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Padre Miguel Martins: «Buscar este nuevo rostro de la Iglesia, encontrar una forma de vivir como comunidad más allá de las estructuras»

El Sínodo 2021-2024 presenta una interesante novedad en su método, según el padre Miguel de Oliveira Martins Filho, uno de los facilitadores de la Asamblea Sinodal que se celebrará en octubre. Se trata de una metodología que «nos ayuda a abrirnos desde una perspectiva más espiritual y orante a los contenidos de lo que el Espíritu Santo nos está dando, está suscitando en nosotros», afirma el jesuita.

En un clima de diálogo, en varias rondas se llega a los «signos de aquello a lo que el Espíritu Santo nos está conduciendo». Siguiendo el método de los Ejercicios Espirituales de San Ignacio, ayuda a avanzar en el discernimiento, a saber elegir, a saber tomar decisiones, iluminados por el Espíritu Santo. Todo ello con vistas a una Iglesia con el deseo de «realizar aún más esta sinodalidad, este rostro sinodal de la Iglesia».

Para lograrlo, «necesitamos cambiar esta mentalidad y centrarla en Jesús», según el religioso. Una Iglesia en la que «la diversidad sea un signo, un sacramento de Dios, de Jesús, para todo el mundo«. Una Iglesia de todos, que «necesita cambiar su mentalidad y pensarse realmente como una comunidad diversa».

 

Podríamos decir que una de las novedades del actual proceso sinodal es la conversación espiritual y los facilitadores de esta conversación. ¿Qué puede significar esto para el proceso sinodal que está viviendo la Iglesia?

La experiencia de la conversación espiritual o conversación en el Espíritu aporta una novedad interesante al método sinodal porque prepara a las personas para estar abiertas al Espíritu. La conversación espiritual, el diálogo en el Espíritu, nos ayuda a abrirnos desde una perspectiva más espiritual y orante a los contenidos de lo que el Espíritu Santo nos está dando, está suscitando en nosotros.

La conversación espiritual nos ayuda porque realmente nos pone en una actitud de diálogo, no sólo de discusión, de debate, ésa es la diferencia. La diferencia con la conversación espiritual es que nos colocamos en la dinámica de escuchar al Espíritu. A través de esta discusión sobre los diversos temas que se plantean en la Iglesia, ¿qué trata de decirnos el Espíritu Santo?

La conversación espiritual se basa en la escucha espiritual, y esta escucha tiene lugar en los momentos de oración personal y en los momentos de compartir o conversación espiritual. Aquí es donde maduramos, a través de las tres rondas del compartir, donde en la primera ronda sólo hablamos, cada persona del grupo, de la comunidad, habla y los demás escuchan.

En la segunda ronda, podemos hablar y preguntar y ver un poco cómo prestar atención a lo que el discurso de la otra persona ha suscitado en mí como movimiento espiritual. Entonces la discusión, o el intercambio de ideas e intuiciones, madura y se profundiza en esta dinámica. En la tercera sesión, buscamos esos consensos, esas intuiciones que coinciden entre sí hasta llegar a lo que comprendemos que son los signos de aquello a lo que el Espíritu Santo nos está conduciendo.

 

Una metodología que tiene una clara influencia ignaciana. Usted es jesuita y conoce los Ejercicios Espirituales, ¿qué pueden aportar al proceso sinodal, a la vida de la Iglesia, diócesis, parroquias y comunidades?

Los Ejercicios Espirituales de San Ignacio pretenden preparar y disponer el alma, el ser humano, la vida de cada persona que hace los ejercicios, para encontrar y descubrir la voluntad de Dios. Para ello, tenemos que empezar aceptando lo que el Espíritu nos dice, discerniendo qué es lo que sentimos, qué es lo que percibimos de la realidad dentro de nosotros mismos, qué son signos del buen espíritu. Luego aceptamos eso y rechazamos lo que no es del buen espíritu.

