En el desarrollo del Encuentro de Espiritualidades por una Transición más allá de los Combustibles Fósiles, que se adelanta en Santa Marta (Colombia), líderes religiosos, comunidades impactadas y jóvenes intervinieron en el panel “La fe y la ética de la transición más allá de los combustibles fósiles”, quienes expresaron cuestionamientos a los actuales modelos de transición energética y propusieron caminos basados en la justicia, la vida y el cuidado integral del planeta.
Al iniciar el panel, el sacerdote redentorista Franco Giraldo, integrante del nodo Colombia de la red de Iglesias y Minería y de la comunidad eco-espiritual, subrayó el papel de la espiritualidad en los grandes cambios históricos: “Todo gran movimiento histórico […] proviene en última instancia de una experiencia espiritual fundante”. Desde allí, planteó una advertencia clara frente a la transición energética actual: “Cuidado con una transición que implique más extractivismo y explotación de la Madre Tierra”.
En su intervención, Giraldo cuestionó el sentido de las políticas globales al preguntarse: “¿Existe realmente la voluntad de abandonar los combustibles fósiles o solo se suman nuevas fuentes de energía?”. Asimismo, señaló que la crisis climática se intensifica por “la extracción desaforada de minerales críticos” y una lógica que calificó como “un genocidio y un ecocidio acelerados por la guerra y el extractivismo”.
Críticas al modelo extractivo y propuestas desde la fe
El representante de Iglesias y Minería advirtió que una respuesta efectiva a la crisis exige ir más allá de lo tecnocrático, sino que deben integrar una mirada ética y espiritual. En ese sentido, enfatizó la necesidad de implementar el Acuerdo de Escazú, avanzar hacia territorios libres de extracción fósil y promover el decrecimiento en los países de mayor consumo.
De igual forma, presentó “siete mandamientos” como hoja de ruta hacia una transición justa, entre los que resaltan la sobriedad en los estilos de vida, la educación para la conversión ecológica y el fortalecimiento del tejido comunitario. “La salvación del planeta requiere cambios estructurales. Estos no pueden surgir del sistema extractivista que causó la crisis”, subrayó.
Desde las comunidades afectadas, se evidenciaron las consecuencias tangibles del modelo extractivo en los territorios. Mildred Cuete Uriana, del pueblo Wayuu, compartió su testimonio sobre la minería de carbón en La Guajira: “Nos convertimos en zona de sacrificio […] nos han quitado nuestras tierras, nos han desviado nuestros ríos y nos han contaminado el agua”.
El testimonio evidenció el sufrimiento acumulado por años de explotación: “No hemos tenido reparación ni justicia. Y no queremos que las transiciones signifiquen nuevos extractivismos”. A la vez, describió las consecuencias en la salud de su familia, evidenciando el impacto humano de la crisis ambiental.
Resistencia territorial y defensa del agua
En esa misma perspectiva, Doris Flores, de la red de acueductos comunitarios de La Paz, Santander, advirtió sobre la amenaza que representan nuevos proyectos mineros en su territorio. “Llevamos 215 días en resistencia […] luchando por no dejar que entre la mina de carbón”, afirmó.
La representante comunitaria alertó sobre el daño que podría causar la minería a los acueductos y a la vida local: “Al explotar la cordillera nos van a destruir los acueductos que benefician a miles de personas”. Su postura fue contundente: “No queremos ser un nuevo corredor minero […] la madre tierra es el pulmón del mundo entero”.
Las comunidades coincidieron en señalar que proteger el territorio es una lucha por la vida misma, y que el avance del extractivismo supone la pérdida de biodiversidad, identidad cultural y soberanía. “Si dejamos de luchar, van a destruir nuestro territorio”, advirtió Flores.
Juventud, Amazonía y una transición con participación
El espacio incluyó la participación de jóvenes estudiantes del colegio San Francisco de Asís, en Bogotá, quienes compartieron acciones concretas que desarrollan como huertas escolares y campañas de reciclaje. “No venimos solo a hablar, venimos desde lo que ya estamos haciendo”, señalaron.
Desde su experiencia, la juventud interpeló su exclusión de los escenarios donde se definen las políticas: “Si somos el presente y el futuro, ¿por qué no se tienen en cuenta las consecuencias a largo plazo?”. Asimismo, insistieron en que “la transición justa empieza en los territorios” y en la vida cotidiana.
Juan Felipe Martínez, secretario ejecutivo de la Red Eclesial Panamazónica (Repam) Colombia, intervino desde la perspectiva amazónica para plantear una visión integral de la transición. “La Amazonía es un lugar teológico […] una manifestación clara de Dios”, expresó, advirtiendo que este territorio enfrenta serios riesgos.
El representante de Repam criticó la mirada limitada de la transición energética, señalando que “la transición tiene que ser total […] capaz de transformar las condiciones de vida de las comunidades”. Además, enfatizó que sin participación comunitaria, cualquier iniciativa será una imposición: “Si la transición no se hace con las comunidades, simplemente será una imposición”.
En el cierre, hizo un llamado a impulsar una transformación anclada en la esperanza y la resistencia: “Tenemos que resistir desde la indignación, pero también con alegría y esperanza”. Una reflexión que recoge el espíritu del encuentro: una transición que va más allá de lo energético y se sitúa en el plano ético, espiritual y comunitario.
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