La Iglesia peruana celebrará una misa de desagravio con las comunidades campesinas que integran el pueblo Tallán este 23 de mayo en la parroquia San Juan Bautista de Catacaos de Piura, al norte de Perú.
Se trata de un gesto de reparación simbólica con este pueblo originario que según denuncias ha sido víctima de persecución, despojo, criminalización y hostigamiento desde hace más de una década. Delitos que involucran a industrias relacionadas con el Sodalicio de Vida Cristiana.
Compensación simbólica
La ceremonia será presidida por los cardenales Carlos Castillo, Pedro Barreto además de los arzobispos Luciano Maza de Piura y Alfredo Vizcarra de Trujillo. De esta forma la Iglesia responde a la solicitud de reparación presentada por los comuneros de Catacaos ante monseñor Jordi Bertomeu, oficial del Dicasterio para Doctrina de la fe y quien frente al caso del Sodalicio asumió las funciones de Comisario Apostólico para las tareas de la supresión de esta sociedad de vida apostólica.
La conferencia episcopal peruana informó que el objetivo de la ceremonia es expresar cercanía con las familias afectadas y abrir un camino de justicia y reconciliación luego de conocer los resultados de la investigación. El acto también contará con mensajes de adhesión enviados por obispos de distintas jurisdicciones del país andino; entre ellos David Martínez de Aguirre vicario apostólico de Puerto Maldonado, Miguel Ángel Cadenas vicario apostólico de Iquitos y Lizardo Estrada, secretario general del Consejo Episcopal Latinoamericano y Caribeño.
Según el comunicado episcopal, la Eucaristía representa “una compensación simbólica”, dirigida a las comunidades que durante años han denunciado vulneraciones contra sus derechos territoriales y sociales. Un acto solemne que congregará a representantes de la sociedad civil, autoridades y miembros del cuerpo diplomático acreditado en Perú.
Justicia y reparación
Entre ellos estarán la congresista y próxima senadora Ruth Luque, las embajadoras del Reino Unido y Alemania, además de Jane Anttila, jefa de misión de la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos.
Uno de los momentos más significativos previos a esta celebración ocurrió durante el encuentro entre los comuneros y monseñor Jordi Bertomeu en la Nunciatura Apostólica de Lima. Allí, el delegado pontificio reconoció el sufrimiento de las comunidades y afirmó que la misa es una “compensación simbólica que llega muy tarde y es insuficiente».
Sin embargo, por voluntad de Francisco, confirmada por León XIV; «hoy estamos aquí, dispuestos a iniciar un camino de reparación y justicia que pueda sanar muchas de las heridas que son vuestras y de otros pueblos originarios del Perú”.
La referencia a Francisco y León XIV confirma el respaldo de la Santa Sede a los procesos de escucha y reparación impulsados tras la supresión del Sodalicio de Vida Cristiana. Las principales acciones delictivas del Sodalicio contra el pueblo Tallán incluyen entre otras conductas delictivas el despojo territorial, violencia y criminalización. Se recuerda el uso de maniobras irregulares para tomar posesión de tierras comunales, el asesinato del lider Guadalupe Zapata Sosa el 8 de diciembre de 2011 además de la persecución, amenazas y falsas denuncias contra quienes decidieron defender su tierra.
Defender la tierra
En esa misma línea, el papa Francisco había enviado el 14 de abril de 2024 un mensaje de cercanía al pueblo Tallán, alentándolos a perseverar en la defensa de sus derechos y territorios. “Yo sé lo que les pasa a ustedes. Defiendan la tierra, no se la dejen robar. Gracias por lo que hacen”, expresó entonces el pontífice argentino en un mensaje recordado ahora por las comunidades y la Iglesia peruana. La celebración en Catacaos se produce en un contexto eclesial en donde priman las expectativas de los creyentes ante la posible visita de León XIV a Perú.
Para distintos sectores de la Iglesia local, este gesto hacia el pueblo Tallán anticipa un tono pastoral centrado en la cercanía con los pueblos originarios, la defensa de la dignidad humana y la búsqueda de justicia frente a situaciones de exclusión y abuso.
Así, la Iglesia peruana impulsa un signo público de memoria y acompañamiento a comunidades que reclaman verdad y reparación, en un proceso cuyas heridas todavía permanecen abiertas y continúan interpelando tanto a la sociedad como a las instituciones eclesiales del país.
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