Al celebrar la Iglesia católica este 24 de marzo el Domingo de Ramos, monseñor José Domingo Ulloa Mendieta, arzobispo de Panamá y presidente de la Conferencia Episcopal Panameña, presidió una eucaristía donde exhortó a los presentes a vivir la Semana Santa como un tiempo fecundo para el encuentro personal con Cristo, guiado por momentos de reflexión, silencio y cambio.
Asimismo, el prelado agradeció el esfuerzo grande, constante y silencioso de aquellos colaboradores, que sin protagonismo, pero con un auténtico signo de fe sostienen la vida comunitaria de la Iglesia. «Gracias a su dedicación, nuestras comunidades pueden vivir con dignidad y belleza este signo tan significativo con el que proclamamos a Cristo como nuestro Rey».
- Foto: Episcopado panameño
Del entusiasmo a la coherencia de vida
En la homilía, el arzobispo panameño hizo hincapié en el contraste que marca el Domingo de Ramos, desde la aclamación entusiasta hasta la narración de la Pasión, señalando que esta realidad también se manifiesta hoy en la vida de los fieles, muchas veces atravesada por contradicciones entre la fe y las acciones.
El prelado invitó a los fieles a examinar su papel en la Pasión de Cristo, admitiendo que, en distintos momentos, se puede actuar con fidelidad o caer en la debilidad. Asimismo, insistió en que la Semana Santa es un tiempo propicio para frenar la rutina y reflexionar sobre las preguntas esenciales de la existencia.
Un llamado a mirar el sufrimiento actual
Comparando el sufrimiento de Jesús con las realidades actuales, Ulloa Mendieta advirtió que ese dolor se hace presente en las injusticias, la violencia, la corrupción y la exclusión que golpean a Panamá. «Cristo sigue siendo crucificado en las familias divididas, en la violencia que golpea nuestros barrios, en los jóvenes que pierden el sentido de la vida, en los ancianos que se sienten solos y olvidados», aseguró.
- Foto: Episcopado panameño
Frente a esta dolorosa realidad, animó a no dar la espalda al dolor de los demás, sino a mirarlo con cercanía y compromiso solidario. Destacó que la cruz, asumida con Cristo, no lleva al fracaso, sino que abre a la esperanza y a una vida renovada.
Semana Santa como tiempo de encuentro y renovación
Finalmente, el arzobispo subrayó que estos días constituyen una oportunidad especial para la conversión personal y comunitaria, por lo que llamó a los fieles a vivir la Pasión no desde la distancia, sino con una fe comprometida que se traduzca en acciones concretas.
El prelado exhortó a quienes acompañan las celebraciones a distancia, por enfermedad o por otra circunstancia, a transformar sus espacios en ámbitos de oración y cercanía con Dios, subrayando que la comunión espiritual fortalece a la Iglesia. Concluyó invitando a vivir este tiempo con coherencia y profundidad, evitando una fe superficial.
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