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¿Puede la inteligencia artificial ayudar a construir un mundo más humano?

5 de junio de 2026 por
¿Puede la inteligencia artificial ayudar a construir un mundo más humano?
Micaela Alejandra Díaz Miranda

La inteligencia artificial está transformando la manera de aprender, trabajar, comunicarse, tomar decisiones e incluso imaginar el futuro. Ante esta realidad, el Consejo Episcopal Latinoamericano y Caribeño (Celam), a través de su Centro de Gestión del Conocimiento y del Centro de Formación Cebitepal, reunió a especialistas de distintas disciplinas en la presentación del Estudio: “Inteligencia artificial, dignidad humana y misión de la Iglesia”, un espacio que invitó a reflexionar sobre el impacto de estas tecnologías desde una perspectiva humana, ética, pastoral y espiritual.

El encuentro tomó como referencia dos documentos recientes: el nuevo estudio del Celam titulado Inteligencia Artificial y Desarrollo Humano Integral y la encíclica Magnifica Humanitas del Papa León XIV, que aborda la relación entre tecnología, dignidad humana y esperanza para la humanidad.

La moderadora del encuentro, Paola Calderón, planteó desde el inicio la pregunta que atraviesa hoy a la Iglesia y a la sociedad: si la inteligencia artificial puede contribuir al desarrollo humano o si corre el riesgo de reducir a las personas a simples datos y algoritmos. Más de 200 participantes de distintos países de América Latina y el Caribe siguieron la transmisión y compartieron inquietudes sobre el uso responsable de estas nuevas tecnologías.

Reflexión interdisciplinaria para el continente

El padre jesuita Luis Jiménez, doctor en ingeniería eléctrica y en teología, presentó los principales contenidos del nuevo documento elaborado por el Grupo de Trabajo sobre Inteligencia Artificial del Celam, integrado por especialistas en teología, bioética, educación, comunicación y ciencias sociales. Explicó que este texto da continuidad al primer documento publicado en 2025,  La inteligencia artificial: una mirada pastoral desde América Latina y el Caribe, y reflexiona ahora en la relación entre inteligencia artificial y desarrollo humano integral.

El especialista señaló que la inteligencia artificial no puede considerarse una tecnología neutral, pues se desarrolla dentro de contextos económicos, culturales y sociales específicos. Por ello, el documento analiza críticamente el paradigma tecnocrático que suele orientar gran parte de los desarrollos tecnológicos actuales y propone como horizonte el desarrollo humano integral inspirado en la Doctrina Social de la Iglesia.

Según el padre Jiménez, la pregunta no es qué aplicaciones utilizar, sino para qué y cómo se utilizan. La tecnología debe estar al servicio de las personas y del bien común, especialmente de los más vulnerables, evitando convertirse en un instrumento de exclusión o de concentración de poder económico.

La persona por encima del algoritmo

Uno de los conceptos de la presentación fue la articulación entre la persona y el algoritmo. Los expertos insistieron en que el desarrollo humano integral debe ser el criterio que oriente toda innovación tecnológica.

Retomando la enseñanza de san Pablo VI sobre el desarrollo humano, el padre Luis Jiménez recordó que la vocación del ser humano es crecer y superarse en todas sus dimensiones: intelectual, afectiva, ética, cultural, social, política, ecológica y espiritual. En este marco, la inteligencia artificial debe entenderse como una herramienta que ayude a las personas a ser más humanas, más solidarias y más abiertas a la relación con los demás y con Dios.

El documento presentado sostiene que el verdadero desafío consiste en evitar que la tecnología esté orientada únicamente por la productividad o el lucro. Por el contrario, debe favorecer el crecimiento integral de las personas y las comunidades, promoviendo el bien común y la inclusión social.

La Iglesia ante una transformación irreversible

Desde Chile, el sacerdote salesiano y teólogo pastoral Heriberto Cabrera explicó que la inteligencia artificial ya está modificando la vida cotidiana y que la pregunta para la Iglesia no es si debe utilizarla o no, sino cómo acompañar esta transformación sin perder de vista la dignidad humana.

