Se cumple el primer año desde que el Papa León XIV asumió el ministerio petrino y, más que un cambio de mando, lo que hemos vivido es un verdadero soplo de aire fresco.
Como bien nos comparte el Cardenal Jaime Spengler, presidente del Consejo Episcopal Latinoamericano y Caribeño (Celam), en este editorial, el nuevo magisterio no es una ruptura con el pasado, sino una invitación a caminar en una continuidad que se siente siempre nueva.
Es inspirador escuchar cómo se define este pontificado a través de la esperanza. El Papa León, con su marcado espíritu misionero, nos ha recordado que la Iglesia no es una institución estática, sino un cuerpo vivo que debe saber leer los «signos de los tiempos».
En sus palabras y gestos de este último año, hemos visto un llamado constante a no conformarnos con una paz superficial —esa que es solo «ausencia de conflictos»— sino a buscar la paz profunda que nace del Resucitado.
Desde las catequesis que rescatan la esencia del Concilio Vaticano II hasta sus encuentros más cercanos, el mensaje es claro: todos tenemos una misión. No importa dónde estés, estás llamado a ser un motor de vida plena y un testigo de la comunión y evangelización.
¿Qué es lo que más te ha resonado de este primer año del Papa?












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