El obispo de la Diócesis de El Alto y secretario general de la Conferencia Episcopal Boliviana, Mons. Giovani Arana, presidió este Miércoles de Ceniza, desde la Catedral Nuestra Señora de La Paz. El obispo invitó a los fieles a vivir “un proceso auténtico de conversión” centrado en la escucha de la Palabra y la práctica del ayuno.
El prelado recordó que durante 40 días “se repetirá la voz de Dios diciéndonos: ‘Conviértete y cree en el Evangelio’”, resaltó que la conversión “debe estar presente en toda nuestra existencia cristiana”, aunque este tiempo la propone de manera particular.
La imposición de la ceniza, explicó, abre “un camino penitencial, un tiempo de gracia en la que la Iglesia como buena madre y maestra nos toma de la mano y nos conduce al corazón del Evangelio”.
Escuchar y ayunar
Mons. Arana señaló que en esta Cuaresma la Iglesia se deja orientar por el mensaje del Papa León XIV para 2026, que propone el lema “escuchar y ayunar” como clave del tiempo litúrgico: “Estamos invitados a entrar en un proceso auténtico de conversión y a disponernos no solo con el oído, sino sobre todo con el corazón a escuchar la voz de Dios”.
Citó el mensaje pontificio al recordar que “el ayuno constituye una práctica concreta que dispone a la acogida de la palabra de Dios” y añadió: “El ayuno dispone nuestro corazón a la escucha auténtica de lo que Dios quiere decirnos”.
El obispo exhortó a no vivir la Cuaresma como “un tiempo de prácticas externas” o como una repetición anual sin compromiso, sino como “la llamada a volver a Él con todo el corazón”. Recordó las palabras del profeta Joel: “Conviértanse a mí de todo corazón… rasguen su corazón y no sus vestidos”, resaltando que la conversión “es un movimiento interno de adentro hacia fuera”.
“No nos acostumbremos al grito del que sufre”
Al meditar la primera lectura, explicó que el profeta habla a “un pueblo herido” y que, en medio de la devastación, Dios se presenta “como un padre misericordioso, compasivo y rico en amor”. Insistió en que la conversión no puede ser superficial: “No se trata de rasgar los vestidos… se trata de rasgar el corazón”.
Comparó la Palabra de Dios con “un espejo” que permite reconocer lo que no está bien en la propia vida y llamó a silenciar el “ruido interior y exterior” que impide escuchar a Dios, especialmente tras el tiempo de carnaval y en una sociedad “saturada de palabras, imágenes y opiniones”.
“¿Cuánto espacio dejamos para la voz de Dios?”, preguntó, invitando a redescubrir la escucha en la oración silenciosa, en la lectura orante del Evangelio y también “en el clamor de los pobres”. “No nos acostumbremos al grito del que sufre”, advirtió.
Tiempo favorable de reconciliación
Comentando la exhortación de san Pablo, recordó: “En nombre de Cristo les pedimos que dejen reconciliarse con Dios… este es el tiempo favorable”. Remarcó que la conversión es ahora: “No mañana… es ahora”.
La autoridad eclesial hizo énfasis en que Dios “no se cansa de ofrecernos su misericordia”, mientras que muchas veces son las personas quienes se cansan de pedir perdón. Por ello, señaló que la Cuaresma es “tiempo privilegiado para celebrar el sacramento de la reconciliación” y animó a los fieles a acercarse sin miedo: “No es un tribunal de condena sino el lugar donde experimentamos el abrazo del Padre”.
Pidió a los sacerdotes organizar espacios de confesión para que quienes acudan “se encuentren con la misericordia de Dios”.
Limosna, oración y ayuno sin espectáculo
Al referirse al Evangelio según San Mateo, recordó las tres prácticas tradicionales: limosna, oración y ayuno. “Jesús no dice ‘si lo hacen’, sino ‘cuando lo hagan’”, explicó, indicando que forman parte de la vida del discípulo. Sin embargo, advirtió: “No conviertan la religión en espectáculo”. Las prácticas cuaresmales, dijo, “son camino humilde de conversión que nos acercan a Dios”.
Sobre el ayuno, precisó que no es solo abstenerse de alimentos, sino “hambre de Dios” y una toma de distancia de lo que domina: “la comodidad excesiva, el consumo compulsivo, la dependencia de la tecnología”. Invitó a preguntarse: “¿En qué necesito ayunar para ser más libre?”.
Recordó además que el verdadero ayuno “es compartir el pan con el hambriento” y recordó la propuesta del Papa de “abstenerse de utilizar palabras que afectan y lastiman”, promoviendo la amabilidad en la familia, el trabajo, las redes sociales y el debate público.
“Un tiempo de gracia, reconciliación y vida nueva”
Mons. Arana reiteró que la conversión “no es individualista”, sino comunitaria: “Nadie queda excluido, nadie puede decir que no necesita convertirse”. Invitó a que en parroquias y familias haya espacios de adoración, celebraciones penitenciales, lectio divina y rezo del Vía Crucis, así como caridad hacia los más necesitados.
Recordó que el Evangelio repite: “Tu Padre que ve en lo secreto te recompensará”, enfatizando que Dios conoce “nuestras luchas silenciosas” y que la Cuaresma no se vive para recibir aplausos.
Al aludir a la ceniza, expresó que recuerda que “somos polvo”, pero también que “ese polvo está llamado a la gloria”. “El pecado no tiene sobre nosotros la última palabra, la última palabra es la misericordia”, sostuvo.
El obispo concluyó invitando a iniciar el camino cuaresmal “con confianza”, sin miedo a escuchar y ayunar, para que al llegar la Pascua se pueda decir “que hemos dejado que Dios transforme nuestros corazones”. Encomendó este tiempo a la Virgen María y pidió que sea “un tiempo de gracia, reconciliación y vida nueva”.
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