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Iglesia en Chile presenta itinerario formativo para el diaconado permanente como camino integral, sinodal y en esperanza

17 de abril de 2026 por
Iglesia en Chile presenta itinerario formativo para el diaconado permanente como camino integral, sinodal y en esperanza
CONSEJO EPISCOPAL LATINOAMERICANO - CELAM
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En el contexto de la 133.ª Asamblea Plenaria de la Conferencia Episcopal de Chile, fue presentado el documento “Itinerario de formación para el diaconado permanente en Chile”, fruto de un proceso eclesial amplio y prolongado que busca ofrecer una propuesta formativa común para todo el país.

La presentación fue realizada en la Casa de Espiritualidad de Lo Cañas. Al iniciar la presentación, Mons. Bernardo Álvarez, presidente de la Comisión Nacional del Diaconado Permanente, agradeció la participación de obispos, miembros de la Comisión Nacional del Diaconado, diáconos, sus esposas y quienes siguieron la transmisión. En ese contexto, se explicó que “el presente documento y itinerario de formación para el diaconado permanente en Chile surge de un proceso de trabajo de varios años que vale la pena rescatar y considerar”, en el que participaron instancias nacionales, comisiones diocesanas, escuelas de formación y la Iglesia en Chile en su conjunto.

Con el objetivo de “consolidar un proceso formativo integral, que se viva como signo de Cristo siervo en medio del mundo y que nos anime también como Iglesia en Chile en un proyecto común siempre deseado por nosotros sin duda con las características y desafíos pastorales propios de cada diócesis”.

Raíces conciliares

La exposición situó el itinerario en la recepción del Concilio Vaticano II, cuya clausura marcó “el inicio de una renovación eclesiológica sin precedentes en los últimos tiempos”. Se recordó que los fundamentos jurídicos del diaconado permanente se encuentran en Lumen Gentium y en la carta apostólica Sacrum Diaconatus Ordinem de Pablo VI.

En ese sentido, el obispo citó que “corresponde a las distintas conferencias territoriales de obispos, de acuerdo con el mismo sumo pontífice, decidir si se cree oportuno y en dónde el establecer estos diáconos para la atención de los fieles”, y también que “con el consentimiento del romano pontífice, este diaconado podrá ser conferido a varones de edad madura, aunque estén casados”.

Recorrido histórico

Monseñor Bernardo Álvarez resaltó además el carácter pionero de la Iglesia chilena, que “se destacó en este proceso de recepción del Concilio entre otros ámbitos al constituirse en la primera Conferencia Episcopal en solicitar formalmente a la Santa Sede la restauración del diaconado permanente el 4 de septiembre de 1967, obteniendo la aprobación pontificia el 5 de diciembre de 1967”.

El recorrido histórico incluyó las primeras ordenaciones entre 1968 y 1970 en diócesis como Puerto Montt, Talca y Valparaíso, así como la consolidación del ministerio en diversas parroquias.

También recordó la evolución normativa, desde el reglamento de 1968 hasta las orientaciones pastorales posteriores, señalando que la Iglesia chilena “ha sistematizado su experiencia a través de una normativa orgánica que buscó armonizar las disposiciones universales por un lado y luego los procesos y la identidad tanto de la Iglesia en Chile como las diócesis en iglesias particulares”.

Formación permanente y articulada

El nuevo itinerario propone una matriz formativa común que entiende la formación como un proceso continuo. En este sentido, se afirmó que “la formación no se agota con la recepción del orden sagrado”, sino que “es un proceso que dura toda la vida, integrando armónicamente el discernimiento vocacional, la formación inicial en la escuela del diaconado, de incorporación también en ello de la familia y luego la formación permanente tras la ordenación”.

El documento articula las distintas etapas del proceso, vinculando la formación inicial con la permanente, y se estructura en cuatro apartados: identidad, discernimiento, formación inicial y formación continua. De este modo, se quiere “garantizar que exista un proyecto formativo común y coherente que acompañe la vida del candidato, luego al diácono ordenado y a su familia desde el primer llamado hasta el ejercicio maduro del ministerio”.

A su vez, responde a los desafíos actuales al plantear una formación que permita “escrutar los signos de los tiempos y responder con fidelidad a las necesidades de la Iglesia y la admisión en los desafíos del mundo actual y de nuestra pastoral”. El enfoque integral del documento considera las dimensiones humanas, espirituales, intelectuales y pastorales, y propone un paradigma formativo centrado en el saber, saber ser y saber hacer, subrayando que el proceso no se limita a lo académico, sino que está orientado a la vida pastoral.

