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Cardenal Chomali presenta carta pastoral “Crisis y misión”: “Vivimos un momento decisivo en la transmisión de la fe”

En el inicio del Año Pastoral de la Iglesia de Santiago, el arzobispo de la capital chilena, el cardenal Fernando Chomali, presentó la carta pastoral Crisis y misión. Carta a los católicos de la Arquidiócesis de Santiago, un documento en el que invita a reconocer con realismo la situación actual de la fe y a renovar el impulso misionero de la Iglesia.

La presentación se realizó el sábado 14 de marzo durante un encuentro pastoral celebrado en el Colegio Sagrados Corazones del Arzobispado de Santiago, que reunió a cerca de dos mil representantes de parroquias, movimientos, colegios y comunidades eclesiales. La jornada marcó el comienzo del nuevo año pastoral y se propuso como un espacio de oración, escucha y discernimiento comunitario en torno a las orientaciones pastorales de la arquidiócesis.

Al dirigirse a los fieles, el cardenal explicó que la carta nace de un proceso de reflexión espiritual y pastoral sobre la situación actual de la Iglesia. “Quiero dirigirme a ustedes para compartir esta reflexión fruto de un largo discernimiento y oración”, escribió en el documento.

Gratitud por la fe vivida en las comunidades

En el inicio de la carta, el arzobispo expresa su agradecimiento por el testimonio de fe de los católicos de Santiago y por su compromiso en los diversos ámbitos de la vida cotidiana. “Es muy hermoso contemplar en ustedes tanto amor generoso con el que llenan sus vidas para vivir la fe cristiana con hondura”, dice, mencionando especialmente los espacios donde la fe se hace presente, como la familia, el trabajo, las parroquias, las capillas, los colegios y las universidades.

Sin embargo, advierte que ese testimonio no debe impedir reconocer las dificultades actuales: “Todo lo bueno que podemos apreciar en nuestra labor como cristianos no puede hacernos cerrar los ojos ante los grandes desafíos que tenemos”.

Por ello invita a mirar la realidad con sinceridad y esperanza: “Quiero invitarlos ahora a mirar las dificultades que tenemos, pero con confianza y esperanza”, recordando las palabras de Jesucristo: “Yo he vencido al mundo”.

Crisis visible en los datos sobre la fe

En la carta pastoral, el cardenal presenta diversos datos que reflejan cambios significativos en la vivencia religiosa en Chile, basados en estudios recientes como la Encuesta Bicentenario de la Pontificia Universidad Católica de Chile.

Según estos estudios, hace veinte años el 90 % de los chilenos afirmaba creer en Dios, mientras que hoy la cifra se sitúa en torno al 70 %. Más significativa es la disminución de quienes se identifican como católicos: si en 2006 representaban el 70 % de la población, en 2025 el porcentaje ha descendido al 44 %. El documento advierte que, si la tendencia continúa, en el año 2035 el número de creyentes podría descender al 60 %, mientras que solo un 34 % de los chilenos se declararía católico.

Además, el cardenal señala que la participación litúrgica también ha disminuido. Aunque muchas personas participan en celebraciones como la Navidad, la Semana Santa o la fiesta de la Inmaculada Concepción, son menos quienes mantienen un vínculo estable con una parroquia o comunidad. Esta realidad se refleja también en la vida sacramental. “La parroquia no se ha convertido para muchos en una mera dispensadora de servicios religiosos”, plantea el texto, cuestionando si el sacerdote es percibido únicamente como “un funcionario de lo sagrado”.

Distanciamiento de los jóvenes y crisis vocacional

Uno de los aspectos que más preocupa al cardenal es el distanciamiento de los jóvenes respecto de la fe y de la Iglesia. En 2006, el 12 % de los jóvenes declaraba no tener religión; en 2025 esa cifra se triplicó hasta el 36 %. Asimismo, el documento señala que muchos jóvenes que crecieron en familias y colegios católicos han abandonado la práctica religiosa.

Otro dato que el arzobispo considera especialmente alarmante es la disminución del interés por transmitir la fe a las nuevas generaciones. Mientras que en 2013 el 19 % de los católicos decía no tener mucho interés en transmitir la fe a sus hijos, en 2024 esa cifra aumentó al 57 %.

También se observa una disminución significativa en el número de vocaciones sacerdotales. En 2010 había 255 seminaristas diocesanos en Chile; actualmente son 77. “Ya hay muchas parroquias sin párroco estable y en diez años más el escenario será aún mucho más desolador”, advierte el cardenal.

