A propósito del Día Internacional de la Mujer, instituido por las Naciones Unidas y celebrado cada 8 de marzo, el espacio Rostros y Voces del Ecosistema de Medios ADN Celam conversó con Catherine López, abogada y docente universitaria uruguaya dedicada a la promoción de los derechos de las mujeres.
La abogada uruguaya, invitada especial al espacio, compartió su labor dentro de la comisión de Justicia, Paz e Integridad de la Creación de la provincia San José del Sur de los misioneros claretianos, instancia que promueve acciones pastorales en varios países del Cono Sur. Según observó, desde esta plataforma impulsa La Fragua, un proyecto nacido en 2016 para acompañar a mujeres afectadas por la violencia de género.
Una fragua para transformar el dolor en esperanza
Según explicó López, La Fragua recibe su nombre en homenaje a San Antonio María Claret, fundador de los misioneros claretianos, y evoca un lugar de transformación interior donde el sufrimiento puede convertirse en fortaleza. El proyecto reúne a laicas, laicos, religiosos y sacerdotes comprometidos con el acompañamiento de mujeres víctimas de violencia y de sus familias.
Aunque no se compromete con una cifra exacta, López estima que entre 25 y 35 mujeres han sido acompañadas de manera directa. Aun así, destaca que el impacto del proceso supera cualquier estadística, resalta que cada proceso de liberación de la violencia tiene un impacto que se extiende a la familia y al entorno social de la mujer.
Violencias invisibles y estructuras persistentes
Según advierte la abogada, la violencia física no es la única forma de agresión contra las mujeres, aunque sea la más visible. Resalta que muchas mujeres padecen también violencia psicológica, económica, sexual y laboral, formas que deterioran profundamente su dignidad. Asimismo, recuerda que numerosas mujeres experimentan situaciones de violencia en su vida diaria al transitar por espacios públicos.
Si bien asegura que existen marcos legales modernos orientados a la protección de las mujeres, subsisten estructuras culturales patriarcales que resultan complejas de cambiar. Modificar estos patrones culturales implica impulsar procesos educativos permanentes en la familia y en la comunidad.
Romper esa dinámica de la violencia, sostiene, no es un proceso sencillo, porque sigue primando la dependencia económica, los lazos afectivos o la preocupación por los hijos haciendo difícil tomar la decisión de dar ese paso. Es así, como menciona que el acompañamiento cercano es esencial para que la mujer reconozca sus derechos y fortalezca su autonomía sin temor a nada.
Educación y acompañamiento para construir paz
Según explica López, el primer espacio para prevenir la violencia es el hogar. Afirmó que educar a las niñas en el reconocimiento de su dignidad y a los niños en el respeto hacia las mujeres constituye un paso fundamental para superar estructuras injustas. De allí que destaque la responsabilidad de las familias en la formación para la vida plena y la convivencia equitativa.
A partir del trabajo desarrollado en La Fragua, López sostiene que cada mujer que logra fortalecerse aporta un paso hacia la paz y la justicia. Por ello, invita a quienes atraviesan estas situaciones se acerquen a pedir ayuda y confiar en los mecanismos legales que existen para su protección.
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