Inspiración en la sinodalidad

La presentación incorporó una reflexión del Papa León XIV, quien asegura que “la escuela de la sinodalidad puede ayudar a todos a madurar interiormente la acogida de los diferentes carismas en una síntesis que consolide la comunión del precepto, fiel al Evangelio y a las enseñanzas de la Iglesia”.

El texto añade que “en un tiempo de gran fragilidad, todos los ministros ordenados están llamados a vivir la comunión, volviendo a lo esencial y acercándose a las personas para custodiar la esperanza que se hace realidad en el servicio humilde”, resaltando que el diácono permanente “es signo vivo de un amor que no se queda en la superficie, sino que se inclina, escucha y se entrega”.

Documento original y fruto del trabajo compartido

En la segunda exposición a cargo del padre Heriberto Cabrera, secretario adjunto para la Pastoral de la CECh, remarcó el proceso de elaboración, ya que “es fruto de un trabajo compartido entre la Comisión Nacional del Diacono Permanente, ustedes, señores obispos y los obispos de la Comisión Pastoral, los encargados de sus santos, teólogos y diversos agentes vinculados a la formación y al acompañamiento”.

Este proceso permitió que el documento tenga “una autoridad eclesial particular […] porque expresa profundamente una escucha, una participación, discernimiento, recepción de la experiencia real de iglesias particulares”.

Asimismo, responde a una necesidad histórica: “contar con una matriz formativa común para todo el país”, entendida no como uniformidad, sino como una expresión de comunión. En ese sentido, se manifestó que “no es una pretensión de uniformizar, al contrario, sino tener algo común”, “una profecía de comunión… de querer caminar juntos”.

Familia y acompañamiento

El itinerario integra explícitamente a la familia en todas las etapas del proceso formativo. “No considera al candidato como un individuo aislado, sino como un hombre inserto en una vocación matrimonial y familiar que debe cuidar, pero también que tiene que ser discernida y acompañada por otros”.

Se abordan con realismo situaciones como la participación de las esposas, la diversidad de experiencias familiares, la armonización entre ministerio, trabajo y hogar, y la realidad de la viudez. Esto hace que el documento “acompañe la vida real del diácono con sus límites y sus riquezas, sin perder el horizonte evangélico ni la esperanza”.

También se remarcó la importancia de una red de acompañamiento en la que participan el obispo, la comunidad, la escuela de formación y acompañantes espirituales, lo que constituye una de las fortalezas del itinerario.

Vocación en la vida cotidiana

La reflexión final realizada por el matrimonio de Paula Osorio y Leonardo Córdova comentó tres dimensiones esenciales del diácono permanente: ser trabajador, esposo y padre. Desde esta perspectiva, se dijo que “la identidad del diácono permanente, casado, se construye sobre la armonía de dos sacramentos, el matrimonio y el sacramento del orden”.

Se señaló que la primera misión del diácono es su familia, ya que “la caridad, la disponibilidad, la humildad deben vivirse primero en una escuela que es la propia familia”, y que de esta coherencia depende la autenticidad del testimonio cristiano. El testimonio compartido evidenció que la vocación se gesta en lo cotidiano: “la voz de Dios se percibe en la dinámica diaria, en el amor conyugal, en la educación de los hijos, en la vida parroquial de la familia que somos”.

Desde la experiencia de las esposas, se remarcó que “estos dos sacramentos no compiten, sino que se enriquecen y se complementan”, y que el amor matrimonial se convierte en una escuela de amor pastoral que sostiene el ministerio.

Signo de esperanza para la Iglesia

Al concluir, se agradeció a todos quienes participaron en la elaboración del documento y se manifestó que su presentación constituye “una buena noticia para la Iglesia”, fruto de un proceso sinodal que fortalece la comunión.

Creemos que la vocación es el diaconado permanente y sus familias son signos de esperanza para la Iglesia en el mundo de hoy”, se expresó, al tiempo que se encomendó este camino a la Virgen del Carmen.

La jornada culminó con una oración en la que se pidió a Dios que fortalezca a los diáconos para que ejerzan su ministerio “con humildad, la alegría, fidelidad y el espíritu de comunión eclesial, su ministerio pastoral”, al servicio del pueblo de Dios.

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