En un tiempo en el que se vive la inmediatez, las redes sociales y el avance de la inteligencia artificial, la comunicación enfrenta grandes desafíos éticos, humanos y espirituales. En este contexto, la Hna. María Paz Hoyos Gómez, religiosa boliviana de la congregación de las Hijas de San Pablo, comparte su experiencia de vida y misión evangelizadora desde el carisma paulino, inspirado en anunciar a Cristo “con los medios de hoy”.
Las Paulinas, presentes en Bolivia y en distintos países del mundo, desarrollan su labor a través de libros, radio, audiovisuales y plataformas digitales, entendiendo la comunicación como una forma de servicio, acompañamiento y anuncio del Evangelio.
En esta entrevista, la Hna. María Paz reflexiona sobre el sentido de comunicar “con el corazón”, la necesidad de construir puentes en medio de la polarización, el desafío de evangelizar en la cultura digital y el papel de la inteligencia artificial al servicio de una comunicación más humana, ética y esperanzadora. A partir de testimonios y de su experiencia pastoral, recuerda que comunicar también puede sanar, acompañar y abrir caminos para el encuentro con Dios.
“Comunicar a Cristo con los medios de hoy”
Pregunta: ¿Cómo descubrió que la comunicación también podía ser un camino de vocación y de anuncio del Evangelio dentro de su vida como religiosa Paulinas?
Respuesta: Ingresé a la congregación de las Hijas de San Pablo con el deseo de seguir a Jesús y, a medida que transcurría el tiempo, fui conociendo los escritos del P. Santiago Alberione, fundador de la congregación, quien decía al inicio 1915: “Anunciar el evangelio a través de los medios de comunicación social, con los medios más rápidos y eficaces”. “Hablar a los hombres y mujeres de hoy con los medios de hoy”. Comprendí que en esas frases se escondía un profundo mensaje y una gran riqueza.
Cierto, al inicio uno puede pensar que comunicar es solamente hablar, escribir, vender un libro o publicar algo en redes, pero en la vida Paulina entendí que comunicar también puede ser una forma de amar, de servir y de anunciar a Jesús. De jugarse la vida. Debo hacer referencia a mi congregación de Hijas de San Pablo y al carisma específico: “vivir y comunicar a Cristo Maestro Camino, Verdad y Vida con los medios de comunicación que el progreso humano pone al servicio del hombre”.
Esta misión, al inicio (1915), no fue comprendida ni aceptada por la Iglesia. Después de varios años y del caminar reflexivo, la Iglesia aceptó la comunicación y los medios de comunicación como una dimensión para la evangelización (Concilio Vaticano II 1965, con la aprobación del doc. Inter Mirífica), luego en 1975 con Evangelii Nuntiandi “La Iglesia se sentiría culpable si no empleara esos poderosos medios, que la inteligencia humana perfecciona cada vez más. Con ellos la Iglesia pregona sobre los terrados” (N.45).
Nuestro carisma nos invita a llevar el Evangelio usando los medios de comunicación de cada tiempo, por eso, una librería, un libro, una canción, una imagen, una publicación, un spot o una conversación pueden convertirse en caminos para acercar las personas a Dios.
Con el correr de los años, esa experiencia de vida y esa primera intuición se solidificó siempre más, y hoy puedo afirmar que la comunicación es una forma de vida consagrada a Jesús para el anuncio del Evangelio.
Comunicar con el corazón es construir paz
P.: Las Hermanas Paulinas tienen un carisma ligado a la evangelización a través de los medios. Desde su experiencia personal, ¿qué significa comunicar “con el corazón” en un tiempo de inmediatez y de redes sociales?
R.: Para nosotras, Hijas de San Pablo, comunicar con el corazón es decir la verdad, pero con caridad. Es no herir, no dividir, no manipular. Es comunicar desde la fe, desde la escucha y desde el deseo de hacer el bien y de construir caminos de paz.
Comunicar con y desde el corazón es no hablar solo por hablar ni publicar solo por publicar, sino comunicar pensando en la persona que está del otro lado. Crear contenidos que toquen la vida real de la gente, y no sólo informen. Un video con imágenes, con palabras de esperanza comunica más con el corazón que un folleto perfecto que nadie lee.
Hoy todo es muy rápido. Las redes sociales nos empujan a responder pronto, a opinar de forma veloz, a buscar likes o a llamar la atención, pero comunicar con el corazón es detenerse un momento y preguntarse: “¿Esto ayuda?, ¿esto construye?, ¿esto acerca a Dios?, ¿esto respeta a la persona?”.
