Desde Santa Marta, Colombia, la primera conferencia internacional orientada a la transición más allá de los combustibles fósiles se convirtió en un espacio de articulación global donde líderes religiosos, expertos y representantes de la sociedad civil manifestaron que la crisis climática exige respuestas colectivas, urgentes y centradas en la dignidad humana.
En este contexto, el webinar internacional, organizado con la participación de redes y organismos eclesiales, tuvo el objetivo de conectar las vivencias locales con el debate global en un momento decisivo para el planeta.
Este webinar permitió amplificar las voces de quienes, desde distintos territorios y experiencias, trabajan por la justicia climática y el cuidado de la casa común.
Punto de inflexión tras la COP30
La conferencia surge en un escenario marcado por la falta de consensos en la COP30, donde no se logró acordar una hoja de ruta clara para abandonar los combustibles fósiles. Frente a ello, Colombia asumió un rol de liderazgo para abrir un nuevo camino de diálogo.
Lisa Sullivan, del programa de ecología integral de Maryknoll, subrayó el valor de este momento: “Este es un gran momento de esperanza. Colombia abrió una puerta al decir: ‘vamos a encontrarnos en lo que sí sabemos que es el camino’”.
Por su parte, el reverendo Fletcher Harper, director de GreenFaith, insistió en la necesidad de comunicar con convicción: “Tenemos que trabajar juntos y mostrar que un futuro diferente y mejor es posible”.
Desde una perspectiva técnica, María Pilar Restrepo explicó que el desafío ahora es pasar del debate a la implementación: “Lo importante es que los aportes de todos los sectores se traduzcan en una hoja de ruta concreta que tenga impacto en la COP31 y avance hacia un tratado vinculante”.
Transición ética, cultural y urgente
Mons. Juan Carlos Barreto ofreció una lectura integral desde la fe y la doctrina social de la Iglesia. “El cuidado de la casa común debe hacer parte de nuestra oración, de nuestra liturgia y de nuestro estilo de vida”, dijo, insistiendo en que la respuesta a la crisis climática implica una transformación profunda.
El obispo delineó las características de una transición auténtica: “Debe ser gradual, concertada, justa, equitativa y cultural. Muchas de nuestras prácticas actuales van en contra de esa transición”.
Asimismo, alertó sobre desafíos internos: “Existe un analfabetismo en doctrina social de la Iglesia y en ecología integral que debemos superar”, al tiempo que llamó a fortalecer la formación y el compromiso de las comunidades. Mons. Barreto también habló sobre la dimensión global del desafío: “Esta es una lucha que involucra a todos los países. Los obispos del sur global, junto con otras regiones, hemos posicionado un mensaje para incidir en los niveles eclesiales y sociales”.
“Todos, todos, todos”: una transición con rostro humano
Uno de los mensajes retomó las palabras del Papa Francisco: “todos, todos, todos”. Esta expresión fue asumida como clave para un nuevo multilateralismo que ponga en el centro a las personas más afectadas. “Tenemos que poner en el centro a las víctimas, a los territorios despojados, a los pueblos indígenas, afrodescendientes y a los defensores ambientales”, se manifestó durante el diálogo.
En esa línea, se insistió en que la transición debe construirse “de abajo hacia arriba”, fortaleciendo la educación, la formación y la participación en todos los niveles, desde las comunidades hasta los espacios de decisión global.
También se remarcó la importancia de la creatividad y de nuevas formas de acción: “Lo renovable sí es rentable”, aseguraron, señalando que existen experiencias que desmontan los temores económicos en torno a la transición energética.
Justicia climática: responsabilidad diferenciada y acción colectiva
El concepto de justicia climática atravesó todo el encuentro. Los participantes expresaron que no todos los países ni comunidades pueden asumir las mismas responsabilidades. Sullivan señaló: “La mayor responsabilidad está en los países que más han contribuido al problema. No podemos pedir lo mismo a quienes ni siquiera han tenido acceso a la electricidad”.
Pedro Guzmán hizo hincapié en la participación ciudadana: “Las comunidades deben entender qué significa la transición y cómo les afecta, y también deben ser protegidas cuando defienden el medio ambiente”.
Por su parte, Restrepo planteó elementos para avanzar: voluntad política global, financiamiento justo, inclusión de comunidades locales y articulación entre transición energética y protección de la biodiversidad.
El papel de las comunidades de fe
Las comunidades religiosas fueron reconocidas como actores valiosos en este proceso. Sulman del Pilar resaltó su responsabilidad ética: “Está en juego la vida. Si somos defensores de la vida, debemos actuar con contundencia”.
A su vez, se remarcó su capacidad de incidencia: “Las comunidades de fe son la brújula moral del mundo y pueden decir esos mensajes incómodos que otros no dicen”.
En este sentido, se hizo un llamado a respaldar iniciativas concretas como el tratado sobre combustibles fósiles, promoviendo presión social y política desde las bases.
Esperanza activa
Al cierre del webinar, los participantes compartieron los principales aprendizajes de la conferencia. Entre ellos, Se compartió la importancia del trabajo conjunto, el diálogo interreligioso y la articulación global.
“Podemos caminar juntos, podemos seguir avanzando”, señalaron, resaltando que el proceso ha permitido pasar de acciones aisladas a una colaboración más sólida.
También se insistió en la necesidad de una conversión personal y colectiva: “No puede haber una renovación en nuestra relación con la naturaleza sin una renovación con la humanidad misma”, recordaron citando la encíclica Laudato Si’.
“¿Hay esperanza?”
“¿Hay esperanza?”, fue una de las pregustas directas del encuentro. Para el reverendo Harper, la respuesta está en la acción colectiva: “La esperanza surge de la comunidad y de la acción. Hay cientos de grupos de fe en el mundo que están trabajando por este cambio”.
Por su parte, Mons. Barreto dijo: “En medio de un panorama desolador, tenemos esperanza. La esperanza cristiana es la fuerza motora frente a la crisis, arraigada en la fidelidad de Dios”. El obispo destacó signos de esa esperanza: nuevas generaciones con mayor conciencia ecológica, el trabajo de las comunidades de fe y la creciente ética ambiental en la sociedad.
El webinar concluyó con una invitación a pasar de la reflexión a la acción. Firmar compromisos, fortalecer la educación, incidir en políticas públicas y transformar estilos de vida son parte del camino. Desde Santa Marta, el mensaje refleja que la transición es necesaria y posible. Pero requiere del compromiso de “todos, todos, todos”, para construir un futuro con justicia, paz y sostenibilidad.
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