En su 118.ª Asamblea Ordinaria, los obispos de Bolivia, reunidos en Cochabamba, hicieron público su mensaje al Pueblo de Dios, en el que abordan la situación social, económica y moral del país, al tiempo que invitan a renovar la esperanza desde la fe y el compromiso ciudadano.
El pronunciamiento fue presentado por el presidente de la Conferencia Episcopal Boliviana, monseñor Aurelio Pesoa, junto al vicepresidente, monseñor Percy Galván, y el secretario general, monseñor Giovanni Arana.
El mensaje inicia con un saludo pascual inspirado en el Evangelio: “La paz esté con ustedes”, y se sitúa en un contexto de múltiples crisis. Los obispos reconocen que se vive “en un mundo con tanta humillación a la dignidad humana de violencia, guerras y muerte”, por lo que expresan su comunión con el Papa León XIV en el llamado a construir la paz.
La familia, núcleo fundamental en medio de la crisis
Uno de los temas del mensaje es la defensa de la familia, a la que describen como “el regalo más precioso de Dios”, asegurando que es “la célula primera de la sociedad, una comunión de personas, una comunión de vida y amor, escuela de virtudes, iglesia doméstica, santuario de vida y patrimonio de la humanidad”.
Advierten con preocupación que “la familia está siendo atacada en múltiples dimensiones, socioeconómicas, ideológicas, violencia política e inseguridad y cultura del consumo”. Frente a esta realidad, llaman a una corresponsabilidad de toda la sociedad: “es deber de todos, Iglesia, instituciones estatales, civiles y sociedad en general, protegerla y acompañarla en todas sus etapas y situaciones”.
Los obispos remarcan que es en el hogar donde se aprende a construir la paz: “a través de la oración, de la práctica del perdón, la escucha atenta, el respeto mutuo y el amor, aprendemos a ser verdaderos constructores de paz en medio de un mundo fragmentado”.
No ser indiferentes ante la injusticia
El mensaje interpela directamente a los fieles a asumir un compromiso activo frente a la realidad social. “No debemos ser indiferentes ante las realidades injustas”, manifiestan, al tiempo que invitan a confiar “en la fuerza del Espíritu que transforma vidas e instituciones”.
Ante la difícil situación económica y social, los obispos exhortan a la población a mantenerse firme: “a todo el Pueblo de Dios le pedimos mantener la fortaleza frente a las actuales dificultades económicas y sociales, no pierdan la esperanza”.
Narcotráfico, violencia y deterioro social
Uno de los puntos más contundentes del mensaje es la denuncia del avance del narcotráfico y la violencia en el país: “Nos duele profundamente constatar el avance del narcotráfico y la creciente violencia que afecta a nuestras familias, comunidades, especialmente a los jóvenes”, señalan.
Manifiestan que estas problemáticas “no solo destruyen vidas, sino que van debilitando el tejido moral y espiritual de la sociedad”, y recuerdan la enseñanza de su carta pastoral de 2016, donde se alertaba sobre el impacto del consumo de drogas en la población, especialmente en los jóvenes.
En esa línea, remarcan que en la última década “se ha incrementado la violencia, trata y tráfico de personas, los sicariatos, ajustes de cuentas, aparición de grupos organizados que impactan negativamente en la paz social”. Ante este panorama, los obispos son categóricos: “no podemos permanecer indiferentes, estamos llamados a defender la vida desde la concepción hasta la muerte natural, la dignidad humana y el bien común”.
Educación y responsabilidad compartida
El mensaje también aborda la situación educativa, señalando la necesidad de una transformación: “Nos preocupa la situación educativa que necesita ser recreada con valores, calidad y compromiso, formando personas íntegras”.
Recuerdan que la educación inicia en la familia y continúa en las instituciones, por lo que llaman a las autoridades a “responder coherentemente cooperando con las iniciativas que llevamos como Iglesia en todo el territorio nacional”.
Reiteran el compromiso eclesial con la formación de la niñez y la juventud, promoviendo una educación que “busca el encuentro y el bien común”.
Signos de esperanza en medio de la crisis
A pesar del complejo contexto, los obispos reconocen la presencia de signos de esperanza. “Personas de buena voluntad, iniciativas solidarias y el deseo profundo de un cambio verdadero” son, según señalan, evidencia de que “Dios sigue actuando en medio de su pueblo”.
En este camino, invitan a redescubrir el testimonio de San Francisco de Asís, en el marco de los 800 años de su tránsito, como un modelo de sencillez, fraternidad y amor por los pobres.
Exhortación a la responsabilidad
Durante la ronda de preguntas, los obispos también se refirieron a temas coyunturales del país. Ante la creciente inseguridad y delincuencia, señalaron que las autoridades deben cumplir con su misión. Reconocieron que estos problemas no se resuelven de inmediato, pero insistieron en la necesidad de acciones: “si se van dando pasos significativos, concretos y además valientes creo que todo aquello puede disminuir”.
En relación con la democracia, reafirmaron su respaldo al sistema democrático y llamaron a una participación responsable: “hemos invitado […] a una participación responsable de las elecciones como parte central del proceso democrático”, manifestó Mons. Galván.
Consultados sobre la situación económica, los obispos reconocieron el impacto del alza de precios en las familias, especialmente las más vulnerables. “Hay familias que sufren, que hay familias que están pasando necesidad”, señalaron, instando al gobierno a realizar un “discernimiento más serio” para responder a estas demandas.
Justicia y bien común
También se refirieron a la problemática del combustible, indicando que el problema no solo es la escasez, sino la calidad. En ese sentido, pidieron a las autoridades “que de verdad se tome en serio este tema, porque al final creo que el daño que se produce es al pueblo boliviano”.
Sobre el conflicto por la tierra, los obispos lo calificaron como “un problema estructural, serio y delicado en nuestro país”. Señalaron que existe la necesidad de una distribución justa y efectiva: “se dé una buena y justa distribución de la tierra en Bolivia”. Enfatizaron que este tema requiere una solución definitiva: “que se haga de una forma seria, estructural y definitiva para que no se esté repitiendo esta historia año tras año”.
Al referirse a hechos de violencia y atentados, los obispos reiteraron su postura en defensa de la vida: “Como Iglesia siempre defenderemos la vida, eso no cambiará. Eso es el ADN de la Iglesia”.
Concluyeron su mensaje encomendando al país a la Virgen María y llamando a vivir la fe con compromiso: que la misión confiada por Cristo “sea la razón de un compromiso de esperanza que nos lleve a testimoniar en medio de las dificultades el reino de la vida y del amor”.
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