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¿Qué puede aportar la sinodalidad en tiempos de inteligencia artificial?

Moisés Sbardelotto analiza los desafíos que la revolución tecnológica plantea a la Iglesia y sostiene que la IA puede ser una herramienta útil, pero nunca sustituir el discernimiento, la comunión ni la dimensión humana de la fe.
10 de junio de 2026 por
¿Qué puede aportar la sinodalidad en tiempos de inteligencia artificial?
Micaela Alejandra Díaz Miranda

La irrupción acelerada de la inteligencia artificial está transformando la manera en que las personas se comunican, se informan y construyen relaciones. Frente a este escenario, la Iglesia se encuentra ante el desafío de discernir cómo vivir la comunión, la participación y la misión en una cultura cada vez más mediada por algoritmos y plataformas digitales. En este contexto, el Observatorio Latinoamericano de la Sinodalidad dialogó con el investigador brasileño Moisés Sbardelotto, especialista en comunicación digital y pastoral en ambientes digitales, quien reflexionó sobre los desafíos que plantea la inteligencia artificial a la vida eclesial a la luz de la encíclica Magnifica Humanitas del Papa León XIV.

Profesor de la Pontificia Universidad Católica de Minas Gerais, periodista, doctor en Ciencias de la Comunicación y coordinador del Grupo de Reflexión sobre Comunicación de la Conferencia Nacional de los Obispos de Brasil, Sbardelotto sostiene que la Iglesia debe comprender que la cultura digital no es un instrumento externo, sino un auténtico ambiente de existencia y relación humana.

Según explica, uno de los retos más urgentes consiste en evitar que la sinodalidad sea reducida a una cuestión de conectividad tecnológica o presencia institucional en redes sociales. Para el investigador, la escucha sinodal implica apertura a la alteridad, al conflicto, a la vulnerabilidad y al encuentro humano, elementos que difícilmente pueden ser sustituidos por sistemas automatizados. “La sinodalidad exige mucho más que presencia institucional en plataformas digitales. Exige una capacidad eclesial de escucha, discernimiento y corresponsabilidad dentro de una ecología comunicacional profundamente transformada por algoritmos y plataformas”, asegura.

La cultura digital es un ambiente de vida

Sbardelotto advierte que la tecnología no es neutral ni puede considerarse una solución automática a los problemas humanos. Por el contrario, está marcada por las decisiones de quienes la diseñan, financian, regulan y utilizan.

En ese sentido, resalta que la reflexión propuesta por el Papa León XIV invita a reconocer que el desarrollo tecnológico tiene implicaciones para la dignidad humana, el bien común y la misión evangelizadora de la Iglesia.

Además, señala que la revolución digital está estrechamente vinculada a la crisis socioambiental global. Por ello, considera indispensable que la sinodalidad digital integre también la escucha del clamor de la tierra y de los pobres, ampliando la comprensión de la misión eclesial en el mundo contemporáneo.

El entorno digital no es una realidad paralela

Sbardelotto expone la reflexión sobre la relación entre lo digital y la vida cotidiana. Y cuestiona la idea de que internet sea un espacio separado de la realidad. Retomando una afirmación citada por el Papa León XIV, recuerda que el entorno digital “no es un mundo paralelo o puramente virtual”, ya que las experiencias que allí se generan tienen consecuencias en la vida de las personas.

Las comunidades digitales producen vínculos, conflictos, procesos de exclusión, búsquedas espirituales y formas de pertenencia. Sin embargo, la creciente mediación de algoritmos e inteligencia artificial complejiza estas dinámicas al influir en aquello que las personas ven, escuchan o dejan de ver. Por ello, considera que la Iglesia está llamada a fortalecer espacios auténticos de escucha y discernimiento donde las personas no sean reducidas a perfiles, estadísticas o métricas de participación.

“La sinodalidad digital no puede confundirse con la mera circulación de opiniones religiosas en red”, sostiene, al advertir que muchas veces los espacios digitales favorecen dinámicas de confrontación e incluso verdaderas “cazas de herejes”, donde la polarización termina reemplazando al diálogo.

“La sinodalidad no puede ser automatizada”

Al abordar el impacto concreto de la inteligencia artificial en la comunicación eclesial, el especialista reconoce que las nuevas herramientas ofrecen oportunidades importantes para la evangelización, la formación y la difusión del conocimiento teológico. No obstante, alerta sobre riesgos que considera pastorales y espirituales. Uno de ellos es la tendencia a atribuir a la inteligencia artificial características que históricamente la tradición cristiana ha reservado a Dios. Retomando una reflexión del Papa León XIV, advierte sobre la posibilidad de convertir la IA en una especie de “amiga omnisciente, archivo de toda memoria y oráculo de todo consejo”.

