El obispo Manuel de Jesús Rodríguez, de la diócesis de Palm Beach (Florida), a través de una columna escrita luego de su reciente visita pastoral a Cuba, exhortó a la solidaridad con el pueblo cubano. El prelado estuvo presente en la toma de posesión de Osmany Massó Cuesta, una celebración que, según afirmó, reflejó la vitalidad de la fe en la comunidad católica.
Pese al ambiente festivo por la celebración, el obispo advirtió que la realidad exterior es profundamente preocupante. A su juicio, lo que constató —según indicó— no se limita a carencias económicas, sino que constituye una crisis humanitaria extendida que afecta de manera directa la vida de la población.
- Vida diaria en la Habana
Escasez de alimentos y deterioro del sistema sanitario
Dentro de su escrito, publicado en las redes de la diócesis de Palm Beach, el prelado señala que una de las manifestaciones más visibles de la crisis en la isla es la falta de acceso a alimentos. Las familias deben enfrentarse a extensas filas bajo el sol para intentar adquirir productos esenciales, a menudo sin éxito. Este panorama —subraya— impacta con mayor dureza a niños y adultos mayores, en quienes ya se perciben señales de desnutrición.
El obispo advierte que la situación se agrava con el deterioro del sistema sanitario. Señala que hospitales y clínicas operan con recursos limitados y que muchos tratamientos no pueden realizarse o quedan inconclusos . En este contexto, enfermedades tratables en otros lugares se transforman en riesgos mayores debido a la escasez de recursos básicos.
Un clima social marcado por la desesperanza
Frente a este panorama, el obispo advierte un clima generalizado y creciente de desánimo y desesperanza. “Se percibe en las calles, en las conversaciones, en la mirada de la gente”, observó, al describir la angustia silenciosa de quienes no ven un camino claro hacia adelante.
Según expone, el impacto de esta realidad se extiende a innumerables cubanoamericanos e inmigrantes cubanos, “cuyos corazones permanecen inseparablemente unidos a esa tierra sufriente”. En zonas como el sur de Florida, donde reside una significativa diáspora, la crisis se vive de manera indirecta pero cercana, a través de familiares en la isla.
Un llamado a la acción solidaria y responsable
Ante esta situación, el obispo de Palm Beach afirma que no es posible permanecer indiferente: “hacerlo sería una falta no solo de caridad, sino también de conciencia”. La cercanía con Cuba —señala— implica una responsabilidad ética, por lo que llama a responder con acciones concretas de solidaridad.
La invitación del obispo es a no mantenerse al margen. Propone intensificar la oración, pero también canalizarla en acciones concretas, como el impulso de programas de ayuda humanitaria en áreas prioritarias como la nutrición y la salud. Asimismo, destaca el compromiso de la diócesis de Palm Beach de coordinar acciones con la Iglesia en Cuba para canalizar ayuda.
En el marco de la Semana Santa, el obispo plantea una lectura creyente del sufrimiento del pueblo cubano como reflejo del dolor humano que interpela la fe. A su juicio, acompañar a quienes padecen esta crisis es una forma concreta de vivir el compromiso cristiano con los más vulnerables.
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