Con motivo del Congreso Internacional “Ex Corde Ecclesiae 35 años: Identidad, Misión y Esperanza”, realizado en el Campus San Andrés de Concepción, el director del Centro de Gestión del Conocimiento del Celam, Guillermo Sandoval Vásquez, ofreció la conferencia “La presencia de la Universidad en la vida de la Iglesia”.
En representación del cardenal Jaime Spengler, presidente del Celam, y de monseñor Lizardo Estrada, secretario general, Sandoval transmitió “el deseo de la presidencia del Celam de continuar profundizando la relación entre la Organización de Universidades Católicas de América Latina y el Caribe y el Consejo Episcopal Latinoamericano y del Caribe”.
Fe y razón en diálogo
Sandoval reamrcó que “la universidad católica nace del corazón de la Iglesia” y que su misión es “servir al ser humano en su camino hacia Dios, mediante el encuentro entre fe y razón”.
Citó a san Agustín para recordar que la búsqueda universitaria está marcada por el gaudium de veritate: “el gozo de buscar la verdad, descubrirla y comunicarla”. Y remarcó que “la misión fundamental de la Universidad es la constante búsqueda de la verdad … para el bien de la sociedad”.
El expositor afirmó que Ex Corde Ecclesiae “es también un eminente documento del magisterio social de la Iglesia”, porque lo que se investiga y enseña “son los signos de los tiempos y el discernimiento universitario que se hace de ellos”. Recordó que san Juan Pablo II entendía la universidad como “el signo vivo y prometedor de la fecundidad de la inteligencia cristiana en el corazón de cada cultura” y que su labor no se limita a “los conocimientos útiles”, sino a la “libre búsqueda de toda la verdad acerca de la naturaleza, del hombre y de Dios”.
La dignidad humana en el centro
Sandoval señaló que “somos todos y todas hijos e hijas de Dios, portadores de una dignidad inalienable”, y que el respeto a esa dignidad “hace necesario construir un mundo conforme al querer de Dios”.
La universidad católica, dijo, debe asegurar el acceso a la cultura y al conocimiento en clave plural y diversa. “El Evangelio abarca y renueva todo: fecundiza la cultura”, añadió.
Al referirse a ciencia y tecnología, advirtió que su discernimiento es también responsabilidad de la universidad católica, que está llamada a valorar los avances “en la perspectiva total de la persona humana”.
Ciencia, ética y cuidado de la casa común
Sandoval recordó que san Juan Pablo II pedía “una continua renovación, tanto por el hecho de ser universidad, como por el hecho de ser católica”. Esa renovación implica asumir la primacía de lo ético sobre lo técnico y de la persona sobre las cosas.
También evocó las palabras del Papa Francisco sobre los riesgos del “paradigma tecnocrático” y la necesidad de superar la “economía que mata”.
El director del Centro de Gestión del Conocimiento insistió en que las universidades no deben limitarse a entregar títulos: “Nuestras universidades buscan además formar personas que transformen la sociedad”. Por ello, pidió que las aulas católicas “formen líderes que vayan a servir a la sociedad” y que permanezcan siempre en diálogo con los obispos y el Pueblo de Dios, sin perder autonomía académica.
Comunidad al servicio de la Iglesia
El ponente recordó que la universidad católica es “una comunidad académica que contribuye a la tutela y el desarrollo de la dignidad humana y de la herencia cultural”.
Afirmó que Ex Corde Ecclesiae llama a estudiar problemas como “la dignidad humana, la justicia, la calidad de vida, la protección de la naturaleza, la paz y una distribución más equitativa de los recursos del mundo”.
“Educar no es llenar jarrones, sino encender fuegos”, citó del Papa Francisco, para subrayar que la universidad católica está llamada a ser “custodia de este fuego para transmitirlo por contacto, es decir, por testimonio personal y comunitario”.
Seguir la música del Evangelio
En la parte final, Sandoval retomó la metáfora propuesta por el Papa León XIV en la FIUC: “Las universidades católicas, coreógrafas del saber”. Ante ello planteó: “¿Quién pone la música a esta coreografía?”.
Recordó que abundan “cantos de sirena” en la sociedad actual, pero insistió en que las universidades deben seguir la música del Evangelio: “Itinerarios de la mente hacia Dios”, según san Buenaventura.
“La invitación de hoy es a seguir nuestra música, aquella que alienta la coreografía del saber, pero también del servicio. Aquella que acompaña alegremente a encender fuegos, antes que llenar jarrones. Para esta tarea ¡contaremos siempre con el Espíritu Santo!”, concluyó.
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