Según explica, esta sacralización tecnológica puede empobrecer la experiencia espiritual y generar una confianza excesiva en sistemas incapaces de ofrecer sabiduría, discernimiento o acompañamiento auténticamente humanos. Asimismo, considera preocupante que la lógica de la automatización, la optimización y la eficiencia termine debilitando prácticas fundamentales de la vida eclesial como la escucha, la cercanía y el acompañamiento personal.

“Un algoritmo puede organizar información, pero no puede hacer un discernimiento espiritual”, sostiene categóricamente. También advierte que diversas investigaciones ya señalan impactos negativos sobre capacidades cognitivas, emocionales y comunicativas, especialmente cuando las personas delegan cada vez más funciones creativas y reflexivas en las máquinas. Por ello insiste en que la comunicación eclesial debe seguir siendo humana y humanizadora, incluso cuando utilice herramientas basadas en inteligencia artificial.

El desafío de las burbujas digitales

Otro de los temas abordados es la creciente influencia de los algoritmos en la construcción de la opinión pública y las relaciones sociales. Sbardelotto explica que los sistemas digitales tienden a mostrar contenidos que confirman las ideas previas de cada usuario, reforzando identidades cerradas y reduciendo la capacidad de encuentro con perspectivas diferentes.

Retomando una imagen utilizada por el Papa León XIV, señala que la inteligencia artificial corre el riesgo de construir un “mundo de espejos”, donde las personas terminan viendo únicamente reflejos de sí mismas en lugar de encontrarse con la riqueza de la alteridad. “El riesgo es confundir el espejo con la ventana y el reflejo con la realidad”, advierte.

En el ámbito eclesial, esta dinámica puede favorecer la aparición de comunidades digitalmente homogéneas donde solo circulan determinadas interpretaciones de la fe, mientras otras voces son silenciadas o ignoradas. Frente a ello, sostiene que la sinodalidad ofrece una respuesta concreta al promover una cultura del encuentro capaz de valorar la diversidad, la escucha mutua y el diálogo incluso con los interlocutores más difíciles. A su vez, considera indispensable avanzar hacia una mayor transparencia de los algoritmos, garantizando la identificación de autores, fuentes y criterios de funcionamiento de los sistemas digitales.

Dignidad humana, bien común y cuidado de la casa común

Consultado sobre los criterios éticos que deberían orientar el uso de la inteligencia artificial en medios católicos y espacios pastorales, Sbardelotto propone como referencia fundamental la Doctrina Social de la Iglesia. Para él, toda evaluación ética debe partir de tres pilares: la dignidad humana, el bien común y el cuidado de la casa común.

“La cuestión no es solamente qué permite hacer la tecnología, sino qué tipo de humanidad y qué tipo de sociedad estamos ayudando a construir mediante su adopción”, explica. En esta línea, recuerda que la Santa Sede promovió el Llamamiento de Roma por una Ética de la Inteligencia Artificial, que propone principios como transparencia, inclusión, responsabilidad, imparcialidad, confiabilidad, seguridad y protección de la privacidad.

A ello añade la necesidad de considerar los impactos socioambientales de la digitalización. Lejos de ser inmaterial, la inteligencia artificial implica consumo energético, extracción de minerales, explotación laboral y concentración del poder tecnológico. Por ello, afirma que cualquier discernimiento ético debe preguntarse si el desarrollo tecnológico protege o degrada el “humus común” sobre el cual se sostiene la vida humana y toda la creación.

Oportunidad para un humanismo digital integral

Mirando hacia el futuro, Sbardelotto considera que la sinodalidad puede ayudar a la Iglesia no solo a utilizar la inteligencia artificial, sino también a ofrecer una visión crítica y humanizadora frente al creciente poder tecnológico global.

A su juicio, la cuestión fundamental es antropológica, cultural y espiritual. “¿Qué significa ser humano en una sociedad cada vez más automatizada? ¿Qué tipo de relaciones queremos construir? ¿Qué lugar damos a la alteridad?”, son algunas de las preguntas que plantea.

Como respuesta, propone avanzar hacia un “humanismo digital integral”, capaz de comprender al ser humano desde sus múltiples relaciones: con otras personas, con las tecnologías y con toda la comunidad de vida que habita la casa común.

También, sostiene que la Iglesia posee una responsabilidad particular en el ámbito educativo. Así como la revolución industrial exigió nuevos procesos de alfabetización, la revolución digital demanda una formación que combine competencias técnicas, pensamiento crítico y visión humanista. En este contexto, concluye que la sinodalidad ofrece uno de los testimonios más valiosos que la Iglesia puede brindar al mundo contemporáneo: recordar que la vida humana no se reduce a datos, cálculos o algoritmos, sino que encuentra su sentido en el encuentro, la escucha, la comunión y la participación.

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