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Cardenal Steiner: «La Amazonía no es sólo agua y selva», es un pueblo acogedor y una religiosidad muy profunda

La Amazonía fue tema de la conferencia de prensa de la 60ª Asamblea General de la Conferencia Nacional de Obispos de Brasil este lunes 24 de abril. Los “portavoces” de la Iglesia en la región fueron el cardenal Leonardo Steiner, arzobispo de Manaos, el «cardenal de la Amazonía», presidente de la Comisión para la Amazonía, y monseñor Evaristo Spengler, que este martes cumple un mes de misión como obispo de la diócesis de Roraima, y es presidente de la Red Eclesial Panamazónica en Brasil.

 

Una Amazonía que atraviesa por dificultades

Una oportunidad para mostrar la importancia que la Amazonía tiene para la Iglesia y para el mundo, en una región que «no es sólo agua y selva«, subrayó el cardenal Steiner, que destacó el hecho de que el pueblo es extremadamente acogedor, con una religiosidad muy profunda, con un ritmo de vida marcado por las aguas. Todo ello en una Amazonía que atraviesa dificultades, citando como ejemplo la minería, que ha causado la tragedia del pueblo Yanomami, situación que se repite en el estado de Pará con el pueblo Munduruku, gravemente afectado por el mercurio; la deforestación, que es muy grande, con regiones donde ya no hay selva; la pesca depredadora, citando la muerte del periodista inglés Dom Philips y del activista indígena Bruno Pereira, asesinados por ayudar a los indígenas a defenderse de la pesca depredadora.

El cardenal Steiner señaló que la agresión contra la cuestión indígena ha sido muy fuerte en los últimos años, con un presidente de la FUNAI opuesto a los pueblos indígenas. El purpurado recordó su visita al Pueblo Yanomami, cuando llevó «la palabra de consuelo del Papa Francisco y de la presidencia de la CNBB«, diciendo que estaba consternado por las acusaciones que los indígenas hacían. El cardenal hizo hincapié en las palabras de una pareja, cuando dijo: «estamos perdiendo nuestra alma, nuestra espiritualidad», algo que definió como perder las motivaciones para existir, para estar vivos. Destacó la importancia del Ministerio de los Pueblos Indígenas y de la FUNAI, y el hecho de que estén dirigidos por dos indígenas.

 

Un pueblo solidario

En sus palabras destacó la unión entre los obispos de la Amazonía y la gran presencia de los laicos en la misión evangelizadora. Destacó también la gran solidaridad, «nunca vi tanta solidaridad en mi vida como en Manaos durante la pandemia, personas que supieron dar de poco», diciendo que, en la Arquidiócesis de Manaos, atendimos a más de 100 mil personas, una muestra del «espíritu de solidaridad que existe en nuestro pueblo».

Mons. Evaristo Spengler presentó la Iglesia en Amazonía, a partir de su experiencia en la Prelatura de Marajó y en la Diócesis de Roraima, una Iglesia muy viva, con gran religiosidad popular, donde la vida de fe impregna todas las acciones en el día a día del pueblo. En su discurso explicó cómo se están desarrollando: Laudato Si’ y Amazonía sin Fome, campañas que «brotan del corazón del Papa Francisco». En cuanto a los migrantes venezolanos, una realidad que ha aumentado este año, con una media de 500 personas entrando cada día, destacó la hermosa acción de la Iglesia de Roraima con los migrantes. La Iglesia se ha puesto muy al servicio, insistió, mostrando números de lo que la Iglesia local hace en alimentación y asistencia jurídica.

 

Gran afecto del Papa por la Amazonía

El arzobispo de Manaos destacó que «el Santo Padre siempre ha mostrado un gran afecto por la Amazonía«, como algo que está en su corazón, subrayando que la creación de un cardenal de la Amazonía es una forma de que «él exprese su cercanía a toda la Amazonía y la gente de allí lo está entendiendo así». El Papa, según el cardenal, está preocupado con la depredación de la Amazonía, «está pensando en la humanidad, está pensando en la Madre Tierra», destacando también la estima del Papa Francisco por la forma de ser Iglesia en la Amazonía, con el protagonismo de los laicos y de las pequeñas comunidades.

En cuanto a la presencia de la Eucaristía en las comunidades de la Amazonía, dijo que cree que «tenemos que dar pasos en algunas direcciones”. Esto en una Iglesia que es misionera, citando el ejemplo de la Arquidiócesis de Manaos, donde después de la Asamblea Sinodal se está preparando «laicos y laicas en cada comunidad para llevar la Palabra de Dios en las casas». Habló de procesos que generen cambios, de repensar la formación en los seminarios con sacerdotes al servicio de las comunidades, cuestionando hasta qué punto es justo que muchas comunidades de la Amazonía tengan acceso a la Eucaristía sólo dos veces al año, menos aún, según monseñor Evaristo, cuando la Eucaristía es central en la vida cristiana.

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Con relación al proyecto Iglesias hermanas destacó su dimensión misionera y la existencia de misioneros que dan su vida en la Amazonía, pero también la falta de voluntarios para la misión en las iglesias del Sur y Sudeste. Junto a esto, denunció la difícil situación provocada por la minería en la Tierra Yanomami y la destrucción que está causando a la selva y a la vida de los indígenas, muchos de los cuales son cooptados por la minería. También denunció la situación de alcoholismo, explotación y abusos sexuales. Una Iglesia llamada a unirse al camino que están recorriendo los indígenas.

 

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