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Obispos de Brasil: la Cuaresma invita a convertir el corazón y defender la vivienda digna

“La Cuaresma es un tiempo de conversión y preparación para la Pascua del Señor”, con esta afirmación, el obispo de Marabá (PA), Vital Corbellini, abre su reflexión sobre el sentido espiritual de este tiempo litúrgico y su relación con la Campaña de Fraternidad 2026, impulsada por la Conferencia Nacional de Obispos de Brasil, cuyo tema es “Fraternidad y Vivienda” y el lema: “Vino a morar entre nosotros” (Jn 1,14).

Mons. Corbellini explica que la Iglesia en Brasil propone durante esta Cuaresma un camino que une fe y compromiso social. Recuerda que Jesús “se encarnó en la realidad humana y asumió todo lo humano para dar redención y salvación a todas las personas”, y subraya que la Iglesia primitiva ya entendía este tiempo como un período de transformación interior y práctica de la caridad.

La Cuaresma en la Iglesia primitiva

Según el obispo, autores como Eusebio de Cesarea y Atanasio de Alejandría describen la Cuaresma como “un período de seis semanas, incluida la propia Semana Santa”, marcado por el ayuno, la oración, las obras de caridad y la acogida de extranjeros. De ahí la conexión con la actual Campaña de Fraternidad, que también pone el acento en quienes llegan desde otros lugares en busca de acogida, a la luz de la palabra de Jesús: “Fui forastero y me acogiste” (Mt 25,35).

El obispo señala que, para algunos estudiosos, la Cuaresma comenzaba ya en la Epifanía y era “una profunda imitación de Jesucristo”, quien tras su bautismo se retiró al desierto antes de iniciar su misión (cf. Mt 4,1-11). Este tiempo culminaba con el bautismo de los catecúmenos en la Pascua. Otros autores sitúan su consolidación en los siglos III y IV, siendo establecida oficialmente en el Concilio de Nicea en el año 325, en relación con la fecha movible de la Pascua.

Inspirado en Agustín de Hipona, el obispo de Marabá recuerda que el número cuarenta tiene un simbolismo bíblico, vinculado al ayuno de Cristo tras su bautismo. El santo invitaba a vivir estos días “con humildad y amor al prójimo”, en comunión con la Pasión, Muerte y Resurrección del Señor. Asimismo, exhortaba a ofrecer a Dios “obras acordes con el período especial de la Cuaresma”, es decir, oración, ayuno y limosna, vividas con discreción, como enseña el Evangelio. Cada año, explica Mons. Corbellini, se renueva así “un recuerdo perpetuo de su Pasión, Muerte y Resurrección”.

“Vino a morar entre nosotros”

El lema de la Campaña de Fraternidad 2026: “Vino a morar entre nosotros”, expresa para el obispo la centralidad de la Encarnación. Cristo “asumió todo lo que es propio del ser humano, excepto el pecado”, venció la muerte y vive para que los creyentes luchen por “una vivienda digna, con políticas públicas que ayuden a todas las personas a tener un hogar”.

Mons. Corbellini subraya que, así como la Iglesia primitiva exhortaba a practicar ayuno, oración y caridad, hoy la Iglesia llama a vivir la Cuaresma “en unidad con las personas que sufren, para que tengan tierra, techo y trabajo”. La invitación es: vivir este tiempo en comunión con el Señor y con quienes necesitan una vivienda digna “aquí y ahora, y un día en la eternidad”.

Habitar es existir

En la misma línea, el arzobispo de Natal (RN), João Santos Cardoso, publicó el 26 de febrero una reflexión titulada “Habitar es existir: la casa como forma de estar en el mundo”. Allí hace referencia a que la vivienda “no es solo un problema social urgente; afecta la estructura misma de la existencia”.

Apoyándose en el filósofo alemán Martin Heidegger y su ensayo Construir, Habitar, Pensar (1951), recuerda que “habitar es la forma de ser de los mortales en la tierra”. Según esta perspectiva, el ser humano no simplemente ocupa un espacio: lo habita, lo cuida y lo preserva.

El arzobispo explica que Heidegger distingue entre construir y habitar, e incluso invierte el orden habitual: “construimos porque ya habitamos, construimos porque somos”. Así, edificar una casa no es solo levantar muros, sino crear condiciones para una presencia arraigada y protegida.

La casa es un lugar de memoria, vínculos y cuidado

Desde esta mirada, la casa es más que un refugio funcional: es “un lugar de memoria, de vínculos y de cuidado”. Por eso, cuando alguien pierde su hogar o vive en precariedad, “no solo pierde un techo: sufre una herida existencial”. La inseguridad habitacional compromete la estabilidad, la dignidad y la capacidad de proyectar el futuro.

El Texto Fundamental de la Campaña de Fraternidad 2026, recuerda el arzobispo, advierte que la falta de vivienda digna revela “graves carencias humanas y sociales”. Sin un lugar estable, la vida se fragmenta y se debilita la experiencia de pertenencia.

Mons. Cardoso resalta que la Encarnación revela que Dios mismo asumió una morada humana: el Verbo “entra en la experiencia concreta de habitar” y comparte la vida cotidiana de una casa. De este modo, promover una vivienda digna es también defender la dignidad humana.No se trata solo de proporcionar paredes y techo, sino de facilitar el cuidado, la estabilidad, las conexiones y el sentido”, asegura. Porque, en definitiva, “habitar es existir con raíces”.

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