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Puerto Rico: Diócesis de Mayagüez celebra sus 50 años con llamado a fortalecer la unidad eclesial

Foto: Episcopado puertorriqueño

La diócesis de Mayagüez conmemoró este 16 de mayo el 50 aniversario de su fundación con una solemne eucaristía presidida por su obispo titular, monseñor Ángel Luis Ríos Matos. El prelado exhortó a la Iglesia en Puerto Rico a permanecer “unida” y comprometida con su misión evangelizadora. El acto reunió a representantes del clero, comunidades religiosas, autoridades civiles y cientos de fieles.

Al dirigirse a los asistentes, el prelado agradeció la presencia de las distintas expresiones de la vida eclesial y sostuvo que el jubileo era una muestra de “la unidad de la Iglesia puertorriqueña”. Asimismo, definió a Mayagüez como “la puerta de entrada de la cultura y del cristianismo” y su profundo significado para la tradición cristiana de Puerto Rico.

Destacó que la celebración de los 50 años de la diócesis debía vivirse como un acontecimiento espiritual y de gratitud, más que como un acto meramente institucional. En ese contexto dijo: “Hoy nos reunimos alrededor del altar para elevar una acción de gracias por lo bueno que ha sido el Señor con nosotros”.

Jubileo, memoria y renovación

Luego de hacer un recuento de los orígenes de la diócesis, el obispo destacó el testimonio de monseñor Ulises Casiano Vargas como primer obispo de Mayagüez en 1976 y recordó la actitud de fe con la que aceptó su misión episcopal. Recordó que el prelado fundador aceptó la misión “plenamente confiado” en la gracia de Dios. Según afirmó, medio siglo después la Iglesia de Mayagüez sigue sostenida por esa misma confianza en Dios. “Hasta aquí nos ha ayudado el Señor”, aseveró.

Durante su reflexión, el obispo explicó que el cincuentenario diocesano trasciende una simple efeméride histórica, pues encierra un significado profundamente jubilar. A la luz del libro del Levítico, recordó que el año 50 simboliza un tiempo de “liberación, restauración y renovación de la alianza con Dios”, e invitó a la Iglesia local a mirar el futuro con renovado compromiso evangelizador.

A la luz de los textos bíblicos, el obispo destacó que la diócesis ha sido por cincuenta años un espacio de acogida y esperanza, “una montaña espiritual” para miles de fieles que han hallado allí “dirección, consuelo, verdad y salvación”. “La Iglesia no existe para encerrarse en sí misma”, expresó, sino para iluminar y acompañar al pueblo en su camino hacia Dios.

Unidad e identidad católica

En otro momento de su reflexión, hizo un llamado a fortalecer la comunión eclesial y recordó que la misión de la Iglesia solo puede sostenerse desde la unidad. “Una Iglesia separada pierde fuerza; una Iglesia unida es signo creíble del reino de Dios”, observó al exhortar a fortalecer la comunión entre parroquias, sacerdotes, movimientos eclesiales y distintas generaciones, en sintonía con el Santo Padre y la Iglesia universal.

El líder religioso recordó que la Iglesia de Mayagüez nació con una misión claramente evangelizadora y no únicamente administrativa. Fuimos constituidos para evangelizar”, señaló al referirse al llamado de la Iglesia a formar discípulos y transformar la realidad desde el Evangelio.

Además, expuso su gratitud hacia sacerdotes, religiosas y fieles laicos que, con dedicación y servicio silencioso, han sostenido la misión pastoral de la diócesis a lo largo de estas décadas. Entre ellos, mencionó a sacerdotes, religiosas, catequistas, ministros y movimientos eclesiales, así como a instituciones históricas que han dejado una huella significativa en la vida de la Iglesia puertorriqueña.

Defensa de la cultura y la fe

Casi al cierre de la homilía, el obispo hizo un llamado a salvaguardar los valores culturales y espirituales que forman parte de la identidad puertorriqueña. “Estamos llamados como Iglesia a defender sin miedo la identidad de la nación puertorriqueña”, expresó.

El jerarca animó a promover una Iglesia “amiga de todos”, marcada por la cercanía y la fraternidad, capaz de acompañar a las personas desde la caridad y el cuidado mutuo. También alentó a caminar en clave sinodal, como una comunidad que escucha, dialoga y acompaña.

La celebración de los 50 años concluyó con una invocación mariana a Nuestra Señora de Montserrat, a quien el obispo confió el futuro pastoral de la diócesis. “Que los próximos 50 años encuentren una diócesis más santa, más unida y más misionera”, expresó monseñor ante la asamblea presente.

 

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