Dilexi Te.

El pesebre cotidiano

Pensando en los signos de este tiempo, la académica recuerda la figura del pesebre. “Contemplarlo es ver la imagen de un Jesús que quiere nacer en el corazón de una humanidad que no le deja espacio”, igual que quienes carecen de espacio en nuestras comunidades, familias y países por causa de la migración y el destierro.

Pienso en el pesebre y en las mujeres, las jóvenes, niñas, adultas mayores, las que padecen la pobreza y las violencias. Frente al pesebre descubrimos que la encarnación se actualiza en cada hermano y cada hermana, especialmente cuando su rostro está desfigurado, entristecido o caído al costado del camino”, Entonces -advierte- “Si cada vida es un pesebre, vemos la fragilidad, la falta de espacio, pero también, la vida que puja por nacer en el compromiso cotidiano de nuestros hermanos que más sufren”.

En palabras de la teóloga contemplar el pesebre es constatar que, si bien la vida del niño por nacer está en riesgo,  también lo está la del niño nacido, los que no tienen espacio, pero buscan que la vida resurja en medio de nuestra humanidad.

“Al contemplar los pesebres cotidianos vemos la fragilidad del que sufre, pero también, las vidas de los que se comprometen con otros. Es descubrir que las semillas de vida quedan sembradas en las comunidades y serán inspiración de compromiso para reconocer el sentido de nuestra vida en el rostro del Niño que está por nacer”.

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