También el símbolo del logo de Paulinas ayuda a entender esto: el eclipse representa el mundo, la universalidad y también el ambiente físico y digital que hay que alcanzar y habitar para anunciar el evangelio. Es decir, no se trata sólo de estar en los medios, sino de habitarlos con sentido, con humanidad y con el evangelio. De aquí que debemos apuntar a que el mensaje que comunicamos llegue a tocar el corazón de las personas.
Escuchar, acompañar y sanar desde la comunicación
P.: Muchas personas ven la comunicación como una profesión, pero en su caso también es una misión. ¿Podría compartir algún momento o testimonio en el que haya sentido que comunicar fue una forma de acompañar, sanar o acercar a alguien a Dios?
R.: En el tiempo que soy religiosa experimenté una infinidad de momentos donde realmente sentí que comunicar tiene un sentido y donde uno percibe que no sólo acompañamos sino ayudamos a crecer, a mirar el diario vivir desde otros ángulos constructivos, a cambiar de vida, vivir con más esperanza y confianza, saber arriesgar por algo que vale la pena, en definitiva; mirar la vida desde una perspectiva mucho más evangélica y a partir de Dios.
Aquí señalo dos experiencias concretas. Hace varios años, cuando trabajaba en radio en la ciudad de La Paz, teníamos programas de formación humana y matrimonial. Lo que me impactó fue que una señora llamó muy compungida, hasta con lágrimas en los ojos, y, sumamente agradecida, comunicaba que su hija, por sólo escuchar el programa de ese día en Radio “El Condor”, había cambiado de decisión; estaba ya a punto de quitarse la vida por un grave problema familiar con su esposo. La señora comentó otras cosas más, pero este momento fue muy significativo para mí y para nosotras las Paulinas escuchar que ese programa sirvió para reorientar y sanar una vida.
Otro ejemplo, desde la librería Paulinas en La Paz. Se acercó a mí una pareja pidiendo orientación con un libro para enfrentar la muerte de su único hijo. Los dos se pusieron a llorar y se abrazaban. Los escuché con mucha atención, cariño, estrechando sus manos entre las mías, animándolos y comunicando un poco de fe y esperanza. También les presenté algunos libros sobre el dolor y la muerte, me detuve en el libro “Cuando perdemos a un ser querido”. Leímos juntos algunas páginas y vi que después de unos momentos cambiaban hasta sus rostros, fueron más serenos, como diciendo la muerte es el camino de todos, pero no es el fin. Compraron el libro, prometieron leerlo juntos. Los acompañé hasta la puerta de la librería y, retornando al mostrador donde atendía, agradecí al Señor por la vocación y la bella tarea que tenemos las Paulinas de ser medios para que Dios llegue al corazón de las personas.
En esos momentos uno comprende que comunicar no es solo transmitir información. Comunicar de forma personal o con los medios también es acompañar, sanar, escuchar y abrir una pequeña puerta para que Dios entre en la vida de alguien.
Comunicar con empatía y sentido humano
P.: El Papa ha insistido en la necesidad de una comunicación que construya puentes y no divisiones. ¿Cuáles cree que son hoy los mayores desafíos para quienes desean comunicar desde los valores del Evangelio y la verdad?
R.: Uno de los mayores desafíos es comunicar la verdad sin caer en la agresividad o buscar el protagonismo, que luego lleva a construir una cultura del egocentrismo y no puentes de unidad. Hoy hay mucha división, muchas noticias falsas, muchos ataques y mucha gente que usa las redes para imponer sus ideas o destruir al otro. Comunicar desde el Evangelio exige otro estilo. Significa construir puentes, escuchar antes de responder, respetar incluso cuando pensamos diferente y buscar siempre el bien común.
También es un desafío no dejarnos llevar por la superficialidad. A veces se comparte algo sin verificar, solo porque emociona o porque está de moda. Pero quien comunica desde la fe debe buscar y cuidar la verdad, la dignidad de las personas.
La claridad y la precisión en la comunicación son importantes para los comunicadores de hoy. No dar lo que la gente quiere, un conocimiento trivial y breve, sino un mensaje bien fundamentado; que el el corazón de lo que se comunica y se da a conocer no sea el medio, sino un mensaje claro, exacto. El reto radica en «traducir» la verdad del Evangelio a un lenguaje actual, empático y existencial sin alterar su esencia que permita construir puentes de confianza.
Entorno digital. La era del internet exige aprender nuevos lenguajes interactivos para no quedar aislados, lidiando al mismo tiempo con la superficialidad, la polarización y la difusión de falsas noticias que en lugar de crear puentes dividen y aíslan a las personas. “Hablar hoy al hombre de hoy con los medios (lenguajes) de hoy”, como decía el P. Santiago Alberione.
