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A cincuenta años del golpe en Argentina, Iglesia urge memoria, diálogo y convivencia democrática

El próximo 24 de marzo, se conmemora cincuenta años del golpe de Estado en Argentina, la Conferencia Episcopal difundió un mensaje en el que renueva el compromiso con la memoria, la verdad y la justicia, y exhorta a seguir construyendo una democracia como principio fundamental en la defensa de la vida.

En el pronunciamiento difundido este 19 de marzo por la Comisión Permanente, los obispos recuerdan la gravedad del terrorismo de Estado, una de las etapas más dolorosas de esta nación, y señalan que el retorno democrático en 1983 inició un proceso que aún requiere consolidarse.

El texto vuelve a enfatizar el “nunca más” a la violencia dictatorial y el “siempre más” a una democracia centrada en la dignidad humana. En ese marco, los obispos reconocen la gravedad de lo acontecido en esos años y comprende la necesidad de una autocrítica de la sociedad y la Iglesia que ayude redescubrir y reconstruir el sentido de la fraternidad entre los argentinos para no repetir los errores.

Memoria que ilumina el presente

Manteniendo las enseñanzas del Papa Francisco, los obispos alertan sobre el riesgo de olvidar o minimizar lo sucedido. Enfatizan que una memoria “íntegra y luminosa” resulta esencial para fortalecer la conciencia colectiva y honrar a las víctimas, en particular a las de desaparición forzada, cuyo sufrimiento sigue presente en sus familias.

La Iglesia advierte que ninguna nación puede fundar su libertad sobre la violencia ni en la transgresión de los derechos humanos. En cambio, el ejercicio de la memoria ayuda a asumir con responsabilidad los retos actuales y a encaminarse hacia una convivencia más justa.

Democracia con inclusión y dignidad

El documento afirma que la democracia alcanza su plenitud cuando se orienta al bien común y promueve el desarrollo humano integral. En esa línea, los obispos instan a poner en el centro a los sectores más vulnerables y a promover una sociedad inclusiva, especialmente con quienes viven en situaciones de pobreza o exclusión.

Los obispos señalan que una democracia pierde fuerza cuando deja a sectores al margen, cuando no garantiza condiciones básicas o que abandona a los jóvenes frente a flagelos como el consumo problemático y la trata de personas. En este marco, subraya la centralidad del trabajo digno como pilar de la vida social, en cuanto asegura sustento, dignidad y pertenencia.

Un proyecto estratégico de desarrollo social solo se logra cuando hay educación de calidad, oportunidades de empleo y prosperidad, privilegiando a los ancianos y a los niños. Esto, aseguran, daría lugar a la esperanza activa y a la no violencia que tanto requiere la nación.

Diálogo frente a la polarización y la violencia

El mensaje también alerta sobre el crecimiento de corrientes autoritarias y de discursos que exacerban la confrontación. Aseguran que los populismos y la ideología de la supervivencia no representan soluciones reales y ponen en peligro la vida democrática.

Frente a este escenario, aseguran es necesario rehabilitar la política al servicio de la dignidad humana, que promueva el cuidado ambiental y la paz. Al mismo tiempo, destacan la necesidad de reabrir espacios de diálogo sincero que hagan posible la amistad social y una cultura del encuentro sin exclusiones.

También advierten sobre la necesidad de rechazar toda forma de violencia, incluida la verbal, que a menudo se naturaliza en redes sociales, espacios públicos y debates políticos. En sintonía con el Papa León XIV, invitan a dejar de lado el lenguaje agresivo y a promover palabras que fomenten el respeto, la esperanza y la paz.

Compromiso con el bien común

En el cierre del mensaje, la Conferencia Episcopal reafirma que no hay democracia sin respeto absoluto a la dignidad humana y sin convivencia fraterna. En este sentido, observa que cualquier forma de violencia socava la vida democrática y reafirma que el diálogo y la participación son el único camino.

Los obispos también resaltan la importancia de un Estado activo y eficiente que garantice derechos, fomente la igualdad y haga posible la participación plena de todos en la vida social. «La Constitución Nacional es la ley suprema, si en todo el territorio del país se garantizaran los derechos y se cumplieran las obligaciones que esta manda, todos viviríamos con mayor dignidad», plantean.

Al concluir, los obispos confían la nación a Dios y a la Virgen de Luján, pidiendo la gracia de avanzar hacia una sociedad más solidaria, donde la memoria, la justicia y el compromiso colectivo hagan posible una convivencia democrática.

 

260310 - Mensaje de la Comisión Permanente. «Nunca más» a la violencia de la dictadura y «siempre más» a una democracia justa

 

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