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Iglesia abrió un nuevo capítulo misionero con influencers reunidos en Roma por el Jubileo

Durante el Jubileo de los misioneros digitales e influencers católicos celebrado del 28 al 29 de julio en Roma, se dejaron escuchar voces que traían profundidad y visión profética. Este evento que congregó a más de 1400 participantes de 146 países —entre ellos 1100 misioneros digitales— inició con una serie de reflexiones que marcaron el tono pastoral del encuentro.

Los primeros en intervenir fueron los gestores de este sueño del jubileo, inédito en la Iglesia universal que se realizó de manera presencial y virtual. En su orden tomaron la palabra: el cardenal Pietro Parolin, monseñor Rino Fisichella, el doctor Paolo Ruffini y monseñor Lucio Ruiz, quienes ofrecieron una lectura de los desafíos del entorno digital desde la fe y la misión de la Iglesia.

Más que redes: presencia, testimonio y humanidad

El cardenal Pietro Parolin, secretario de Estado de la Santa Sede, inauguró la jornada saludando a los participantes reunidos “en comunión” en Roma, resaltando que la verdadera misión digital no se trata de estrategias o técnicas, sino de presencia viva y auténtica. El purpurado advirtió que el mundo digital no es solo una herramienta, sino una forma de habitar el planeta, lo cual requiere una presencia evangelizadora encarnada, paciente y dialogante.

Enfatizó que el desafío no es simplemente llevar contenido eficaz, sino dar testimonio de una esperanza viva: “la de Cristo resucitado”. Además, afirmó que cada persona es “un rostro, no un perfil; una historia sagrada, no un conjunto de datos”, por lo que el estilo cristiano debe privilegiar la comunión frente al individualismo, y la verdad frente a lo que simplemente agrada. Hizo referencia que evangelizar en lo digital implica también redescubrir la belleza de pertenecer a Cristo y a su Iglesia, en medio de un espacio que puede resultar impersonal y fragmentado.

Evangelizar con el rostro de la esperanza

A continuación, intervino monseñor Rino Fisichella, prefecto del Dicasterio para la Evangelización y organizador del Jubileo 2025, explicó que este encuentro no fue casual: “se eligió con intención para inaugurar el jubileo de los jóvenes”. A los influencers y misioneros digitales reunidos les entregó la responsabilidad de narrar el jubileo con coherencia y fe, recordándoles que “la esperanza tiene un rostro y un nombre: Jesucristo”.

Fue enfático en señalar que no se puede evangelizar sin sentirse, a la vez, evangelizados. Insistió en la necesidad de ser instrumentos de la gracia, no protagonistas, y recuperar la dimensión del testimonio. “El mundo escucha a los testigos, no a los maestros, y si escucha a los maestros, es porque son testigos”. Instó a los misioneros digitales a no dejar de lado el silencio, este, agregó, sirve como camino hacia la escucha profunda en medio del ruido contemporáneo.

Discípulos misioneros en el tiempo digital

Desde el Dicasterio para la Comunicación, su prefecto Paolo Ruffini ofreció una reflexión profundamente pastoral y humana. Celebró el encuentro físico tras tantos vínculos nacidos en redes, y definió la Iglesia como “una red de personas, no de algoritmos”. Recordó que, en un mundo marcado por guerras, falsedades y división, lo que verdaderamente une a los misioneros digitales no es la tecnología, sino una llamada más profunda: “la fe en un solo Dios, que nos convierte en un solo pueblo”.

Ruffini mencionó el riesgo que se corre al adoptar lógicas de marketing en la misión de la Iglesia, y propuso hacer un examen de conciencia sobre el estilo con que comunicamos el Evangelio. Igualmente, mencionó que la comunidad cristiana no debe reducirse a un público ni a reacciones en una publicación, sino ser espacio de encuentro real, oración compartida y testimonio alegre. Advirtió que el aislamiento en lo digital es una enfermedad de la época y que el antídoto es vivir la misión con unidad, comunión y sentido.

Un nuevo capítulo en la historia misionera de la Iglesia

Le correspondió cerrar las intervenciones a monseñor Lucio Ruiz, secretario del Dicasterio de la Comunicación, quien llamó la atención a ser conscientes del llamado recibido. Recordó que la misión digital parte de la vida interior, del silencio con Dios, y del testimonio encarnado en la vida concreta. Tomando la figura de María como «la gran influencer de Dios», observó que la verdadera grandeza viene del Señor, y que sólo se puede anunciar si se vive lo anunciado.

Lucio propuso “samaritanear” como clave misionera: “estar atentos al dolor humano también en las redes, llevando consuelo y esperanza más allá de los contenidos”. Demarcó el gran valor del primer anuncio en el entorno digital, pero advirtió que se trata de una misión de todos los miembros de la Iglesia, no individual. Por eso llamó a los influencers a permanecer unidos a sus pastores y a toda la Iglesia. Concluyó su reflexión, invitando a vivir este tiempo como el inicio de una nueva página misionera: “Queridos influencers, como María, escriban este nuevo capítulo y lleven la esperanza del Señor hasta los confines de la tierra”.

 

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