En ocasión de la Solemnidad del Corpus Christi, los obispos de Bolivia
dirigieron un mensaje al pueblo boliviano en el que expresan su preocupación
por la crisis que atraviesa el país y hacen un exhortación urgente al diálogo, la
reconciliación, la solidaridad y la búsqueda del bien común para superar las
dificultades que afectan a miles de familias.
Inspirados en la cita bíblica “Siendo un solo pan, nosotros, con ser muchos,
somos un solo cuerpo; pues todos participamos de aquel mismo pan” (1 Co
10,17), los prelados recordaron que la celebración del Cuerpo y la Sangre de Cristo
invita a los creyentes a contemplar la Eucaristía como el mayor don que Jesús
dejó a su Iglesia, un sacramento de amor, comunión y esperanza.
En su mensaje, los obispos señalaron que en el pan partido y compartido se
reconoce la presencia viva de Jesucristo que acompaña a su pueblo, alimenta
la fe y llama a construir relaciones fraternas basadas en la dignidad de toda
persona humana.
Crisis que golpea a miles de familias
La Conferencia Episcopal advirtió que la celebración de Corpus Christi se realiza
este año en medio de un contexto “complejo y desafiante” para Bolivia, porque se
vive una crisis que afecta directamente a la población en diversos ámbitos.
Los obispos describieron una realidad caracterizada por la falta de medicamentos,
las dificultades que enfrentan los hospitales para abastecerse de oxígeno e
insumos básicos, la escasez y el incremento del costo de los alimentos, así
como la incertidumbre que viven quienes no encuentran combustible para
desarrollar sus actividades cotidianas.
También mencionaron las difíciles condiciones que atraviesan transportistas,
comerciantes y viajeros que permanecen varados en las carreteras debido a los
conflictos que afectan distintas regiones del país.
La Eucaristía como camino para superar las crisis
Si bien reconocieron que existen demandas legítimas y preocupaciones reales por
parte de diversos sectores de la sociedad, manifestaron su inquietud porque la
situación actual está alimentando la confrontación, la intolerancia y la división entre
bolivianos: “Nadie puede permanecer indiferente cuando la vida, la salud y la
dignidad de las personas se ven amenazadas”.
Los obispos invitaron a reflexionar sobre el significado de la Eucaristía en
momentos de tensión social. Recordaron que Jesús instituyó este sacramento en
la víspera de su pasión, en medio de circunstancias marcadas por la traición, la
incertidumbre y la violencia.
Resaltaron que Cristo no respondió con odio ni venganza, sino que partió el
pan y lo compartió, entregando su vida por todos.
A partir de este ejemplo, señalaron que el Señor enseñó que las crisis no se
superan mediante la confrontación, sino a través del encuentro, el diálogo
sincero, la búsqueda del bien común y el reconocimiento de la dignidad de
cada persona.
Reencontrarse como hermanos
Ante el complejo escenario nacional, los obispos dirigieron un llamado a todos los
creyentes, a todos los cristianos y a todas las personas de buena voluntad para
reencontrarse como hermanos.
Subrayaron la necesidad de escucharse mutuamente y reconocer que todos
comparten un destino común como pueblo. Asimismo, advirtieron que ninguna
diferencia puede justificar el desprecio, la exclusión o la indiferencia frente al
sufrimiento de los demás. En ese sentido, manifestaron que la profundización de
las divisiones sociales no solo afecta la convivencia actual, sino que deja heridas
que pueden prolongarse en las futuras generaciones.
“Este daño no sólo rompe el tejido social, sino que permanece como una
secuela en las nuevas generaciones; no podemos dejarles ese futuro”,
expresaron.
Solidaridad con quienes más sufren
Los prelados también exhortaron a fortalecer la solidaridad con quienes
experimentan con mayor intensidad las consecuencias de la crisis. Invitaron a la
población a no permanecer indiferente ante el dolor de los más vulnerables y
a traducir la celebración eucarística en acciones concretas de cercanía, ayuda y
oración.
“Que nadie quede sin nuestra cercanía, nuestra ayuda y nuestra oración”,
señalaron, enfatizando que la Eucaristía debe reflejarse en gestos de amor,
servicio y compromiso con quienes más necesitan apoyo.
Los obispos encomendaron al país a Jesucristo, Pan de Vida y fuente de
unidad, pidiendo que ilumine los corazones de todos los bolivianos y conceda
sabiduría a quienes tienen responsabilidades de liderazgo.
A su vez, elevaron una plegaria para que Bolivia pueda encontrar caminos de
reconciliación, justicia y paz. Y pusieron al pueblo boliviano bajo la protección de
María, Madre de la Esperanza, para que acompañe a la nación y ayude a sus
habitantes a caminar unidos como hermanos.
