La educación como camino para reconstruir la fraternidad, superar las fragmentaciones sociales y generar una cultura del encuentro fue el eje central del conversatorio “Cómo construir un Pacto Educativo Global en medio de la diversidad”, organizado por la Red Latinoamericana de Pastoral Educativa del Celam en el marco del ciclo de diálogos del Sueño Cultural impulsado por el Centro de Programas y Redes de Acción Pastoral (Ceprap).
Este espacio forma parte de una serie de conversatorios que tiene como fin reflexionar sobre la cultura en el continente. En esta ocasión, el diálogo se dedicó a la relación entre cultura y educación, a partir de la pregunta ¿cómo construir un pacto educativo global en medio de la diversidad que caracteriza a América Latina y el Caribe?
La educación como tejido de la evangelización
La jornada inició con un momento de oración conducido por Martín Velázquez y Ana Cristina Hernández, quienes invitaron a comprender la educación como una dimensión esencial de la misión evangelizadora de la Iglesia. “La educación es el tejido mismo de la evangelización y un acto de amor que nos vacuna contra la cultura del descarte”, expresó.
Llamó a construir una educación basada en la escucha, el cuidado de la creación y la fraternidad, recordando que “el primer acto educativo es la escucha”, tanto de la Palabra de Dios como de la realidad y del clamor de los más pobres.
Durante la reflexión también se abordaron desafíos contemporáneos como la digitalización de la vida, la crisis ecológica y la necesidad de fortalecer la vida interior de las personas. “Que nuestra tecnología esté al servicio del encuentro y no de la vigilancia”, pidió durante la oración.
El Pacto Educativo Global, una alianza para reconstruir la fraternidad
Rodrigo Martínez, especialista argentino en educación y asesor del Celam, propuso una lectura del Pacto Educativo Global a partir de tres imágenes de la aldea, el poliedro y la constelación. Recordó que la iniciativa fue lanzada por el Papa Francisco en septiembre de 2019 con el propósito de renovar el compromiso educativo de la humanidad.
Martínez citó el mensaje fundacional del pontífice, quien convocó a “reavivar el compromiso por y con las jóvenes generaciones” y a promover “una educación más abierta e incluyente, capaz de la escucha paciente, del diálogo constructivo y de la mutua comprensión”.
Según explicó, el objetivo del pacto es generar una gran alianza educativa mundial capaz de formar personas maduras, comprometidas con la construcción de una humanidad más fraterna. “Hoy es más que nunca necesario unir los esfuerzos por una alianza educativa amplia”, recordó, retomando las palabras del Papa Francisco.
La aldea de la educación
El expositor explicó que una de las imágenes más representativas del Pacto Educativo Global es la de la “aldea de la educación”, inspirada en un proverbio africano que dice que para educar a un niño se necesita toda una aldea.
Esta metáfora permite comprender que la educación no es responsabilidad exclusiva de la escuela, sino una tarea compartida entre familias, comunidades, instituciones, organizaciones sociales y la sociedad en su conjunto. Sin embargo, planteó que surge una pregunta necesaria; ¿qué tipo de aldea queremos construir?
Martínez señaló que hoy vivimos en una “aldea global”, marcada por la conectividad permanente y la capacidad de comunicarnos instantáneamente con cualquier lugar del planeta. No obstante, advirtió que esta realidad también presenta riesgos. “Vivimos una globalización con todas sus ventajas, pero al mismo tiempo parecería que ya no hubiera intimidad”, dijo.
Del modelo de la esfera al poliedro
Frente a una globalización que tiende a uniformar y homogeneizar, el expositor retomó una de las imágenes más utilizadas por el Papa Francisco: el poliedro. Explicó que una globalización entendida como esfera termina anulando las diferencias culturales y las particularidades de los pueblos. En cambio, el poliedro permite integrar la diversidad sin eliminarla.
“La globalización que tenemos que defender es como la figura de un poliedro, donde todos se integran, pero cada cual mantiene su peculiaridad”, sostuvo.
Esta perspectiva resulta especialmente significativa para América Latina y el Caribe, una región caracterizada por la convivencia de múltiples culturas, tradiciones, pueblos originarios, expresiones religiosas y formas de comprender la realidad.
Los muros que fragmentan la educación
Otro de los temas abordados fue la existencia de múltiples barreras que dificultan la construcción de una verdadera comunidad educativa. Martínez señaló que, pese a la creciente interconexión global, continúan levantándose muros físicos y simbólicos.
Entre ellos mencionó las divisiones entre escuela y comunidad, teoría y práctica, ciencia y vida, educación pública y privada, fe y cultura, así como las brechas tecnológicas y sociales que afectan especialmente a los sectores más vulnerables. Para superar estas fragmentaciones consideró indispensables dos actitudes fundamentales: la apertura y la acogida. “Ponerse en la acogida y la apertura supone ponerse a la escucha del otro”, sostuvo.
Recordó que la educación debe formar personas capaces de relacionarse, trabajar en grupo y rechazar la cultura del descarte.
El desafío de superar la escuela “búnker”
Uno de los conceptos que generó mayor reflexión durante el encuentro fue la crítica a los modelos educativos cerrados sobre sí mismos. Martínez citó la exhortación apostólica Christus Vivit, donde el Papa Francisco advierte sobre instituciones educativas que se convierten en espacios de aislamiento. “Algunos colegios católicos parecen estar organizados solo para la preservación”, recordó.
