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Andrea Paola Lara analiza desafíos de la vida religiosa en Ecuador: “La sinodalidad exige detenerse para escuchar”

Uno de los mayores desafíos que tiene la Iglesia para avanzar en su camino sinodal es aprender a escuchar y reconocer el aporte del otro, más allá de la prisa y la fragmentación que caracterizan a las sociedades de este tiempo; afirmó Andrea Paola Lara, religiosa ecuatoriana de la congregación de las Hermanas Bethlemitas, en el marco del segundo Encuentro de los países de la región andina efectuado del 25 al 28 de mayo en Cochabamba – Bolivia.

Colaboradora habitual de la Conferencia Episcopal Ecuatoriana, la religiosa compartió su experiencia durante el Encuentro convocado por el Celam que analizó la importancia de la participación en la construcción de una Iglesia sinodal.

Al ser consultada sobre lo que significa “caminar juntos” en una Iglesia donde conviven distintos carismas, edades y realidades, la rectora de la Unidad Educativa Sagrado Corazón de Jesús de las Bethlemitas en Quito, señaló que la diversidad no debe entenderse como un obstáculo, sino como una oportunidad para descubrir la riqueza del otro.

“Caminar juntos es hacer un camino sinodal. En una población heterogénea o diversa se puede sentir la complementariedad, es sentirte apoyado por el ritmo del otro”, expresó.

Recuperar la escucha

Para la religiosa, la vida comunitaria adquiere sentido cuando cada persona aprende a reconocer los tiempos y procesos de los demás. En ese contexto, destacó que su congregación mantiene una apertura especial hacia los jóvenes y promueve espacios participativos dentro de sus estructuras internas.

“Mi comunidad está siempre muy abierta a escuchar la voz, sobre todo, de las nuevas generaciones y a descubrir que Dios nos habla en medio de los acontecimientos”, afirmó.

No obstante, reconoce que los procesos sinodales no están exentos de tensiones y dificultades, por lo que frente a la pregunta sobre los principales desafíos para que la sinodalidad se convierta en una realidad concreta, insistió en la necesidad de recuperar la escucha y el diálogo como actitudes fundamentales dentro de la vida eclesial.

“Pienso que el desafío es aprender a escucharnos, porque nos cuesta mucho detenernos, ir al ritmo del otro y sentir que el otro también nos puede aportar”, sostuvo.

Superar el individualismo

La hermana Andrea advirtió que la velocidad con la que se vive hoy, tanto en la sociedad como en las estructuras eclesiales, dificulta los procesos de encuentro y discernimiento comunitario. “Vivimos una prisa continua en todos los estados de vida y en todos los estamentos. Detenernos para escuchar y entablar un diálogo es lo que nos falta y tal vez donde tropieza la sinodalidad”, agregó.

Desde la experiencia ecuatoriana, la religiosa explicó que la misión de la vida consagrada adquiere un nuevo significado cuando se desarrolla desde una perspectiva sinodal. Según indicó, esto permite fortalecer la participación y el trabajo conjunto con la Iglesia local.

“Cuando la misión se hace desde un proceso sinodal se convierte en participación en una oportunidad para el diálogo. Lo mismo sucede en el trabajo eclesial, que no debe realizarse como un ente aparte, ni como una isla”, explicó.

Un signo profético

En ese sentido, destacó que la vida religiosa está llamada a integrarse cada vez más en los procesos pastorales y comunitarios de las diócesis, compartiendo responsabilidades y construyendo vínculos con otros actores eclesiales.

Otro de los temas abordados durante la entrevista con ADN Celam fue la preocupación expresada en múltiples ocasiones por el Papa Francisco sobre la necesidad de superar el clericalismo y fortalecer la corresponsabilidad entre religiosos, laicos y ministros ordenados.

Frente a esta realidad, la hermana Andrea aseguró que en la arquidiócesis de Quito se están impulsando iniciativas concretas para fortalecer la presencia de la vida consagrada dentro de la dinámica pastoral de la Iglesia local.

«Actualmente, colaboro en la vicaría de vida consagrada de la arquidiócesis de Quito. Eso es un paso importante, no por mí, sino por la presencia de la vida consagrada en la vida eclesial de la arquidiócesis”, manifestó.

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