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Desde Puerto Rico la Fundación Reyes Magos lleva música, fe y esperanza al Concierto Navideño del Celam

Con motivo del Concierto de Navidad organizado por el Consejo Episcopal Latinoamericano y Caribeño (Celam), la Fundación Reyes Magos y su Mejor Regalo Inc., de Puerto Rico, compartirá con la Iglesia continental una experiencia que une tradición cultural, música típica y servicio a los más vulnerables. Fundada en 2010, la organización ha impactado a más de 54.750 personas llevando, más allá de los regalos materiales, un mensaje de fe, solidaridad y esperanza inspirado en la Epifanía.

La participación de la Fundación en este evento internacional no es un hecho aislado. Es la expresión de un camino de más de una década marcado por el voluntariado, la música y la cercanía con quienes suelen quedar al margen de las celebraciones.

Presencia que se convierte en esperanza

“Fundamos la Fundación Reyes Magos y su Mejor Regalo en 2010 movidos por un profundo deseo de servir”, explica Awilda Ramos, directora de operaciones de la Fundación. El objetivo inicial es el de “formar un movimiento de voluntariado que pudiera llevar consuelo, fe y alegría a quienes suelen quedar fuera de las celebraciones navideñas”.

Desde sus inicios, la misión consiste en que “los Tres Reyes Magos no permanecieran “únicamente en tarimas o actividades públicas”, sino que pudieran “entrar donde realmente su presencia se convierte en esperanza: salas de hospitales, hogares de ancianos, comunidades vulnerables y espacios donde un gesto de cariño marca la diferencia”. Ese compromiso de servicio, asegura Ramos, “ha sido el corazón de nuestra misión”.

El “mejor regalo”: fe, amor y solidaridad

Con el paso de los años, la labor de la Fundación ha crecido y se ha consolidado gracias a cientos de voluntarios que donan “tiempo, talento y corazón”. Hoy, su apuesta va más allá de lo material. “Más que entregar regalos materiales, llevamos el ‘mejor regalo’: el mensaje de amor, fe y solidaridad que los Reyes Magos representan”, manifiesta Ramos.

Ese espíritu se expresa de manera particular a través de la música típica puertorriqueña, uno de los pilares de su identidad. A través de los aguinaldos y ritmos tradicionales, buscan transmitir que “nuestra fe se puede vivir con alegría, con ritmo y con cercanía”, y que “el mensaje del Evangelio también se canta en décimas, en seis chorreao, en plena y en parranda”. Para la Fundación, “la música típica es un catecismo vivo que llega donde, a veces, las palabras formales no alcanzan”.

Al mismo tiempo, la música se convierte en una afirmación de identidad. “Cada vez que suena un cuatro, una guitarra, el güiro o una conga, le recordamos a nuestro pueblo que nuestras raíces son valiosas y que nuestras tradiciones merecen ser preservadas”, señala Ramos. Y no se trata solo de celebrar, sino también de consolar: muchas personas, aseguran, les confiesan que al escuchar un aguinaldo “se les renueva la esperanza, sienten compañía y descubren que, aun en medio de las dificultades, Dios se hace presente en nuestro pueblo”.

Música que une generaciones y territorios

Uno de los frutos más visibles de este trabajo es la capacidad de la música para unir generaciones. “Una misma canción puede poner a cantar al nieto, al papá y al abuelo a la vez”, relata Awilda, quien resalta que la música rompe barreras “de edad, de idioma y de distancia”. En un mismo espacio —presencial o digital— se encuentran generaciones distintas que comparten recuerdos, emociones y un mismo amor por la tradición.

En los últimos años, han sido testigos de un fenómeno esperanzador: “los jóvenes están redescubriendo estas tradiciones”. Para la Fundación, la música típica no es solo nostalgia, sino identidad viva: “ser boricuas en un mundo que cambia constantemente”. En esta clave, evocan un símbolo arraigado: “Así como la estrella de Belén guio a los Reyes Magos, nuestra propia estrella —la de la bandera de Puerto Rico— sigue guiando a nuestro pueblo a valorar quiénes somos”.

