Tras celebrar la eucaristía del Domingo de Ramos en la Basílica Santuario de Nuestra Señora de la Caridad, el arzobispo de Santiago de Cuba, Dionisio García Ibáñez, invitó a contemplar la entrada de Jesús en Jerusalén como un signo de humildad que interpela la fe y la vida cotidiana del cristiano . Al iniciar la Semana Santa, señaló que el Señor se manifiesta como un Rey cercano que, dejando su condición divina, vino al mundo a ofrecer la salvación.
El arzobispo explicó que los evangelios recientes delinean un proceso de fe construido desde el encuentro directo con el Señor. Al recordar a la samaritana, al ciego de nacimiento y a Marta, resaltó que en cada uno se expresa una convicción firme: “Yo creo”. Subrayó que estos signos reflejan la reafirmación de fe de la persona.
En esa línea, subrayó que la fe no puede reducirse a lo superficial, sino que debe brotar de un encuentro permanente y real con el Señor, esta —afirmó— se sostiene aun en tiempos de incertidumbre. “¿Por qué dudamos ante el poder de Dios?”, cuestionó, alentando a percibir su presencia en medio de las situaciones humanas.
Entre la luz y la oscuridad
En ese contexto, explicó que Jesús entra en Jerusalén entre la alegría del pueblo que cree en Él, mientras los demás, la trama por detrás, urdiendo cómo cogerlo para condenarlo. Esta realidad, —afirmó— pone en evidencia el contraste entre el proyecto de Dios y las dinámicas humanas dominadas por intereses y exclusiones.
El prelado afirmó que Jesús no responde a las expectativas de un Mesías político y poderoso, sino que revela un Reino que se sostiene en la justicia, el amor y la fidelidad a la voluntad del Padre. Indicó que su autoridad se evidencia en su coherencia con los mandamientos y en su cercanía con todos.
- Foto: Arzobispado de Santiago de Cuba
La cruz como camino de vida
Al abordar el sentido de la Semana Santa, el arzobispo indicó que el camino de Cristo lleva a la cruz, pero no se detiene en ella. Subrayó que la pasión, la traición y la debilidad humana se inscriben en una historia que culmina en la resurrección, eje de la esperanza cristiana.
Animó a los fieles a asumir sus propias cruces con sentido de ofrenda, recordando que el dolor no tiene la última palabra. Remarcó que la vida cristiana implica perseverancia y fidelidad, incluso cuando el Evangelio exige decisiones difíciles.
Vivir la Semana Santa con profundidad
El prelado llamó a vivir este tiempo con intensidad espiritual, dejando de lado lo superficial para centrarse en lo esencial. Invitó a la oración, a participar en las celebraciones y a convertir los hogares en espacios donde Dios sea acogido, como lo simboliza el ramo bendito.
Cerró su reflexión destacando que la muerte de Cristo es origen de vida para todos y que su entrega proyecta un horizonte de salvación para la humanidad. Animó a renovar la fe con la convicción de quienes se encontraron con Jesús, proclamando: “Señor, yo creo”.
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