La Imagen Venerada de la Virgen del Carmen de La Tirana regresó a su altar en el santuario del mismo nombre, tras culminar un proceso de restauración. La jornada congregó a miles de peregrinos, bailes religiosos y comunidades del norte de Chile, que vivieron el reencuentro como un signo de renovación de la fe.
La celebración se desarrolló el sábado 28 de febrero y comenzó alrededor de las 17:00 horas en la Cruz del Calvario. Desde allí partió la procesión hacia el templo, acompañada por equipos de servicio y agrupaciones de bailes religiosos. En ese lugar dirigieron palabras el rector del santuario, padre Eduardo Parraguez, y el obispo de la diócesis de Iquique, Mons. Isauro Covili Linfati, quien presidió posteriormente la Eucaristía.
Durante el trayecto fueron llevados los signos más representativos de la devoción carmelitana: las coronas de la Virgen y del Niño Jesús, la banda tricolor y el escapulario, portados por una religiosa, un carabinero y representantes de los bailes y equipos pastorales. La imagen salió al encuentro del pueblo reunido en la explanada, en un momento de alegría.
Contemplar la belleza de la imagen
Al inicio de la Misa, la sagrada imagen fue revestida con la banda tricolor, el escapulario y sus coronas, signos del amor del pueblo creyente. La celebración fue concelebrada por el arzobispo de Puerto Montt, Mons. Luis Ramos Pérez, junto al rector del santuario.
En su homilía, monseñor Covili señaló que María continúa convocando a la unidad y al encuentro: “La Madre, como de costumbre, nos permite encontrarnos y encontrarnos como Iglesia. Cada uno desde su identidad, desde donde celebra y vive su fe, hoy es convocado a esta hermosa celebración para contemplar esta bella imagen de María, esta pieza de arte que ha sido restaurada”.
El obispo explicó que la intervención fue un proceso vivido con respeto, estudio y espiritualidad.
Restauración que invita a la conversión
Desde esa experiencia, invitó a los fieles a dejarse restaurar también interiormente: “La Iglesia es un taller de restauración. Para restaurarnos debemos conocer primero nuestra verdad, nuestras heridas, nuestras grietas, pero también la esperanza y la disposición que hay en cada uno”.
Asimismo, manifestó la importancia del silencio y la oración como caminos de sanación: “La restauración exige un silencio no estéril, sino un silencio habitado por Dios, por su misericordia y por la presencia de María. Ese silencio orante es fundamental para sanar la vida personal, las familias, las comunidades, la sociedad y también el ámbito político y social”.
En esa línea, recordó que todo proceso de restauración apunta a recuperar la belleza original con la que Dios creó al ser humano: “Hemos sido creados a imagen y semejanza de Dios, en la belleza de la Trinidad. Por eso, los procesos de restauración son para conquistar belleza y volver a esa imagen primera con la que Dios nos creó”.
María, Madre que anuncia vida
Al reflexionar sobre el Evangelio, el obispo insistió en que María no pertenece a ningún grupo en particular, sino que es Madre de todos: “María no es propiedad de nada ni de nadie. Es la mujer creyente que permaneció al pie de la cruz, que atravesó el dolor, pero que creyó profundamente en la palabra de su Hijo: ‘al tercer día resucitaré’. Por eso, la cruz y la muerte no tienen la última palabra; la última palabra siempre la tiene la vida”.
Animó a la comunidad a asumir su misión en un contexto de sufrimiento y violencia: “Somos el Cuerpo Místico de Cristo resucitado, llamados a anunciar la vida, el Reino y la esperanza en medio de tantos signos de muerte y de guerra”.
Durante el ofertorio, integrantes de la comisión de restauración presentaron un libro que documenta detalladamente todo el proceso realizado a la imagen, cuya talla en madera data del siglo XVIII.
Memoria, identidad y esperanza
Antes de la bendición final, el responsable del taller de arte religioso “Todos Santos”, Max Chumbiauca, compartió el testimonio del equipo restaurador, integrado también por Edmundo Laguna, Justo Soncco, Bryan Delgado y Masedonio Sánchez, explicando que la intervención fue precedida por un diagnóstico exhaustivo que permitió aplicar criterios internacionales de conservación.
“El objetivo no fue dejarla como nueva, sino devolverle estabilidad, claridad y dignidad, conservando su historia para las futuras generaciones”, afirmó, subrayando además la dimensión espiritual del trabajo: “Restaurar no es solo intervenir materia, sino custodiar memoria, identidad y esperanza. Sentimos que mientras devolvíamos estabilidad a la Virgen, ella también nos devolvía calma, sentido y propósito”.
Al concluir la celebración, el padre Eduardo Parraguez agradeció a la comisión de restauración, a las autoridades eclesiales, a los equipos litúrgicos y a las comunidades que participaron presencialmente o a través de los medios de comunicación. Invitó, además, a vivir la Cuaresma como un tiempo oportuno para restaurar el corazón y fortalecer la fe.
La jornada culminó con la bendición impartida por monseñor Covili y el ingreso solemne de la Imagen Venerada al santuario, donde fue colocada nuevamente en su altar y saludada con cantos y danzas por los peregrinos.
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