El padre Cabrera resaltó que el nuevo documento del Celam da un paso adelante respecto al estudio anterior al incorporar temas como la antropología, la ética, la bioética, la justicia laboral, la gobernanza digital, el medio ambiente y la llamada “sinodalidad digital”. También, subrayó que propone fortalecer la formación de agentes evangelizadores, impulsar buenas prácticas eclesiales y pasar del temor a la acción responsable.

En este contexto, señaló que la inteligencia artificial puede convertirse en una herramienta valiosa para la planificación pastoral, ayudando a analizar grandes cantidades de información y a identificar prioridades evangelizadoras. Sin embargo, advirtió que nunca podrá reemplazar la escucha, el discernimiento espiritual, la oración ni el encuentro personal que caracterizan la misión de la Iglesia.

La dignidad humana como criterio ético

La bioeticista mexicana María Elizabeth de los Ríos abordó los desafíos éticos que plantea el desarrollo acelerado de estas tecnologías. Recordó que la inteligencia artificial puede cometer errores y que sus resultados dependen de los datos con los que ha sido entrenada, por lo que resulta indispensable mantener una actitud crítica y verificar siempre la información obtenida.

A su vez, insistió en la necesidad de distinguir claramente entre la inteligencia artificial y la inteligencia humana. Aunque los sistemas actuales son capaces de procesar enormes cantidades de información, carecen de dimensiones esenciales de la experiencia humana como la afectividad, la libertad, la conciencia moral y la capacidad de amar.

Durante el diálogo con los participantes, la especialista explicó además cómo los sesgos algorítmicos influyen diariamente en la percepción de la realidad, especialmente a través de las redes sociales, donde los sistemas seleccionan contenidos según preferencias previas, limitando el acceso a perspectivas diversas y generando visiones parciales del mundo.

Formación para una ciudadanía digital responsable

Uno de los consensos más fuertes del encuentro fue la necesidad urgente de formar a las personas para un uso ético y responsable de la inteligencia artificial.

Los especialistas sostuvieron que no basta con disponer de estas herramientas; es necesario aprender a utilizarlas adecuadamente, comprender sus limitaciones y desarrollar capacidades críticas que permitan discernir sus beneficios y riesgos.

En este sentido, el padre Heriberto Cabrera señaló la importancia de aprender a formular instrucciones adecuadas —conocidas como “prompts”— para obtener resultados útiles y contextualizados, especialmente en ámbitos pastorales y educativos. También dijo que las comunidades eclesiales deben formar agentes capaces de interactuar con estas tecnologías desde la identidad propia de la Iglesia y la realidad latinoamericana.

Asimismo, insistió en que la responsabilidad sobre el uso de la inteligencia artificial no recae únicamente en gobiernos o empresas tecnológicas. Todos los ciudadanos están llamados a exigir transparencia, proteger la dignidad humana y promover regulaciones que garanticen el bien común.

Gobernanza, transparencia y bien común

El documento del Celam propone diversos principios para orientar el desarrollo de la inteligencia artificial, entre ellos la dignidad humana, la justicia, la solidaridad, la gratuidad, la subsidiariedad, la participación y la sostenibilidad. Además, plantea la necesidad de garantizar transparencia, trazabilidad, responsabilidad, pruebas de sesgo, robustez tecnológica y ciberseguridad.

Los expertos remarcaron que las tecnologías más exitosas no son necesariamente las más populares o rentables, sino aquellas que contribuyen a ampliar la educación digital, promover la igualdad y combatir la desinformación.

Durante el cierre del webinar, los participantes manifestaron que la inteligencia artificial no debe ser demonizada ni idolatrada. El desafío consiste en discernir su impacto y orientar su desarrollo hacia el servicio de la persona humana.

Se recordó que la Iglesia está llamada a acompañar estos procesos desde la formación, la reflexión ética y el compromiso pastoral, contribuyendo a que la innovación tecnológica fortalezca la dignidad humana y no la debilite.

La frase que marcó el cierre del encuentro resumió el espíritu de la jornada: “La inteligencia artificial es una herramienta; el ser humano es el fin”. Con esa convicción, el Celam invitó a continuar el estudio de los nuevos documentos y a seguir construyendo una cultura digital que coloque a la persona, especialmente a los más vulnerables, en el centro de toda innovación tecnológica.

Descargue aquí: https://repositorio.celam.org/files/original/3387/IA_DHI.pdf

 

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