La música también se vuelve un puente para la diáspora: “Un aguinaldo escuchado en Estados Unidos o en cualquier parte del mundo conecta al boricua con su tierra, su fe y sus memorias”, asegura Ramos. De este modo, la tradición une generaciones y geografías, recordando que, dondequiera que estén, siguen “caminando guiados por la misma estrella”.

Visitar el “pesebre” de hoy

El trabajo comunitario es otro eje central de la Fundación. Las visitas a hospitales, hogares de personas encamadas y otras instituciones son, para ellos, “quizás la parte más sagrada de nuestra misión”. Entrar en estos espacios, explica Ramos, es entrar “en un ‘pesebre’ muy real, donde Cristo se hace presente en el rostro de cada persona”.

Allí llevan música, oraciones, un abrazo y “una palabra sencilla”, pero sobre todo la certeza de que quienes sufren “no están solos y de que Dios camina con ellos”. La respuesta suele ser conmovedora: miradas que se humedecen, cantos susurrados, manos que se estrechan o sonrisas que devuelven la esperanza. “Muchas personas nos dicen que, por un momento, se olvidan del tratamiento, del dolor o de la preocupación y se sienten nuevamente parte de un pueblo que celebra y que cree”, comparte.

Estas experiencias confirman que la misión sigue siendo necesaria y que vale la pena cada esfuerzo. A lo largo del año, la Fundación realiza promesas y velorios de Reyes, visitas a hospitales, misas y eventos religiosos, encuentros con personas encamadas, giras culturales en ciudades como Nueva York, Chicago y Pensilvania, además de iniciativas de apoyo humanitario. El impacto anual estimado alcanza entre 2.650 y 3.650 personas, y el impacto histórico supera ya las 54.750.

“La Epifanía es luz que se comparte”

La participación en el Concierto Navideño del Celam representa, para la Fundación, “un honor y una gran responsabilidad”. Llegan con la ilusión de “llevar la voz de Puerto Rico” y de presentar a los Tres Reyes Magos “como un signo de fe viva en nuestra América Latina”. A través de su música, esperan que se sienta “el calor de nuestro pueblo, la fuerza de nuestras tradiciones y la ternura de nuestra devoción”.

En un continente marcado por la violencia, la pobreza y la división, su mensaje es que: “la Epifanía es luz que se comparte, es encuentro entre pueblos distintos, es un Dios que se deja encontrar por todos”. Por eso, su presencia en este concierto quiere decir también: “Desde una pequeña isla del Caribe, Puerto Rico, también aportamos al canto y a la esperanza de la Iglesia universal”.

Para quienes aún no conocen la Fundación o desean apoyar su labor, el mensaje es pastoral: “las tradiciones no son recuerdos del pasado, sino semillas de futuro”. Mantener viva la Epifanía y la devoción a los Reyes Magos, sostienen, es educar en valores que hoy el mundo necesita con urgencia: “la generosidad, la solidaridad, la búsqueda de la verdad, la fe que se pone en camino y la esperanza que ilumina aun en tiempos difíciles”.

“Todos estamos llamados a ser Reyes Magos hoy”

La invitación se amplía a todos: “Todos estamos llamados a ser Reyes Magos hoy”. Así como Melchor, Gaspar y Baltasar ofrecieron oro, incienso y mirra, hoy cada persona puede ofrecer su “Mejor Regalo”: “nuestro corazón, nuestras manos, nuestras energías, nuestros esfuerzos, nuestro perdón y nuestra capacidad de amar”. Cuando esos dones se entregan con sinceridad, asegura Awilda Ramos: “la Epifanía llega a nuestras vidas y se convierte en una luz que transforma nuestra vida y la de los demás”.

En sintonía con el espíritu del Concierto Navideño del Celam, la Fundación Reyes Magos y su Mejor Regalo continúa su camino “iluminada por la estrella de Belén”, convencida de que la fe compartida, la cultura viva y el servicio a los más frágiles siguen siendo una buena noticia para Puerto Rico, para América Latina y para toda la Iglesia.

“La tradición se engrandece cuando se comparte; y nosotros, guiados por la fe, la llevamos con el corazón”, aseguran desde la Fundación.

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