ADN Celam

Paolo Ruffini en Rostros y voces: «Comunicar no es solo difundir noticias, es construir relaciones profundas»

“La comunicación enfrenta una crisis de sentido que va más allá de las tecnologías y los formatos”, afirmó Paolo Ruffini, en la última emisión de Rostros y Voces, el programa de entrevistas de ADN Celam.

Espacio periodístico en donde el prefecto del Dicasterio para la Comunicación de la Santa Sede compartió sus posturas sobre el rol de la Iglesia y los comunicadores en la actualidad.

Consciente de fenómenos como la inmediatez, la sobreinformación y la fragmentación, el periodista italiano lejos de quedarse en lo técnico, abordó la comunicación desde lo humano y espiritual, en un diálogo cuyas reflexiones constituyen una herramienta clave para entender la comunicación de este tiempo.

Ruffini se abrió a una serie de interrogantes sobre el modo de comunicar la fe, la verdad y la experiencia humana en tiempos marcados por el cambio. De ahí que analice los desafíos que enfrenta la Iglesia para evitar que su identidad se diluya.

Anuncio y esperanza

“El desafío más grande -afirma- ha sido la capacidad de la Iglesia para hablar usando un lenguaje adecuado a la gente de su propio tiempo, sin ser totalmente de ese tiempo”. Reto que se demuestra en una comunicación que no se limita a transmitir información, sino que ofrece sentido.

En este contexto, Ruffini hace una propuesta contracultural. “Frente a una comunicación que parece rendida al mal, la Iglesia está llamada a testimoniar que el bien es posible. El bien ya ganó y nosotros debemos testimoniar el Reino de Dios aquí y ahora”.

Afirmación que habla de la comunicación como anuncio y esperanza que sobrepasa la narración de hechos superficiales para establecer la relación entre comunicación y sinodalidad,

Para Ruffini, la sinodalidad no es un concepto, es una forma de vivir y comunicar. “Caminar juntos significa vivir en comunión”; ese es el “medio de comunicación de la Iglesia” porque “la credibilidad del mensaje cristiano no depende de las palabras, sino de la capacidad para construir relaciones auténticas”.

Idea que adquiere relevancia, en un tiempo donde abundan los monólogos disfrazados de diálogo. Realidad que Ruffini explica con una enseñanza de Francisco. “Lo contrario del monólogo no es el duólogo”, es decir, donde todos hablan, pero nadie escucha; porque “el verdadero diálogo, implica escucha profunda, incluso silenciosa. Se trata de escuchar con el corazón, entrar en el corazón del otro”.

Una búsqueda común

Por otra parte, Ruffini interpela a los comunicadores a quienes advierte sobre el riesgo de encerrarse. “A veces pensamos que la comunicación solo concierne a un pequeño círculo de católicos”, pero debemos salir al encuentro del mundo y comunicar sin miedo la “belleza del cristianismo”.

Entonces “la comunicación no se reduce a la técnica, no es una función. Es la esencia de lo que somos”, esto determina el rol del comunicador, que no se restringe a la producción de contenidos, porque debe construir relaciones que perduren y transformen.

Igualmente, habla de la tentación de convertir la comunicación en una estrategia, un tema sensible para muchas instituciones que no coartan su respuesta. “La comunicación cristiana no tiene nada que ver con el marketing”. En lugar de buscar audiencias o “cuotas de mercado, la meta es compartir una experiencia: ese encuentro con Jesús, fuente de sentido y transformación”.

Enfoque que se conecta con otra pregunta de la entrevista ¿Cómo se comunica la fe en un mundo secularizado?

Ruffini explica que la clave está en reconocer que las personas siguen buscando lo mismo: amor, relaciones auténticas, sentido. “¿Qué buscan las personas si no relaciones de amor?”, cuestiona. Entonces, la fe no se presenta como una imposición, sino como la respuesta a una búsqueda universal.

Observar, discernir, actuar

La entrevista concluye con una reflexión para los periodistas. En un entorno dominado por la rapidez, es necesario recordar que “el discernimiento requiere tiempo y paciencia”, advertencia pertinente en la era digital, donde la presión por publicar puede comprometer la profundidad y la veracidad.

Ante esta tensión entre inmediatez, verdad y uso de la inteligencia artificial Ruffini alerta “hace falta la paciencia de la búsqueda”, lo que reivindica el valor del trabajo riguroso y el encuentro directo con las personas.

El 5 de julio de 2018, Paolo Ruffini se convirtió en el primer laico al frente de un dicasterio vaticano. Designación estratégica de Francisco en su deseo de reformar la curia romana que, en su tiempo, abrió espacios para los laicos y rompió con la tradición de cargos ocupados únicamente por consagrados.

Gesto que además de un hito histórico es un salto para la laicidad que llegó con el deseo de modernizar los procesos de comunicación en la Santa Sede a partir de la experiencia profesional y la lectura crítica del mundo y sus realidades.

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