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Cáritas Chile celebra 70 años como signo vivo de la caridad en la clausura de la Asamblea Episcopal

En la clausura de la 133.ª Asamblea Plenaria de la Conferencia Episcopal de Chile (CECh), el arzobispo de La Serena y presidente del episcopado chileno, Mons. René Rebolledo Salinas, presidió la Eucaristía en la Catedral Metropolitana de Santiago, donde subrayó el valor de los 70 años de Cáritas Chile como expresión del amor cristiano hacia los más necesitados.

Durante la celebración, el prelado habló sobre el carácter eclesial de la liturgia, señalando que “el Señor Jesucristo nos convoca para elevar nuestra acción de gracias al Padre de misericordia”, en un clima de comunión y gratitud por la vida de la Iglesia en el país.

En ese contexto, dijo que la clausura de la Asamblea es también una ocasión para agradecer “la comunión fraterna, la oración, la reflexión y el discernimiento pastoral”, vividos por los obispos, poniendo en el centro la acción de Dios en el caminar del pueblo.

Gratitud por 70 años

Durante la homilía se hizo un reconocimiento a Cáritas Chile en su 70° aniversario. Mons. Rebolledo expresó que se da gracias por “el inmenso bien realizado por esta institución, en silencio y generosidad, al servicio de los más pobres y necesitados”.

Saludó a diversas autoridades eclesiales, entre ellas el cardenal Fernando Chomalí, el cardenal Celestino Aós y el nuncio apostólico Kurian Vayalunkal, junto a representantes de Cáritas, resaltando especialmente la labor de su presidente, Mons. Moisés Atisha Contreras.

En nombre del episcopado, agradeció el servicio de quienes trabajan en esta institución, señalando que ofrecen “un signo concreto de amor, una palabra de consuelo y una presencia fraterna” a quienes viven en medio del dolor y la incertidumbre.

El signo de los panes

Al reflexionar sobre el Evangelio de la multiplicación de los panes (Jn 6, 1-15), el arzobispo remarcó la mirada compasiva de Jesús ante la multitud: “vio el gran gentío que acudía a Él”, planteando a sus discípulos el desafío de responder al hambre.

Recordó las palabras de Felipe: “no bastarían”, y el gesto del muchacho que ofrece “cinco panes… y dos pescados”, subrayando la aparente insuficiencia de los medios humanos frente a las grandes necesidades.

Este pasaje, explicó, revela la lógica de Dios, donde lo pequeño, puesto en sus manos, puede transformarse en abundancia para todos.

Eucaristía y gratuidad

Mons. Rebolledo ahondó en el gesto de Jesús que “tomó los panes, dio gracias y los repartió”, resaltando que estos verbos anticipan el misterio eucarístico y muestran a Cristo como quien “bendice, multiplica y comparte”.

En este sentido, manifestó que la gratuidad es el fundamento del don, una enseñanza central para la vida cristiana y para la acción caritativa de la Iglesia.

A su vez, hizo hincapié en el signo de las “doce canastas”, que evocan la totalidad del Pueblo de Dios y el llamado a compartir no desde lo que sobra, sino desde lo que realmente necesitan los demás.

Caridad que transforma

El presidente de la CECh subrayó que el mensaje del Evangelio interpela a responder a múltiples necesidades, no solo materiales, sino también humanas y espirituales. Citando al Papa León XIV, recordó que Jesús “tiene compasión del pueblo hambriento” y llama a sus discípulos a hacerse cargo.

En esta línea, planteó que la acción de la Iglesia a lo largo de la historia ha estado marcada por el servicio a los pobres, siendo esta la inspiración de Cáritas en sus distintos niveles.

De este modo, aseguró que, en sus 70 años, Cáritas “es un verdadero signo profético en la vida de la Iglesia”, pues testimonia la fraternidad, promueve la solidaridad y “denuncia silenciosamente… las injusticias”.

Colaboración y entrega

La homilía también puso énfasis en la colaboración entre la acción humana y la gracia de Dios. “El ser humano aporta lo que tiene, y el Señor realiza su obra”, expresó, evocando nuevamente el gesto de los cinco panes y dos peces.

En este sentido, resaltó la entrega de quienes sirven en Cáritas, quienes “donan su tiempo” y “entregan su vida” en el acompañamiento a los más necesitados.

Inspirado en Alberto Hurtado, citó: “Puedo mucho si estoy en Cristo”, expresando que una caridad arraigada en Él “puede cambiar el mundo”.

Ofrecer lo que eres y lo que tienes

El arzobispo señaló que, aunque el aporte humano parezca insuficiente, es necesario y fecundo cuando se ofrece a Dios, una experiencia que —dijo— la Iglesia vive cotidianamente.

Además, recordó que en la Eucaristía los fieles participan del “triple Cuerpo” de Cristo: su Palabra, su Cuerpo y Sangre, y la comunidad, llamada a ser presencia viva en el mundo.

Desde esta perspectiva, animó a las comunidades a imitar el gesto del muchacho del Evangelio, ofreciendo lo que son y tienen, confiando en que Dios puede transformarlo en bendición abundante.

Misión con María

Mons. Rebolledo invitó a pedir un corazón compasivo, capaz de “ver el sufrimiento de los hermanos” y trabajar por una sociedad más fraterna y solidaria.

Encomendó la misión de Cáritas a la Virgen del Carmen, en el contexto del centenario de su coronación, para que siga acompañando a la Iglesia en su servicio a los pobres.

“Sepamos ser en medio del mundo signos vivos de la caridad de Cristo”, concluyó, manifestando el compromiso de la Iglesia en Chile con los más vulnerables, en una celebración de memoria agradecida de siete décadas de servicio solidario.

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