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Cardenal Jaime Spengler: La Iglesia no guardará silencio ante el colapso climático

En ocasión de la Conferencia “Brindando Esperanza” (Raising Hope on Climate Change), que se realiza en Castel Gandolfo, por el décimo aniversario de Laudato Si’, y cuando el mundo se acerca al cierre del Tiempo de la Creación, el cardenal Jaime Spengler, presidente de la Conferencia Nacional de Obispos de Brasil y del Consejo Episcopal Latinoamericano y Caribeño (Celam), lanzó un llamado a la esperanza y a la acción climática.

“Alzo una voz que no es solo la mía, sino la de los pueblos latinoamericanos y caribeños, de comunidades ribereñas, indígenas, afrodescendientes, campesinas y urbanas que cuidan con ternura la vida”, inició el cardenal en su intervención titulada “La Profecía del Sur Global: un llamado a la esperanza a partir de Laudato Si’ en tiempos de colapso”.

La autoridad eclesial dijo que son estas voces, como decía el Papa Francisco, las que “caminan cantando, porque sus luchas no les quitan el gozo de la esperanza”.

Una crisis de múltiples rostros

El arzobispo de Porto Alegre describió la situación actual como una etapa de “policrisis”, donde confluyen guerras, migraciones, problemas energéticos y cambio climático. Recordó que en 2024 “se alcanzó 1.55 °C por encima del periodo preindustrial, un nivel sin precedentes en la historia de las civilizaciones”, lo que marca la cercanía a un colapso global.

Frente al debilitamiento de los consensos internacionales, advirtió que “la crisis climática no es solo técnica, sino existencial, de justicia y dignidad”. Y subrayó: “La Iglesia no guardará silencio y está llamada a elevar una voz profética que sane los tejidos socioambientales rotos”.

Citando al Papa León XIV, insistió: “La crisis ecológica es también una crisis de confianza: el mundo no se salvará si las naciones no vuelven a creer unas en otras”.

Laudato Si’, legado que sigue interpelando

El Cardenal Spengler definió la encíclica Laudato Si’ como un “legado luminoso” que renovó la misión de la Iglesia con la propuesta de la ecología integral. “Laudato Si’ enseñó a oír el doble grito de la Tierra y de los pobres, pero esta profecía no fue escuchada con la urgencia necesaria”, lamentó.

Añadió que la exhortación Laudate Deum responde a esa falta de acción, recordando que el Papa Francisco afirmó que “el Sínodo de la Amazonía es hijo de Laudato Si’”, remarcando el papel de esta región como “banco de prueba para la humanidad y para la misión de la Iglesia”.

“La Amazonía es el corazón verde del planeta, lugar donde se decide en gran medida el destino climático de la humanidad”, expresó el Card. Spengler. Y describió su riqueza en biodiversidad y agua dulce, y destacó que los pueblos indígenas han demostrado “la forma más fecunda y eficaz de custodiar los ecosistemas amazónicos”.

Camino a la COP30: denuncias y exigencias

El cardenal recordó que la realización de la COP30 en Brasil, en noviembre de este año, constituye un “llamado histórico” para que la Iglesia reafirme su voz profética y exija “deforestación cero” al 2030.

La autoridad eclesial alertó sobre la falta de compromiso de muchos países, que aún no presentan sus Contribuciones Nacionalmente Determinadas (NDC 3.0). Denunció también las “falsas soluciones” del “capitalismo verde” y los mercados de carbono, que trasladan los costos a los más pobres. “El Llamado por la Justicia Climática exige que las naciones ricas reconozcan y asuman su deuda social y ecológica, y aporten un financiamiento justo sin generar más deuda”, subrayó.

Pidió, además, eliminar progresivamente los combustibles fósiles y apostar por “una transformación económica radical hacia un modelo restaurador y de decrecimiento, que priorice el bienestar de las personas”.

Alianza con los pueblos originarios

El presidente del Celam concluyó su intervención resaltando el papel de los pueblos indígenas y tradicionales: “Cuando estos pueblos permanecen en sus tierras, son quienes mejor las cuidan. Defenderlos es defender la vida que brota de esos territorios”.

Recordó el llamado del Sínodo Amazónico a un diálogo que empiece por los últimos: “Ellos son los principales interlocutores, de los cuales primero debemos aprender”. Y explicó que se trata de “aprender a desaprender, para volver a aprender”, un camino de apertura a nuevas racionalidades y lenguajes.

“La Iglesia está llamada a abrirse al diálogo con las espiritualidades indígenas y afrodescendientes, que ayudan a desmantelar el antropocentrismo desordenado que daña la creación”, sostuvo, a tiempo de invitar a retomar la propuesta de la sobriedad feliz de Laudato Si’: “Pongamos el cuidado de la vida en el centro: es posible sustituir la lógica extractivista por una economía del bien y del cuidado de la casa común. ¡Seamos semillas de un futuro nuevo!”.

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