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María Magdalena, discípula y apóstol: un conversatorio para redescubrir su figura desde la fe y la historia

Este 18 de julio, la Comisión Animadora de Mujeres en la Iglesia y en la Sociedad organizó un conversatorio sobre la figura de María Magdalena. El encuentro virtual tuvo como invitada a Gloria Ladislao, laica argentina, teóloga especializada en Sagrada Escritura, catequista y autora de varios libros sobre figuras bíblicas.

Vamos a compartir sobre la figura de María Magdalena, esta compañera de camino que en los últimos años venimos redescubriendo con nuevos ojos”, introdujo Ladislao, agradeciendo el espacio y saludando a quienes la seguían desde distintos países.

Desde el inicio, la expositora propuso una mirada bíblica, histórica y espiritual, desmitificando atribuciones erróneas y rescatando su papel de María Magdalena en el discipulado de Jesús.

Lectura fiel a los evangelios

La reflexión partió de los textos canónicos, donde María Magdalena aparece como una figura singular: “Está nombrada por un gentilicio, por su lugar de origen, algo común en los varones como Jesús de Nazaret o Saulo de Tarso, pero no en las mujeres. Esto ya nos llama la atención”, señaló Gloria.

En el Evangelio de Lucas (Lc 8,1-3), se menciona a María como parte del grupo de mujeres que acompañaban a Jesús en su itinerancia. “Asumen la característica itinerante de Jesús. Le ponemos como símbolo sus sandalias”, explicó. A la vez, señaló que estas mujeres “servían con lo que tenían”, utilizando el verbo griego diakoneo, el mismo que se aplica a Jesús. “Estamos ante una memoria de las primeras diaconisas de la comunidad”, dijo Ladislao.

Otro aspecto relevante fue la mención de su liberación: “De ella habían salido siete demonios. El número siete indica algo completo, una experiencia de sufrimiento profundo, de la cual Jesús la liberó. Por eso el símbolo que usamos son cadenas rotas”.

Testigo de la pasión y resurrección

María Magdalena aparece como testigo presencial de la crucifixión, la sepultura y la resurrección. En los cuatro evangelios se la menciona en estos momentos decisivos. “Quien ve, cumple una de las condiciones para testificar. La mirada de María no es pasiva, es contemplativa y testimonial”, explicó Ladislao, agregando que fue testigo cuando muchos discípulos habían huido.

María Magdalena está siempre nombrada en primer lugar en el grupo de mujeres. Si eso nos dice algo cuando hablamos de Pedro entre los apóstoles, también nos tiene que decir algo aquí”, afirmó.

La expositora insistió en que “ella fue enviada, fue apóstol en el sentido original del término: una enviada”.

Rompiendo mitos

“En ninguna parte de los evangelios se dice que María Magdalena haya sido prostituta ni adúltera. Esa asociación surge por confusiones con otras Marías y relatos”, aclaró Ladislao. En particular, señaló al Papa San Gregorio Magno como el primer autor que formalizó esta identificación errónea en el siglo VI.

No hubo interés en diferenciar los perfiles de las mujeres. Se hizo una ‘ensalada’ entre María Magdalena, María de Betania y la pecadora de Lucas 7”, explicó. Esta fusión borró la riqueza y diversidad de los modelos femeninos de discipulado que ofrecen los evangelios.

El conversatorio también repasó la memoria que las comunidades cristianas conservaron de María Magdalena a través de los evangelios apócrifos y gnósticos, así como en la literatura eclesiástica medieval. Se dijo, por ejemplo, el uso del término “discípula” en textos como el Evangelio de Pedro y su rol como testigo e interlocutora privilegiada en otros textos extracanonicos como el Evangelio de María.

“Durante la Edad Media, aunque ya circulaba la imagen de la prostituta, también convivía el reconocimiento de su rol como apóstola. Incluso se celebraba su misa como apóstol, algo que fue restaurado por el Papa Francisco”, añadió.

“María Magdalena nos habla de un Dios que nos quiere libres”

Al finalizar, Andrea Sánchez, moderadora del evento, preguntó a Ladislao qué dice Dios a través de María Magdalena. “Dios nos quiere libres”, respondió Ladislao, y agregó: “Ella pudo ser una mujer itinerante, discípula, testigo, servidora… en una sociedad donde eso no era permitido. La figura de María Magdalena me transmite esa libertad que viene del amor a Jesús y del servicio a la comunidad”.

El conversatorio culminó con una invitación a continuar recuperando figuras inspiradoras para el discipulado femenino: “Nos impulsa a nosotras las mujeres en esta etapa del sínodo a vivir con libertad, con iniciativa, a construir una Iglesia más inclusiva”, concluyó Sánchez.

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