Cambios culturales que afectan la vida de fe

Más allá de los números, la carta intenta comprender las causas culturales que influyen en esta situación. El cardenal menciona entre ellas el creciente individualismo, la exaltación de la autonomía personal y la pérdida del sentido de comunidad, fenómenos que afectan tanto a la familia como a las instituciones sociales.

Se hace cada vez más difícil la valoración de un bien común que implica muchas veces sacrificio o postergación de uno mismo”, explica. Estos cambios también se reflejan en la experiencia de soledad que viven muchas personas, especialmente los jóvenes. El documento recuerda que el 62 % de los jóvenes afirma haberse sentido solo recientemente y que un número significativo experimenta sentimientos de fracaso o falta de sentido en la vida.

A esta situación se suma el impacto de los abusos cometidos dentro de la Iglesia, que han generado una honda desconfianza social. El cardenal reconoce que todos estos factores configuran una crisis: “Hay que decir con toda claridad que este cambio en el modo de ser de los chilenos representa una grave crisis en lo que concierne a la fe”.

Discernir la crisis como una oportunidad

Pese al diagnóstico crítico, el cardenal insiste en que la crisis no debe interpretarse como un motivo de resignación. “No faltan quienes plantean que no tenemos nada de qué preocuparnos… pretendiendo que la ausencia de fe forma parte del plan de Dios. ¡Yo no creo eso!”, sostiene.

Por el contrario, propone un discernimiento pastoral que permita comprender mejor la realidad y encontrar nuevos caminos para anunciar el Evangelio: “Urge discernir los tiempos que vivimos”, sostiene, invitando a preguntarse por qué la evangelización actual no produce los frutos esperados y cómo responder a las inquietudes del mundo contemporáneo.

En el corazón de la carta pastoral se encuentra la afirmación de la centralidad de Jesucristo en la vida de la Iglesia: “Para nosotros, Jesucristo es el tesoro más valioso que hemos encontrado en el camino de nuestra vida”, manifiesta el cardenal. Cristo es presentado como “la gran respuesta de amor que Dios quiere ofrecerle al mundo”, fuente de justicia, paz y plenitud para la humanidad.

Por ello, el arzobispo señala que la renovación de la Iglesia debe comenzar por un encuentro personal con Jesús a través de la Palabra, la Eucaristía, los sacramentos y la vida comunitaria. También advierte que la fe cristiana no puede reducirse a un conjunto de normas morales. “La fe católica no es una moral… no es un conjunto de normas que cumplir para estar bien con Dios”, explica.

Iglesia con alma misionera

La carta alienta a renovar el dinamismo evangelizador de la Iglesia. “El desafío es enorme, pero vale la pena porque creer es fuente de alegría, de esperanza y de sentido”, asegura la autoridad eclesial.

Inspirándose en el llamado del Papa Francisco a ser una “Iglesia en salida”, el arzobispo invita a que la misión no sea solo una actividad ocasional, sino parte esencial de la identidad cristiana. “Llegó la hora de que la Iglesia, más que disponerse a hacer una nueva misión, tenga alma misionera”, sostiene.

Entre las propuestas, el cardenal anima a fortalecer la vida comunitaria, promover una mayor participación de los laicos, impulsar una cultura sinodal y utilizar creativamente las redes sociales para evangelizar. Asimismo, pone de relieve la importancia de la oración, la celebración de la Eucaristía dominical y el testimonio cristiano en la vida cotidiana. “El mundo cree hoy más a los testigos que a los maestros”, recuerda, citando a san Pablo VI.

Esperanza en medio de la crisis

“Hacerse cargo de la crisis no es introducir pesimismo, sino estar atentos a los tiempos que vivimos para salir a su encuentro”, expresa el cardenal al concluir la carta, manifestando su esperanza en el futuro de la Iglesia y en la acción de Dios en medio de las dificultades.

El mensaje final está confiado a la intercesión de la Virgen María, a quien presenta como modelo de discípula y misionera. “Pidamos a la Virgen María, nuestra Madre, que nos guíe hacia Jesús”, concluye.

La carta pastoral fue firmada en Santiago de Chile el 14 de marzo de 2026, en vísperas de las celebraciones pascuales, y se propone como una guía para el camino pastoral de la arquidiócesis en los próximos años.

Descarga aquí.

CRISIS Y MISIÓN 2026 - final

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