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Camino a la implementación del Sínodo, encuentro del Celam promueve liderazgo laical y femenino

La participación efectiva de laicos, laicas y personas consagradas en funciones de liderazgo eclesial fue el tema central del Segundo Encuentro Virtual de Implementación del Sínodo, promovido este 22 de mayo por el Consejo Episcopal Latinoamericano y Caribeño (Celam). La jornada reunió a especialistas y agentes pastorales quienes analizaron desafíos teológicos y experiencias concretas orientadas a fortalecer una Iglesia más participativa, corresponsable y sinodal.

La jornada fue moderada por el padre Pedro Brassesco, integrante del Equipo Continental de Animación del Sínodo, quien recordó que estos espacios formativos pretenden profundizar en los desafíos teológicos y pastorales vinculados a la implementación sinodal. Explicó además que el camino contempla “10 ámbitos con prácticas que pueden ser asumidas en los distintos planes pastorales” destinados a fortalecer la comunión, la participación y la misión en las comunidades eclesiales.

El sacerdote resaltó especialmente la invitación del documento final del Sínodo a promover una mayor presencia de laicos y mujeres en los procesos de discernimiento eclesial y en las instancias de toma de decisiones.

El bautismo como fundamento de la corresponsabilidad

El teólogo brasileño César Kuzma habló sobre la eclesiología del Concilio Vaticano II y en la importancia de asumir la sinodalidad como una convocatoria dirigida a todo el pueblo de Dios. “Estamos en la fase de implementación del sínodo y en ese proceso muchos pasos están ocurriendo en nuestras iglesias. Hay pasos largos y hay pasos cortos, pero el hecho es que hay un llamado en la Iglesia y ese llamado es sinodal, y ese llamado es para todos”, observó.

Kuzma subrayó que la Iglesia tiene su origen en la Trinidad y se entiende como “pueblo de Dios”, donde todos los bautizados comparten una misma misión. “Por el bautismo todos nosotros somos llamados a ser sujetos eclesiales”, explicó, insistiendo en que esto demanda una actitud corresponsable y activa dentro de las estructuras pastorales y misioneras.

Durante su intervención, el docente reconoció que muchas estructuras y prácticas eclesiales todavía “no son sinodales” y que, por ello, necesitan procesos de renovación y cambio. “La Iglesia del Concilio pone a Cristo en el centro y nosotros estamos alrededor de ese Cristo siendo enriquecidos por dones y carismas”, apuntó. Asimismo, destacó el aporte de las comunidades eclesiales de base en América Latina, donde hombres y mujeres “deciden ser Iglesia y actúan en la sociedad donde están involucrados”.

Mujeres y nuevos liderazgos en la Iglesia

Por su parte, la teóloga argentina Carolina Bacher Martínez invitó a releer Pentecostés desde una mirada marcada por la diversidad y la corresponsabilidad eclesial. Recordó que, según los Hechos de los Apóstoles, en el cenáculo estaban presentes no solo los apóstoles, sino también María, otras mujeres y distintos discípulos. “Pentecostés desciende sobre una comunidad diversa, de varones, de mujeres y de discípulos”, aseveró.

La también integrante del equipo teológico pastoral del Celam, sostuvo que la imagen de Pentecostés refleja una diversidad que forma parte de la identidad original de la Iglesia y que hoy el proceso sinodal busca recuperar. “No es algo que estemos cambiando respecto a cómo Dios soñó la Iglesia, sino que recuperamos la tradición genuina de esta diversidad que está ya desde los orígenes”, aseguró. Además, subrayó que ampliar la participación tiene una finalidad profundamente misionera: “El argumento para ampliar estas posibilidades tiene que ver con que la misión sea cada vez mejor y más significativa”.

La teóloga argentina destacó que uno de los principales llamados del documento sinodal es ampliar las oportunidades de liderazgo para las mujeres en la Iglesia. “Nada hay que impida que las mujeres desempeñen funciones de liderazgo en la Iglesia. Lo que viene del Espíritu no puede detenerse”, reiteró. También advirtió que este camino implica un compromiso compartido: por un lado, mujeres dispuestas a asumir nuevos servicios y, por otro, comunidades capaces de valorar sus capacidades y carismas. “Una Iglesia que trabaja junta (…) podrá servir mejor”, sostuvo.

Experiencias sinodales desde Venezuela y Puerto Rico

Laica venezolana vinculada a diversos procesos pastorales, Janeth Rincón Morales aseguró que la vivencia de la sinodalidad se cultiva desde los primeros espacios de convivencia familiar. “La sinodalidad y la corresponsabilidad laical comienzan por nuestra educación en el hogar”, señaló, al tiempo que destacó el valor del acompañamiento comunitario en el ejercicio de su misión eclesial.

La coordinadora del Observatorio Socio-antropológico y Pastoral del Centro de Gestión del Conocimiento del Celam, insistió en que la corresponsabilidad laical “no disminuye ni debilita el poder de los ministros ordenados”, sino fortalece el aporte al trabajo evangelizador compartido. En ese contexto, mencionó experiencias de colaboración entre religiosos y laicos en distintos espacios pastorales y congregacionales. “Ahora formamos una familia”, expresó, señalando que cada vez existen más espacios compartidos de discernimiento y toma de decisiones.

Por último, intervino Ángel David Montes Reyes, coordinador de la Vicaría de Pastoral de la diócesis de Caguas, quien habló de su experiencia sinodal. El especialista presentó el proceso sinodal que se vive en esta jurisdicción y evocó sus primeros pasos en la pastoral juvenil como una experiencia decisiva en su formación eclesial. “Tenía voz, tenía voto y podía aportar a los procesos de decisiones a nivel de la parroquia”, recordó, al destacar la importancia de promover la participación juvenil.

El laico puertorriqueño señaló que la experiencia del sínodo diocesano impulsó estructuras orientadas a fortalecer la participación y el discernimiento comunitario dentro de la diócesis de Caguas, entre ellas el Consejo Diocesano de Pastoral y el Consejo Permanente para la Sinodalidad. También reconoció que uno de los mayores retos sigue siendo sostener y dar continuidad a estos procesos en cada comunidad parroquial. Al concluir, animó a seguir construyendo “una Iglesia misionera” donde todos puedan “continuar caminando juntos”.

 

 

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