Otro desafío es el relativismo cultural, la verdad absoluta en la actualidad es vista a menudo con recelo por el pensamiento posmoderno. El desafío es presentar el Evangelio no como una imposición dogmática, sino como una respuesta real y liberadora a las preguntas más profundas que cuestionan al ser humano. Comunicar la verdad y el Evangelio desde la vida y el quehacer de las personas. Crear condiciones para el encuentro, para la esperanza.
El lenguaje y la relevancia. Con frecuencia, el discurso eclesial utiliza códigos, palabras que resultan ajenos o abstractos para la sociedad contemporánea. El reto radica hoy en «traducir» la verdad del Evangelio a un lenguaje actual, empático y existencial sin alterar su esencia, teniendo presente lo que decía Giovanni Tridente en su ponencia “los comunicadores católicos debemos tener presente que anunciamos no una idea sino una presencia”.
Creo es necesario tener presente el caminar de la Iglesia que nos invita a Comunicar como Iglesia sinodal, esto significa caminar con otros, no delante ni detrás, sino juntos escuchar, dialogar, dejarse interpelar y anunciar el Evangelio, sin creernos dueños de la verdad sino servidores de ella.
Se podría encontrar muchos otros desafíos, pero lo que me parece en este momento se los comparto.
La IA puede ayudar, pero no reemplazar el corazón humano
P.: La inteligencia artificial está transformando la manera de informar y crear contenidos. Como religiosa y comunicadora, ¿cómo mira este avance tecnológico y qué criterios considera importantes para que la IA esté al servicio de una comunicación más humana, ética y esperanzadora?
R.: La inteligencia artificial es una herramienta muy poderosa, puede ayudar mucho: permite crear contenidos, organizar información, traducir, llegar a más personas y facilitar el trabajo de comunicación, pero también se debe usarla con mucho discernimiento. La tecnología nunca debe reemplazar el corazón humano, la conciencia ni la responsabilidad. La IA puede ayudar, pero no puede amar, acompañar o comprender el dolor de una persona como lo hace un ser humano.
Criterios importantes serían: usar la IA con verdad, no manipular, revisar las fuentes, cuidar la dignidad de las personas, evitar contenidos falsos y poner la tecnología al servicio del bien para reducir desigualdades, promover la justicia, aliviar el sufrimiento siempre bajo un marco ético donde el ser humano conserve el control.
La investigación, (búsqueda de la verdad) y dentro de ella la transparencia y claridad. La audiencia tiene derecho a saber cuándo interactúa con contenidos generados.
El discernimiento, es decir la Supervisión y responsabilidad humana. La elaboración y la validación final del mensaje siempre deben recaer en seres concretos porque el bienestar y la dignidad de las personas son innegociables.
La comunión es el propósito orientado a la empatía al compartir lo que somos. La IA debe utilizarse para reducir la brecha de incomprensión, fomentar el diálogo constructivo y ofrecer información veraz que empodere y dé esperanza a cada persona y a la sociedad. La inteligencia humana, creada a imagen de Dios, posee atributos insustituibles de los que carece la IA: discernimiento moral, emociones, capacidad para amar, conciencia y experiencia vital.
Encontramos una amplia orientación en el documento “Antiqua et nova”. El texto enfatiza que la tecnología debe utilizarse para reducir desigualdades, promover la justicia y aliviar el sufrimiento, siempre bajo un marco ético donde el ser humano conserve el control.
Finalmente puedo decir que para una comunicadora cristiana, la pregunta no es sólo ¿qué puedo hacer con la IA?, sino también ¿esto ayuda a humanizar? ¿Esto comunica esperanza? ¿Esto sirve al Evangelio?
“Todos estamos llamados a comunicar con más humanidad”
P.: ¿Algún mensaje que le gustaría dar para concluir?
R.: Me gustaría decir que todos estamos llamados a comunicar con más humanidad. No solo comunican los periodistas, los escritores o quienes trabajan en medios. Todos comunicamos con nuestras palabras, con nuestros gestos, con nuestras publicaciones y con la forma en que tratamos a los demás.
Como Paulinas, creemos que comunicar es una manera de anunciar a Jesús como el Camino, la Verda y la Vida que nos invita a caminar hacia el Reino. En este tiempo digital, necesitamos personas que comuniquen verdad, esperanza, paz y cercanía.
El mundo necesita una comunicación que no divida, sino que una; que no destruya, sino que sane; que no apague la fe, sino que ayude a encontrar a Dios en medio de la vida diaria.
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