Según explicó, la “escuela búnker” es aquella que busca protegerse de los cambios sociales y culturales, generando una separación artificial entre el mundo educativo y la realidad. “La cultura ya no está afuera. La cultura está dentro”, compartió.
Por ello insistió en la necesidad de construir comunidades educativas abiertas al diálogo, capaces de reconocer la diversidad existente en su interior y de acompañar a las nuevas generaciones en medio de los desafíos actuales.
La constelación educativa: una red viva y plural
La tercera imagen presentada fue la de la constelación, tomada de la carta apostólica Diseñar nuevos mapas de esperanza del Papa León XIV.
Martínez explicó que esta metáfora representa la riqueza y diversidad del mundo educativo. “Cada estrella tiene su propio brillo, pero todas juntas trazan la ruta”, señaló.
La constelación educativa está formada por escuelas, universidades, movimientos, plataformas digitales, centros de formación, pastorales educativas y múltiples iniciativas que trabajan por la formación integral de las personas. La clave de esta imagen es la unidad. “Donde hubo rivalidad hoy haya unidad, porque la unidad es nuestra fuerza más profética”, resaltó.
Martínez hizo una explicación etimológica de los conceptos “deseo” y “desastre”, vinculados históricamente a la idea de estrella. A partir de ello, Martínez explicó que la educación está llamada a ayudar a las personas a recuperar la esperanza y el horizonte de sentido: “La constelación educativa es una respuesta para superar el desastre y devolvernos el anhelo”.
Diez compromisos para transformar la educación
El expositor recordó que el Pacto Educativo Global se articula actualmente en torno a diez compromisos. A los siete compromisos originales propuestos por el Papa Francisco se suman tres nuevos impulsados por el Papa León XIV.
Entre ellos se encuentran:
· Poner a la persona en el centro.
· Escuchar a las nuevas generaciones.
· Promover la participación de las mujeres.
· Reconocer a las familias como primeras educadoras.
· Abrirse a la acogida.
· Renovar la economía y la política.
· Cuidar la casa común.
· Cultivar la vida interior.
· Humanizar el mundo digital.
· Construir una paz desarmada y desarmante.
La urgencia de cultivar la vida interior
Uno de los aspectos más novedosos del actual desarrollo del pacto es la incorporación del cultivo de la vida interior. Martínez explicó que esta preocupación surgió de las propias inquietudes manifestadas por los jóvenes al Papa León XIV. “Ayúdennos en la educación de la vida interior”, recordó como una de las peticiones escuchadas por el pontífice.
El expositor señaló que el desarrollo tecnológico y científico resulta insuficiente si no va acompañado por una reflexión sobre la identidad y el sentido de la vida: “Podemos saber muchas cosas, pero si no sabemos quiénes somos y para qué, no alcanza”.
Por ello insistió en la importancia de generar espacios de silencio, escucha, oración y discernimiento dentro de las comunidades educativas.
Humanizar la inteligencia artificial
El conversatorio también abordó los desafíos planteados por la inteligencia artificial y las nuevas tecnologías. Martínez reconoció que la velocidad de los cambios tecnológicos genera interrogantes inéditos para la educación contemporánea. No obstante, consideró que el papel del educador sigue siendo irremplazable.
“La pregunta por el sentido y por el proyecto de vida no nos la va a dar la inteligencia artificial”, sostuvo. Retomando las enseñanzas del papa León XIV, recordó la necesidad de que los jóvenes aprendan a utilizar la tecnología con sabiduría.
“No dejen que sea el algoritmo el que escriba su historia”, expresó.
Una red de redes al servicio de la educación
Durante el diálogo posterior, varios participantes reflexionaron sobre cómo construir fraternidad en contextos cada vez más diversos y polarizados. Martínez señaló que las instituciones educativas están llamadas a reconocer la pluralidad presente en sus propias comunidades y a desarrollar una auténtica cultura del encuentro: “La diversidad es un don, una riqueza y un valor”. En este sentido resaltó la importancia de generar espacios de diálogo donde las diferencias puedan ser escuchadas y acompañadas sin convertirse en motivo de exclusión.
Los participantes subrayaron la necesidad de fortalecer la articulación entre instituciones, movimientos y redes eclesiales. Martínez recordó que uno de los principales desafíos del Celam ha sido convertir el Pacto Educativo Global en una experiencia concreta de colaboración.
“Pensarnos como una red de redes”, explicó, es una de las claves para avanzar hacia una auténtica alianza educativa continental. Por ello insistió en la necesidad de sentarse juntos a la mesa, compartir experiencias y construir respuestas comunes a los desafíos educativos de América Latina y el Caribe.
Diseñar nuevos mapas de esperanza
Al concluir el conversatorio, los participantes manifestaron que el Pacto Educativo Global continúa siendo una propuesta vigente para responder a los desafíos culturales, sociales y tecnológicos de nuestro tiempo.
Más que un programa cerrado, se presenta como una invitación permanente a fortalecer la fraternidad, valorar la diversidad y renovar la misión educativa de la Iglesia. “No somos un refugio nostálgico de tiempos pasados, sino espacios para seguir haciendo discernimiento”, aseguró Martínez.
Y retomando la imagen propuesta por el Papa León XIV, concluyó invitando a educadores, instituciones y comunidades a convertirse en “coreógrafos de la esperanza y artífices de la paz”, capaces de diseñar juntos nuevos mapas de esperanza para el continente.
