Concluyó en Colombia un proceso de formación impulsado por la Conferencia Episcopal para fortalecer la prevención y atención de abusos en la Iglesia, consolidando una apuesta nacional que ya deja ver impactos en los territorios. La iniciativa “Iglesias Particulares Seguras y Protectoras” se desarrolló a lo largo de tres años y tuvo alto impacto nacional.
Durante su fase conclusiva en 2025, la iniciativa reunió a más de 3.600 participantes en las provincias eclesiásticas de Bogotá, Cali y Medellín, superando las expectativas planteadas. Con ello, el programa alcanzó cobertura nacional en las 14 provincias eclesiásticas, marcando un avance relevante en la consolidación de entornos seguros dentro de la Iglesia.
Monseñor Nelson Jair Cardona, obispo de Pereira y presidente de la Comisión Episcopal para la Cultura del Cuidado, valoró la implicación de las comunidades: “Los obispos hemos animado a nuestras jurisdicciones, y mayoritariamente a los laicos que quisieron meterse en esta gran ola de cultura del cuidado”.
- Foto: Episcopado colombiano
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Formación integral con enfoque humano y jurídico
A lo largo del proceso, se fortalecieron competencias para prevenir, identificar y atender situaciones de abuso desde un enfoque —pastoral, psicosocial y jurídico—. Durante las jornadas se entregaron herramientas clave para anticipar riesgos, promover el cuidado y activar mecanismos de atención oportunos.
Desde el ámbito psicosocial, la formación profundizó en el impacto del abuso y en la promoción del buen trato como base de los vínculos. Diana Suárez Cristancho, coordinadora de la oficina del Buen Trato de la arquidiócesis de Bogotá y miembro del Consejo Nacional para la Cultura del Cuidado, señaló que el propósito fue “identificar factores de riesgo, promover factores de protección y reconocer buenas prácticas que deben implementarse en los ambientes eclesiales”.
Simultáneamente, el componente jurídico contribuyó a robustecer la respuesta institucional ante posibles denuncias, vinculando el derecho canónico con el marco jurídico civil. El padre Leonardo Cárdenas Téllez afirmó que se trató de “una herramienta importante que ayuda a la Iglesia a responder al reclamo legítimo de justicia de las víctimas”.
Igualmente, se consolidó una mayor conciencia sobre la responsabilidad compartida ante la ley y el deber de denunciar. Milena Barguil Flórez explicó que “se habló puntualmente del deber de notificar a las autoridades civiles y eclesiásticas […] y se fue creando conciencia de que también debemos cumplir con la normativa vigente”.
- Foto: Episcopado colombiano
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Impacto pastoral y transformación institucional
En el ámbito de los seminarios, surge la necesidad de integrar estos contenidos de forma permanente, así lo aseguró el padre Hanners René Díaz, participante de una de las jornadas en la Provincia Eclesiástica de Bogotá, “esto tiene que volverse casi que una norma formativa […] para que el candidato al sacerdocio tenga absolutamente claros los compromisos en protección”.
La experiencia de los participantes pone en evidencia el impacto pastoral del proceso en la vivencia del Evangelio. “Allí es donde vivimos la experiencia de un evangelio creíble, donde nos hacemos cargo de los hermanos más vulnerables”, expresó Andrés Garzón.
A lo largo del periodo 2022-2025, alrededor de 10.000 personas fueron capacitadas en todo el territorio nacional, fortaleciendo un proceso de expansión progresiva. Para la presidenta del Consejo Nacional para la Cultura del Cuidado, Ilva Myriam Hoyos, este avance “nos coloca a la vanguardia de las iglesias en América Latina”.
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Continuidad y compromiso con las víctimas
De igual manera, el proyecto también promovió la consolidación de estructuras organizativas en las jurisdicciones eclesiásticas, impulsando la implementación de políticas, protocolos y orientaciones orientadas a la prevención de abusos. Todo ello ha sido respaldado por lineamientos nacionales orientados a asegurar su coherencia y permanencia.
Con todo, la atención a las víctimas continúa siendo el pilar principal del proceso, así lo aseguró Hoyos, “las víctimas tienen que convertirse en nuestro foco […] su dolor es también dolor de Iglesia”.
A su turno, el cardenal Luis José Rueda Aparicio, arzobispo de Bogotá, insistió en que este compromiso va más allá de la articulación institucional y requiere una profunda base espiritual: “Estamos en la misión de seguir formándonos […] y de colaborar con las autoridades civiles, académicas y con todas las disciplinas que nos puedan ayudar”.
El cardenal enfatizó que la cultura del cuidado pierde sentido si no se fundamenta en una vivencia espiritual concreta: “Sin espiritualidad se queda en palabras; con espiritualidad se convierte en verdadera cultura”, concluyó.
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