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Quinto coloquio destaca investigación y observatorios como claves para afrontar crisis educativas

Con el propósito de fortalecer los observatorios sociopastorales de América Latina y el Caribe, el Centro de Gestión del Conocimiento (CGC) del Celam realizó la quinta edición del conversatorio «¿Cómo analizar y transformar la realidad educativa en América Latina y el Caribe?».

La sesión contó con la participación de Gloria Bernal, economista y doctora en análisis de políticas públicas, quien expuso el trabajo desarrollado por el Laboratorio de Economía de la Educación de la Pontificia Universidad Javeriana de Colombia.

El encuentro hizo parte del ciclo de coloquios promovido por la Red Sinodal de Observación Sociopastoral y el Observatorio Socioantropológico Pastoral (OSAP) del Celam. Según explicó Aldo Vázquez, coordinador de esta red, estos encuentros favorecen el intercambio de experiencias entre observatorios eclesiales, universidades católicas y organismos vinculados a conferencias episcopales y diócesis de la región.

Un laboratorio que convierte los datos en decisiones

Bernal contó con orgullo que todo comenzó a gestarse en 2020 tras resultar seleccionado en una convocatoria interna de la universidad orientada a impulsar proyectos de innovación. “Nuestra idea fue una de las premiadas”, recordó, subrayando que aquellos recursos iniciales sentaron las bases de un laboratorio que hoy genera información clave para el análisis educativo.

La directora del laboratorio explicó que la investigación se apoya principalmente en el análisis de datos para comprender las transformaciones que atraviesa la educación. Entre los hallazgos más recientes señaló la caída de la natalidad en Colombia, una tendencia que —afirmó— podría repercutir en la cantidad de estudiantes que demandarán servicios educativos en los próximos años.

No obstante, Bernal advirtió que los datos, aunque fundamentales para identificar tendencias, no permiten por sí solos comprender toda la complejidad de los fenómenos educativos. “Los datos nos dan una idea muy fuerte y muy robusta de hacia dónde van las tendencias; son siempre insuficientes para leer toda la realidad”, afirmó. En ese sentido, explicó que el laboratorio ha fortalecido el uso de metodologías cualitativas para identificar las razones que explican las tendencias reflejadas en los datos.

Evaluar para transformar

La académica indicó que el carácter de “laboratorio” no se limita al análisis de datos, sino que implica el desarrollo de experiencias concretas en instituciones educativas. Para ello, recoge evidencia previa y posterior a su implementación, con el fin de determinar qué estrategias generan mejores resultados.

“Se llama laboratorio porque vamos a campo y observamos qué es lo que está pasando; no nos quedamos solamente en el diagnóstico”, apuntó. Además, explicó que las intervenciones en terreno permiten evaluar qué iniciativas generan mejores resultados según las características de los estudiantes y los entornos educativos.

Expuso que además de producir evidencia, el laboratorio trabaja por comunicar los hallazgos para que estos puedan ser comprendidos y utilizados en las decisiones que haya que tomarse. Esta labor de divulgación clara y precisa ha dado lugar a más de 130 informes públicos, una veintena de documentos de política pública y más de 150 infografías.

“Todo esto es público, no se cobra por bajar ningún informe; es un servicio al país”, subrayó. La credibilidad alcanzada por este trabajo ha permitido que sus integrantes sean requeridos por instancias como el Congreso y la Corte Constitucional para ofrecer insumos técnicos en debates sobre política educativa.

Redes, diversidad y desafíos de la investigación

Al compartir algunas lecciones de su experiencia, Bernal atribuyó buena parte del crecimiento del laboratorio al respaldo recibido por la institución, los equipos multidisciplinarios y una amplia red de colaboradores para mantenerse en el tiempo y generar impacto.

Tratamos que los proyectos sean multidisciplinares. Invitamos a psicólogos, trabajadores sociales y educadores”, comentó. Convencida de que los desafíos educativos no pueden analizarse desde una sola mirada, logró reunir profesionales de diferentes regiones y trayectorias para ampliar la comprensión de las realidades estudiadas.

Junto a los avances, la directora también compartió algunos de los desafíos que han acompañado el crecimiento del laboratorio. Entre ellos mencionó el acceso a los datos, la ausencia de información en algunos territorios y los desafíos de comunicación. “La comunicación con un lenguaje simple” es una de las claves que hoy considera fundamentales para generar incidencia social y política.

Una experiencia que fortalece la red de observatorios

Las ideas expuestas por Bernal encontraron una amplia acogida entre los participantes. Janeth Rincón Morales, coordinadora del Observatorio OSAP, destacó que esta experiencia representa una referencia importante para los esfuerzos de la Iglesia por fortalecer observatorios dedicados al seguimiento y análisis de la realidad educativa.

“Estamos muy contentos porque la información que nos ha compartido la doctora Gloria es muy puntual y va al logro de los objetivos que nos hemos planteado”, aseguró.

Por su parte, Nelson Otaya, coordinador del núcleo de educación y juventud de la red de observatorios, afirmó que la experiencia compartida por Bernal representa un estímulo para fortalecer espacios de investigación que permitan comprender y visibilizar los desafíos educativos que atraviesan los países de la región.

El coordinador resaltó que los observatorios permiten sacar a la luz problemáticas que muchas veces permanecen invisibilizadas. Además, sostuvo que la evidencia cuantitativa y cualitativa aporta elementos indispensables para comprender contextos complejos y respaldar decisiones más acertadas. El desafío, añadió, consiste en construir “mapas de esperanza” capaces de orientar la transformación educativa en América Latina y el Caribe.

Preguntas sobre crisis educativas y polarización

Durante el intercambio con los asistentes surgieron preguntas sobre dos desafíos que afectan a numerosos países de la región: la sostenibilidad de los procesos educativos en escenarios adversos y la producción de conocimiento en contextos de fuerte división social y política.

Para Bernal, la mejor respuesta a la polarización sigue siendo la rigurosidad. “La investigadora tiene que pararse en la raya de la rigurosidad y poder defender cuál es el resultado independientemente de la posición”, afirmó. De hecho, recordó que algunos estudios elaborados por su equipo fueron utilizados por actores de distintas tendencias ideológicas durante discusiones parlamentarias sobre educación.

Aunque reconoció que persisten importantes desigualdades en el acceso a recursos educativos, Bernal destacó que existen muchas experiencias exitosas tienen como protagonista la dedicación de maestros y equipos directivos comprometidos con el aprendizaje de sus estudiantes.

La jornada concluyó subrayando la importancia de fortalecer los observatorios sociopastorales como espacios de análisis, discernimiento y generación de conocimiento, al servicio de una educación que contribuya a la construcción de sociedades más justas y esperanzadoras.

 

 

 

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