Santiago, La Serena, Antofagasta, Temuco e Iquique dieron comienzo al tiempo de Cuaresma con multitudinarias celebraciones del Miércoles de Ceniza, marcadas por una invitación común: renovar el corazón, caminar juntos como Iglesia y preparar con esperanza la Pascua del Señor.
“Orar es hablar con Dios amándolo”
En la Catedral Metropolitana de Santiago, el obispo auxiliar y vicario general, monseñor Alberto Lorenzelli, presidió la Eucaristía que abrió este tiempo litúrgico. “Orar es hablar con Dios amándolo”, expresó, resaltando que la Cuaresma no se reduce a un rito externo, y enseñando que es un proceso de transformación interior y comunitaria.
“La Catedral como iglesia matriz celebra este signo importante del inicio de la Cuaresma, pero en todas las parroquias es una celebración que quiere dar relevancia a este tiempo cuyo punto fundamental es llegar a la Pascua”, explicó. Más allá de la imposición de la ceniza, el llamado es a “poner orden en la vida”, dejando que Dios transforme el “corazón de piedra en un corazón de carne”.
En su mensaje, monseñor Lorenzelli recordó que el ayuno no es solo abstenerse de alimentos, sino también de aquello que distrae y desordena la vida. La oración, dijo, es un diálogo amoroso con Dios. Y la limosna implica solidaridad, que comienza en el trato cotidiano y en la atención a quienes más lo necesitan. Asimismo, remarcó la importancia de escuchar: la Palabra de Dios, la propia conciencia y el clamor de los hermanos. Retomando palabras del Papa León XIV, puso de relieve que la Cuaresma se vive en comunidad, porque “la pobre fe de cada uno se convierte en la gran fe de una comunidad que cree y quiere caminar en este camino de conversión”.
Volver a Dios de todo corazón
Desde el norte del país, el obispo de Iquique, Isauro Covili, dirigió su mensaje cuaresmal bajo la cita del profeta Joel: “Vuelvan a mí de todo corazón”. Invitó a sacerdotes, religiosos y laicos a poner a Dios en el centro de la vida personal y social, dejando que la Palabra modele la mentalidad y las acciones.
El prelado llamó a vivir estos 40 días como una experiencia que permita “mirar la realidad desde abajo”, desde los que sufren y desde el clamor de la tierra. Insistió en la necesidad de una conversión auténtica del corazón y en redescubrir el sacramento de la reconciliación como fuente de misericordia y renovación.
También animó a participar activamente en la Campaña Cuaresma de Fraternidad, signo de solidaridad, y a ahondar en la vida eucarística como camino de crecimiento en la fe y en la comunión eclesial.
Iglesia que camina hacia la Pascua
En la Arquidiócesis de La Serena, el arzobispo René Rebolledo Salinas recordó que la Cuaresma “no está cerrada en sí misma”, sino que orienta el corazón hacia la Pascua, la gran alegría cristiana. El signo de la ceniza, proveniente de los ramos benditos del año anterior, fue presentado como una invitación a vivir mejor y a preguntarse con quién queremos estar al final del camino.
En la Antofagasta, el arzobispo Ignacio Ducasse Medina exhortó a “desempolvar” aquello que se ha acumulado en la vida personal y comunitaria y que impide avanzar con libertad evangélica. Invitó a abrir el oído a la Palabra, el corazón a la gratitud y la vida a la solidaridad.
Por su parte, en la Diócesis San José de Temuco, el obispo Jorge Concha Cayuqueo hizo hincapié en la humildad del signo de la ceniza y la conciencia de nuestra fragilidad: “Conviértete y cree en el Evangelio”. En todas las comunidades se entregaron las tradicionales cajas de Cuaresma de Fraternidad, cuyos fondos este año estarán destinados a apoyar a personas mayores.
Conversión que se hace solidaridad
La Campaña Cuaresma de Fraternidad 2026, impulsada por el área pastoral Cáritas, propone el lema: “Bienaventurados los viejos: porque en ellos habita la memoria, sabiduría y futuro”. La iniciativa invita a mirar con gratitud y servicio a las personas mayores, reconociéndolas como portadoras de historia y esperanza.
En todas las diócesis, la invitación convergió en un mismo horizonte: vivir la Cuaresma como una oportunidad de renovación profunda, personal y comunitaria, que conduzca a la alegría de la Pascua.
Así, la Iglesia en Chile inicia estos cuarenta días como un pueblo que camina unido, sostenido por la oración, el ayuno y la solidaridad, con la mirada puesta en Cristo resucitado, fuente de esperanza y vida nueva.
Foto de portada: https://www.iglesiadesantiago.cl/
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