La Iglesia en Bolivia, y de manera especial la comunidad católica de Ascensión de Guarayos, ubicada en la región amazónica del norte del departamento de Santa Cruz, se prepara para vivir el VIII Centenario del tránsito de San Francisco de Asís (1226–2026), que será celebrado como Año Jubilar especial entre el 10 de enero de 2026 y el 10 de enero de 2027, por disposición del Papa León XIV.
En una carta dirigida a los devotos de San Francisco en Ascensión de Guarayos, en todo el Vicariato Apostólico de Ñuflo de Chávez y en Bolivia, fray Kasper Mariusz Kaproń OFM, párroco de Ascensión, expresó que este aniversario debe vivirse como un tiempo de gracia: “No es un simple aniversario histórico: es un tiempo de gracia, un kairós que nos invita a volver al corazón del Evangelio vivido por el Pobrecillo”.
Asís y Guarayos: una misma gracia
Durante este Año Jubilar, la ciudad de Asís vivirá un signo extraordinario: por primera vez se realizará una exposición prolongada del cuerpo de San Francisco. Sin embargo, como recuerda fray Kasper, no todos podrán peregrinar a Italia. “Las distancias, los costos y las realidades de nuestra vida cotidiana lo hacen imposible. Pero la gracia de Dios no conoce fronteras”.
En este contexto, la comunidad de Guarayos recibe un don particular: una pequeña reliquia del cuerpo de San Francisco de Asís, que será colocada de manera permanente en el templo parroquial de Ascensión. “No se trata de un objeto mágico ni de una curiosidad piadosa”, aclara el párroco, sino de “un signo de cercanía, un recordatorio concreto de que la santidad es posible y de que el Evangelio puede encarnarse en una vida humana concreta”.
Para la comunidad local, este gesto tiene un significado evangélico: San Francisco, que eligió a “los últimos entre los últimos”, se hace presente “en una región sencilla, lejos de los grandes centros de poder y prestigio”. Es como si el Pobrecillo volviera a decir: “Aquí quiero estar; aquí quiero ser venerado; aquí quiero recordarte el Evangelio”.
Indulgencia jubilar y camino de conversión
Con motivo del VIII Centenario, la Penitenciaría Apostólica, mediante decreto emitido el 10 de enero de 2026, concede la indulgencia plenaria a todos los fieles que participen devotamente en el Año de San Francisco, bajo las condiciones habituales: confesión sacramental, comunión eucarística y oración por las intenciones del Santo Padre.
La indulgencia podrá aplicarse por uno mismo o en sufragio por los fieles difuntos, y podrá obtenerse peregrinando a cualquier iglesia franciscana o templo dedicado a San Francisco, en cualquier parte del mundo, donde se renueve la profesión de fe, se rece el Padre Nuestro y el Credo, se eleven oraciones a la Virgen María, a San Francisco, a Santa Clara y a los santos de la Familia Franciscana, y se dedique un tiempo a la oración y la reflexión.
También los ancianos, enfermos y quienes no pueden salir de casa podrán recibir esta gracia, uniéndose espiritualmente a las celebraciones y ofreciendo sus oraciones y sufrimientos. Como señala la carta pastoral, “este don espiritual no es algo automático ni exterior, sino una invitación a la conversión del corazón”.
Apertura del Jubileo y entronización de la reliquia
La Comunidad Franciscana de la Región Guaraya, junto con las parroquias de Ascensión, San Pablo, Urubichá, Yaguarú y Salvatierra, ha convocado a toda la Iglesia local a la inauguración solemne del Jubileo y a la entronización de las reliquias de San Francisco de Asís, que se realizará el viernes 30 de enero de 2026, en el Templo Parroquial de Ascensión de Guarayos.
La entronización, “no es un gesto meramente simbólico, sino un signo eclesial de comunión y cercanía espiritual”, que invita a vivir el Evangelio con sencillez, fraternidad y paz, recalca la comunidad.
Logo que encarna el Jubileo en la Amazonía
Con motivo de este Jubileo, la comunidad ha presentado un logotipo que expresa visualmente el sentido espiritual del acontecimiento. En él resalta la Tau franciscana, signo de salvación y conversión; la figura de San Francisco con los brazos abiertos, en actitud de entrega y alabanza; la luz que brota de Cristo; la silueta del templo de Ascensión de Guarayos y los elementos de la Amazonía, como la vegetación tropical y un ave amazónica.
Las fechas 1226–2026 recuerdan que no se celebra solo la muerte del santo, sino su Pascua, su paso definitivo a la vida de Dios. El mensaje central del logotipo lo resume así: “San Francisco sigue caminando con nosotros, también en Guarayos, llamándonos a vivir el Evangelio con sencillez, fraternidad, conversión y paz”.
Devotos de San Francisco
La carta de fray Kasper invita a los devotos de San Francisco a redescubrir su mensaje como estilo de vida, unir pobreza y misericordia, oración y compromiso, y hacer de las comunidades espacios de fraternidad sin poder, donde todos sirven.
La presencia de la reliquia interpelará cada día a la comunidad con preguntas decisivas: “¿Vivimos realmente según la forma del santo Evangelio? ¿Nos dejamos conducir hacia los ‘leprosos’ de nuestro tiempo? ¿Somos Iglesia humilde, pobre y fecunda?”
Con esperanza, el párroco invita a que este VIII Centenario no pase como una fecha más, sino que sea un verdadero tiempo de reconciliación, conversión y gracia: “Que el Señor nos conceda vivir, aquí en Bolivia, como verdaderos peregrinos de la esperanza”, concluye, retomando el saludo franciscano que atraviesa todo el Jubileo: “El Señor les dé la paz”.
Jubileo para volver al Evangelio
El Año Jubilar franciscano se enmarca en el camino jubilar vivido por la Iglesia universal tras el Jubileo Ordinario de 2025 y culmina un ciclo conmemorativo que ha recordado, en los últimos años, momentos decisivos de la vida de San Francisco: la Regla y el pesebre de Greccio, los estigmas del monte Alverna y el Cántico de las Criaturas. El 2026 marca la culminación de todas estas celebraciones, al conmemorar los 800 años de su tránsito a la vida eterna, ocurrido el 3 de octubre de 1226.
En su Carta a los Ministros Generales de la Conferencia de la Familia Franciscana, el Papa León XIV invita a toda la Iglesia a escuchar nuevamente la voz viva de San Francisco. En un mundo que enfrenta guerras, divisiones y miedos, recuerda que el Pobrecillo “continúa hablando, no porque ofrezca soluciones técnicas, sino porque su vida indica la fuente auténtica de la paz”.
El Pontífice retoma el saludo que Francisco recibió como revelación: “El Señor me reveló que dijésemos este saludo: ‘El Señor les dé la paz ‘”, y subraya que la paz “no es una fórmula de cortesía ni una construcción puramente humana, sino la suma de todos los bienes de Dios, un don que desciende de lo Alto”.
La carta del Papa insiste en que la visión franciscana de la paz abarca toda la creación. La reconciliación con Dios, entre los seres humanos y con la casa común son dimensiones inseparables de una única vocación. Por eso, exhorta a vivir una existencia fiel al Evangelio, “fuerte en la fe, firme en la esperanza y ardiente en la caridad concreta hacia el prójimo”, para convertirse hoy en “testigos desarmados y desarmantes de la paz que viene de Cristo”.















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