La Red Latinoamericana y Caribeña de la Cultura del Cuidado, región Cono Sur, realizó este 4 de junio, el conversatorio virtual “Aprender a escuchar: primer paso en el trabajo con víctimas”, con la ayuda de representantes eclesiales y especialistas se reflexionó sobre la importancia de la escucha como puerta de entrada en los procesos de acompañamiento a víctimas y sobrevivientes de abusos.
El acto de apertura estuvo a cargo del padre Pedro Brassesco, secretario general adjunto del Consejo Episcopal Latinoamericano y Caribeño (Celam), quien mencionó que esta jornada era una iniciativa impulsada por la Red latinoamericana y caribeña de la cultura del cuidado, integrada por conferencias episcopales, la CLAR y Cáritas Latinoamérica.
Luego se dio paso al saludo de monseñor Lizardo Estrada, secretario general del Celam, quien saludó en nombre de las directivas y agradeció la realización del conversatorio y expresando su deseo de que estos encuentros produzcan frutos concretos en el compromiso eclesial con las víctimas.
Escuchar sin defensas, escuchar sin recetas
El primer en intervenir desde Uruguay fue el padre David De Miranda, quien mencionó que la Conferencia Episcopal se encuentra en una fase inicial de desarrollo de centros de escucha, asegurando que ya se han dado pasos concretos. Fue enfático en señalar que, escuchar requiere vaciar la agenda y entregarse con empatía y respeto, sin minimizar el dolor ni buscar soluciones inmediatas. El ejercicio, dijo, conlleva una profunda disposición a recibir y sostener el sufrimiento del otro.
Por su parte, monseñor Ricardo Morales, de Chile, expuso una experiencia de escucha que le marcó su ministerio. Indicó que muchas víctimas no van en busca de ser consoladas, sino ser escuchadas con atención total y creídas en su testimonio. Por lo que rechazó las posturas defensivas que a veces se usan, insistiendo en la importancia de simplemente estar presentes en plenitud y con agenda libre para dedicar el tiempo a la escucha. Igualmente, sostuvo que acompañar es un camino que no se cierra en un solo encuentro, sino que exige disponibilidad y apertura continua.
Escucha con compasión y sin prejuicios
Desde Paraguay, la psicóloga Lorena Cardoso, casada y con cuatro hijos, aportó desde una mirada profesional y humana, remarcando que muchas veces no se tienen las palabras justas para hablar con las víctimas y estas, indicó vienen a ser escuchadas luego de decidirse a expresar su dolor después de un largo proceso. Recomendando escuchar con una apertura de corazón y con una actitud compasiva. A su juicio, cuando la ciencia no alcanza, es el amor de Cristo quien puede ofrecer verdadera sanación.
El contexto también escucha: ambientes que cuidan
El último en intervenir fue monseñor Fernando Wechsung, de Argentina, quien puso especial énfasis en las condiciones que rodean el acto de la escucha. Recordó que la instancia de escucha debe estar revestida de una profunda calidad evangélica, y que una mala experiencia en este sentido puede llegar a generar daños adicionales a la persona que ya ha sufrido.
Compartió la experiencia de un caso particular en que la elección inadecuada del lugar –ambientes lúgubres, institucionales o cargados de símbolos de autoridades eclesiales– terminó por bloquear la posibilidad de abrir el corazón de quien esperaba ser escuchado. Por eso, fue enfático en señalar la importancia de crear ambientes apropiados, seguros y humanos donde las víctimas puedan sentirse acogidas, no juzgadas ni intimidadas.
Un camino que se construye con humildad
Este conversatorio, moderado por Raquel Barreto desde Paraguay, nació como fruto de un encuentro previo entre representantes de las comisiones episcopales de protección de menores del Cono Sur. La jornada buscó compartir experiencias desde las diversas realidades nacionales para dar pasos efectivos junto a víctimas y sobrevivientes.
Los panelistas, coincidieron en afirmar que la escucha activa, compasiva y libre de prejuicios, no es solo una estrategia pastoral que se debe cumplir, sino una exigencia moral y evangélica. El escuchar es un acto de justicia hacia quienes han sido heridos y vulnerados en sus derechos y es el primer paso para sanar no solo la víctima sino a la propia Iglesia.
Sobre los panelistas
El conversatorio contó con la participación de destacados referentes de la región Cono Sur, comprometidos con la construcción de una Iglesia más segura y empática. Desde Uruguay, el padre David de Miranda compartió su experiencia como canonista y miembro de la Comisión Nacional para la Prevención de Abusos; monseñor Ricardo Morales, obispo de Copiapó en Chile, habló desde su experiencia pastoral y como presidente del Consejo Nacional de Prevención de Abusos y Acompañamiento a Víctimas.
La psicóloga paraguaya Lorena Cardoso ofreció su testimonio desde la atención directa a sobrevivientes en la arquidiócesis de Asunción, destacando el valor de una escucha compasiva; finalmente, monseñor Fernando Wechsung, obispo auxiliar de La Plata en Argentina y presidente del Consejo Pastoral de Protección, abordó el rol de las estructuras eclesiales en los procesos de escucha y acompañamiento.
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