Esto, aplicado a la Iglesia, ayuda mucho, porque es un ejercicio de discernimiento, que también es una experiencia muy ignaciana. ¿Qué sería este discernimiento? Una actitud que desarrollamos de saber elegir, de saber tomar decisiones, iluminados por el Espíritu Santo. No sólo inclinados e influidos por mi voluntad, mi deseo, lo que pienso, mis ideas, sino que precisamente porque está basado en la oración, en el silencio, en la escucha del Espíritu, nos daremos cuenta a través del discernimiento de lo que es mi capricho o mis deseos, mis opiniones y lo que el Espíritu Santo está queriendo abrirnos, ponernos delante como algo nuevo.

Al elegir este proceso de conversación espiritual y el proceso de discernimiento espiritual, el Sínodo nos está ayudando; es una contribución de la espiritualidad ignaciana a la Iglesia y a todo cristiano que quiera darse cuenta realmente de cuál es la voluntad de Dios en medio de tantas cosas.

 

Usted está siguiendo el proceso a nivel de América Latina y el Caribe, fue facilitador en una de las reuniones de la Etapa Continental, ¿qué está suscitando el Espíritu en la Iglesia del continente?

La Iglesia en América y el Caribe ha tenido una larga experiencia de sintonía con lo que el Espíritu Santo nos ha ido planteando desde el Concilio Vaticano II. El continente latinoamericano ha recorrido un largo camino, y ahora el proceso sinodal, lo que estamos haciendo, lo que estamos viviendo es un kairós. En la reunión del Cono Sur, en Brasilia, pude ver una Iglesia viva, diversa, un deseo de acoger la novedad que el Espíritu Santo está suscitando con vistas a una Iglesia más inclusiva, más abierta, más diversa y atenta a los signos de los tiempos.

Esto es lo que pretende el Papa Francisco cuando habla del Sínodo sobre la sinodalidad: es un Sínodo sobre la Iglesia. Buscamos este nuevo rostro de la Iglesia, encontrar un modo de vivir como comunidad más allá de las estructuras, o de repensar las estructuras. Los ministerios ordenados, los ministerios laicos, todos los que forman la Iglesia, el rostro de la Iglesia, tenemos que repensar la cuestión del poder, la participación de las mujeres, la participación de los laicos, la participación de los sacerdotes y los obispos.

Es el momento de repensar toda esta cuestión del perfil, de cómo pensar la vocación sacerdotal o la vocación episcopal en esta Iglesia que quiere ser una Iglesia de comunión, una Iglesia de participación. La propuesta del Sínodo ya está en camino en la Iglesia de América Latina, con este deseo de concretar más esta sinodalidad, este rostro sinodal de la Iglesia.

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El Papa Francisco utiliza la imagen del poliedro para hablar de la Iglesia, ¿es posible hoy una Iglesia así? ¿Cómo puede el Sínodo ayudar a hacer realidad esta Iglesia diversa, poliédrica, con múltiples rostros, ministerios, múltiples realidades que se engloban en una misma Iglesia?

Lo que necesitamos es un cambio de mentalidad en la Iglesia. Tenemos unas ideas fijas, muy petrificadas. Lo primero que tiene que pasar, y el Papa Francisco está insistiendo mucho en ello, es que cambiemos esa mentalidad y nos centremos en Jesús. Propone una comunidad de seguidores abierta a la realidad. Cuando el Papa Francisco habla de esta imagen del poliedro, es precisamente porque se da cuenta de que la diversidad es un signo, un sacramento de Dios, de Jesús, para todo el mundo.

No podemos pensar en la Iglesia como una comunidad de elegidos, una comunidad que excluye a las personas que creemos que están fuera de la comunión o de Dios, no podemos hacer eso. Cuando el Papa Francisco dice en la Jornada Mundial de la Juventud que la Iglesia es para todos, todos, todos, quiere decir que la Iglesia tiene que cambiar su mentalidad y pensar realmente en sí misma como una comunidad diversa.

 

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